Aquí lleva los pantalones Christina Rosenvinge

Christina Rosenvinge, anoche en el Cervantes./Francis Silva
Christina Rosenvinge, anoche en el Cervantes. / Francis Silva

La cantante cuaja un rotundo concierto en el Cervantes

Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

Quizá llega un momento en la vida en el que no necesitas alzar la voz para ser rotunda, en el que puedes cantar en un susurro: «Cuando el ansia se hizo furia en casa / la prendiste con alcohol / por seguir un verso que hace plata / se quemó tu corazón» y estar hablando de tu padre muerto con el que estuviste «muy enfadada» durante años. O coger por la solapa a tu príncipe azul para lanzarle: «Dónde estará mi Romeo / quiero hacer con él un trato: / si a las siete no se ha muerto, / a las ocho yo le mato». Porque aquí lleva los pantalones Christina Rosenvinge, que anoche cuajó un soberbio concierto en el Teatro Cervantes para presentar de nuevo en la ciudad los temas de 'El hombre rubio', su disco más reciente, en el que subvierte los géneros para interpretar muchos de sus temas desde el rol masculino.

Pantalones negros, con la mano metida en la cintura al modo de su admirado y llorado David Bowie, abriendo noche con 'Niña animal'. Guitarras potentes y sonidos duros para contrarrestar quizá la fría imagen de un patio de butacas que apenas cubría la mitad del aforo. Era el daño colateral de la coincidencia del concierto con el festival 'Oh, See!' y de los cinco meses escasos que han pasado desde que Rosenvinge tocara en la capital los temas de 'El hombre rubio', que ayer se intercalaron con algunas composiciones de 'Lo nuestro', su disco anterior.

La intérprete subvierte los géneros en los temas de 'El hombre rubio' que ayer volvió a desgranar en Málaga

Sonaron 'Berta multiplicada' y 'Romeo' antes de que Rosenvinge pidiera a los técnicos bajar un punto el volumen del micrófono. Porque no necesita decibelios para tomar como catalizador algo tan prosaico como las pruebas de paternidad de El Cordobés y llegar al intenso lirismo de 'Pesa la palabra' con su relato de un padre que no reconoce a su hijo. Brilló la banda en 'Mi vida bajo el agua' y 'La distancia adecuada' para dar paso a 'Romance de la plata'. «Casi nunca escribo una canción de un tirón, pero esta salió como si me la estuvieran dictando», compartió la cantante sobre la imponente pieza que dedica a la dificultosa relación con su padre y que alumbró justo la noche que se cumplían 26 años de su muerte.

Amigas a los coros

Quizá ningún tema como ese 'Romance de la plata' destile la esencia de la senda tomada por Rosenvinge en sus trabajos más recientes. Tres décadas contemplan a una cantante nacida como icono juvenil, crecida como estrella pop, transformada en roquera cabal y ahora cuajada en «crooner» más allá de los géneros para mantenerse como referencia indispensable de la música popular en español desde los estertores de la Movida hasta la fecha. Y así, ahora, Rosenvinge se muestra fuerte en el falsete, inquebrantable en el yugo de la rima consonante y libre para hacer lo que le salga de los pantalones.

Marcó ese romance dedicado al padre muerto el ecuador de un concierto que fue de menos a más. Subieron luego al escenario sus amigas Miren Iza (Tulsa) y Ana Molina Hita (Hola a todo el mundo) para cantar primero ese himno descreído en el que se ha convertido 'Oda al amor efímero' con Rosenvinge al teclado. Todas con pantalones. Porque hace falta tener un par de pantalones para llegar a esa conclusión: «Hay que saber decir adiós al amor, porque cuando uno se vacía los bolsillos, se vuelven a llenar».

Así presentaba 'Ana y los pájaros' con Miren y Ana a los coros también en 'Alguien tendrá la culpa', 'La flor entre la vía', 'La muy puta' y 'La tejedora'. El primer bis fue para 'La piedra angular' («mi canción de 'crooner'») y sacó a bailar un vals al poeta Ben Clark. Ella marcaba el paso, por supuesto. 'Absoluta nada' dio pie a un tema imprevisto en la 'playlist'. Un 'hit' en el recital de una cantante que no suele volver a ellos. Y sonó 'Dile a papá' casi como un exorcismo. Como si Rosenvinge hubiese echo las paces con su pasado. Como si, en su carrera, ella llevase los pantalones.

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