El Kanka: «Si soy idiota ahora, imagínate a los 18»

El Kanka: «Si soy idiota ahora, imagínate a los 18»
Diego Berro

Con la locura de un niño y la profesionalidad de un hombre, es uno de los cantautores de referencia en el panorama nacional. Confiesa que nunca acaba lo que empieza y que siempre invita a los suyos después de un concierto

MARINA RIVAS

Su vida ha sido un bendito caos, nunca mejor dicho. Y es que el reconocido cantautor malagueño ha hecho de todo y nunca ha terminado nada. Y siembre, con una sonrisa por bandera. Creó su primer grupo a partir de su usuario de Messenger, dio clases de guitarra en una escuela religiosa, aun sin haber pisado una iglesia en su vida y ha pasado por escenarios tan dispares como teterías o la academia de Operación Triunfo 2017. Que nadie le quite la ilusión, que a él le sobran los motivos para seguir creando caminos para vivir de lo que quiere: la música.

Imagino que lo de Kanka era necesario, porque Juan como nombre artístico…

–Claro, Juan de nombre y Gómez de apellido… Eso era como llamarse John Smith… Todo el mundo me llamaba Kanka desde chico y ya me quedé con eso.

–¿Qué otras opciones de nombre surgieron?

–Tampoco me rallo mucho con eso. Cuando tenía la banda de Doctor Desastre, el nombre era mi 'nick' del Messenger, fíjate tú.

Leyendo su biografía en Wikipedia, pone que tiene influencias de Jorge Drexler, La Cabra Mecánica, Madonna… ¿Madonna?

–Qué risa, me enteré hace un par de meses. Ya sabes cómo va la Wikipedia, tú puedes entrar mañana y poner que soy el Arcipreste de Hita. ¡Qué arte tiene la gente! Ya que lo han puesto, no lo voy a quitar.

Lo que también me sorprende pero sí que es real es que dio clases de guitarra en un colegio de curas, ¿Cómo fue aquello?

–Sí, me fui a Madrid con una beca a estudiar Filosofía, no había buscado trabajo hasta entonces y me lo propusieron y dije: «Bueno, a ver…»

No es muy creyente que se diga…

–Qué va, yo soy agnóstico tirando a ateo, pero lo respeto todo. De hecho, el Padre Benigno, mi jefe directo, era un tío muy salao. Por mis pintas de aquella época se imaginaría que no iba a misa los domingos, pero nos respetábamos. Los niños a veces me preguntaban si creía y yo me reía y les decía que no. Fue bonito y duro, 20 niños con una guitarra cada uno es un campo de batalla.

En ese momento se replanteó su futura paternidad, ¿no?

–En el momento sí que lo piensas, ya luego es pasajero (ríe).

–¿Y concluyó al final la carrera de Filosofía?

–No he terminado absolutamente nada en mi vida (ríe). Si soy idiota ahora, imagínate a los 18. Me metí en Económicas, no me gustó. Me metí en Filosofía porque me pegaba más por mis inquietudes, pero ya hacía 4-5 conciertos y se me iba Descartes, Platón y todo el mundo de la cabeza.

–¿Por aquel entonces ya hacía conciertos?

–Sí, alguna tetería, luego algunos ayuntamientos nos iban contratando… Tenía un mes bueno con la banda y ya me obsesionaba tanto que me dejaba exámenes sin hacer... Se me iba un poco la olla cuando hacía lo que me apasionaba, la música.

Con esa cabeza loca del momento, como dice, el sueldo de los conciertos se iría rápido…

–Y ahora también (ríe). Soy un poco desastre. Mi padre, que es economista, me dice que debo cuidar mejor mis cuentas. No tengo grandes caprichos, pero si salgo por ahí a cenar con un amigo, yo invito. Un equilibrio mínimo sí que tengo, pero venimos a esta vida un ratillo y el dinero no es para tenerlo ahí muerto de risa en el banco.

A día de hoy, ¿tiene más de niño o de adulto?

–Estoy en el camino a la adultez. No soy inmaduro, pero porque creo que los que hacemos algo más creativo no debemos perder nunca algo de niño.

Pasada la etapa universitaria, cuando empezó a coger fama, ¿recuerda la primera vez que le pararon por la calle?

–Pues no, pero lo que sí es verdad es que me paran bastante últimamente.

En parte, ¿quizá por culpa del 'boom' de OT y de que Amaia (la ganadora) cantase sus canciones en la academia?

–Sí que lo he notado; no ha sido un antes y un después, pero cuando fui, me empezaron a subir muchos seguidores en las redes, como 500 personas por red en un solo día. Y la canción que ella cantó, 'Lo mal que estoy', han subido las reproducciones.

–¿Ya ha hablado con ella?

–Me escribió un día por Instagram y tiene pinta de ser majísima, le dije que a ver si nos conocíamos ya. Tiene mucho talento y es carismática. Lo de OT fue un caso especial, ella que era favorita, que cae muy bien, se puso a cantar mis canciones y otras menos comerciales. Yo nunca hubiera estado en la lista de artistas a invitar al programa si no fuera por ella, ha sido un caso aparte. Cuando me conoció Noemí Galera, me dijo: «Hombre, el gran desconocido».

Cuando va de gira, siempre lleva Málaga por bandera, ¿Qué diría que le falta a la ciudad?

–Por lo que me toca, diría que faltan sitios para los artistas que están empezando. Me da la sensación de que no lo ponen muy fácil y, muchas veces, los futuros músicos salen de ahí.

–¿Y qué le sobra?

–Nada, para mi es la mejor ciudad del mundo.

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