Ladilla Rusa: liarla parda

Ladilla Rusa: liarla parda

El grupo de electropop agotó todas las entradas en la Cochera Cabaret y ofrecieron una fiesta en la que reinó el hedonismo y un radical sentido del humor

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

Ladilla Rusa, grupo formado por los periodistas Víctor Fernández y Tania Lozano y con Ignacio Miranda en la producción musical, abarrotó anoche la Cochera Cabaret en una gira promovida por el circuito 'Girando por salas', ofreciendo un espectáculo divertido y desprejuiciado que resultó animadísimo no sólo por lo que pasaba en el escenario, sino por el ambiente del público de la sala: pelucas, boas de plumas, caretas, camisetas con slogan, gente madura pero que no se ha olvidado cómo divertirse, un niño de 11 años en primera fila que lo dio todo y, según vimos luego, un montón de objetos encontrados a los que aluden las canciones locas que forman parte de su primer trabajo, 'Estado del malestar', y que fue desgranado al completo en esta velada.

La Cochera se convirtió en un espacio de disidencia en el que nos olvidamos los casi 45 minutos que tardó en salir al escenario este dúo formado en Barcelona y que ha entrado en la escena gracias a canciones geniales y coreadísimas anoche, como 'Macaulay Culkin' que vino por partida doble, 'Bebo (de bar en peor)' o la absolutamente maravillosa 'Kitt y los coches del pasado'. Le cantan a la corrupción, al feminismo, a Rafaella Carrá, a los ídolos muertos (fabuloso el momento misa en 'Criando malvas') o a una tienda de todo a 100 de Torremolinos, concretamente de La Colina, llamada 'Chucherías Mari' (un poco de to) que fue dedicada a un miembro malagueño de Hazte Lapón, allí presente. Casi cada canción de Ladilla Rusa es un canto al alcoholismo decidido, y hasta hubo tiempo para hacer un homenaje a uno de los momentos más locos de la televisión, que fue el protagonizado por El Cigala con ese «¿lo harás? ¡Atrás!» para el que los Ladilla repartieron pañuelos y crearon una 'performance' comunitaria que fue en realidad una constante durante todo el concierto.

«Recordad que no hace falta divertirse para beber», «nosotros somos más de bar que de montaña», «no me hagáis fotos bebiendo agua, que luego la gente habla», «nos caracterizamos por hacer cosas que no sabemos hacer» fueron algunos de los comentarios que disparaban entre canciones ante una audiencia entregadísima. En el camerino les dejaron una bolsa de aceitunas, un cassete de El Junco, un paquete de Celtas, un cartón de colonia Brumel o un ambientador de pino que terminó colgando del micrófono. En el universo que ha creado para nuestro disfrute Ladilla Rusa, el coche fantástico no pasa la ITV, la laca Nelly es un arma de destrucción masiva y el público salta al escenario para bailar una jota. Se trata de este estilo de pop heredero de Chico y Chica y relacionado con Las Bistecs, Ojete Calor y, en otro nivel, la España cañí y el petardeo de extrarradio. Frente a la seriedad que suele gobernar el 'indie', vivan los grupos desprejuiciados y diseñados para lo verdaderamente importante en esta vida, que es pasárselo bien.