Jamie Cullum saca a bailar al Starlite

El músico británico ofreció un recital en contra de todos los tópicos y se rebeló para firmar una noche adrenalínica

ALEJANDRO DÍAZ

Con puntualidad británica, Jamie Cullum saltó al escenario de Starlite para ofrecer el que a la postre sería una de las mejores actuaciones de lo que va de verano en el auditorio marbellí. Eran las diez de la noche y una bruma estival difuminaba una luna decreciente pero casi llena que serviría de metáfora para describir el aforo del recinto.

«¡Vamos a tener una noche de fiesta! ¡Buenas noches, Marbella!», gritó Jamie Cullum nada más saltar a un escenario copado por una banda espectacular. Apenas unos segundos después de sentarse al piano, el artista británico ya estaba bailando, saltando, encaramándose al propio piano. Pero la conexión con el público no era total. Por eso, insistió: «¿Cómo estáis, Marbella?».

Josele -

Como en una de esas bases circulares de jazz, el espectáculo de Jamie Cullum se repetía, para bien: la combinación de ritmos se intercalaba con improvisaciones donde el piano llevaba el timón y el resto de la banda proponía una explosión de sonidos.

Trompetas, flautas, batería, timbales, coros al estilo gospel, bajo, guitarra eléctrica y el vertiginoso piano de Jamie Cullum fueron desgranando una propuesta que se alejaba cada vez más de la etiqueta de chico bueno y melancólico que a veces puede confundir de inicio a quien no conozca a Jamie Cullum, quien a los veinte minutos ya se había quitado la chaqueta.

Tras una balada al piano con el coro y la mitad de la banda, el público continuaba sentado. Y ese fue 'El momento'. El escenario volvió a llenarse y comenzó a sonar el clásico 'Just a giolo', con el que Jamie Cullum sacó a bailar, literalmente, a la platea del Starlite.

El músico británico saltó del escenario y se inmiscuyó entre unos espectadores a los que fue invitando a bailar uno a uno. Ahora sí: todos en pie. Ni un alma en el Starlite se resistió a permanecer sentada. Yalgo bien estaba haciendo Jamie Cullum, porque el público ya no volvería a sentarse en la más de hora y cuarto que aguardaba.

Las improvisaciones se sucedieron: distorsiones, ritmos de blues, de jazz, de soul, de funky, de be pop y mucho movimiento de caderas. El menudo Jamie Cullum se hizo un gigante y ganó la partida. «¡Un, dos, tres y cuatro!», advertía el británico de las veces que iba a iniciar y completar una improvisación con toda la banda que terminó con los espectadores sudando adrenalina y el propio Cullum arrodillado ante el piano.

Jamie Cullum firmó un recital canónico. Ala hora y media en punto hizo el amago de irse. Volvió para los bises: ahora camisa fuera. Solo quedaban la camiseta, y más baile, y que el ritmo no parase. Tiempo para una nueva ronda de darlo todo. Hasta que el artista británico convirtió el Starlite en un piano club;en uno de esos donde se curtió cuando aún no era famoso y se ganaba la vida en la mejor escuela para un músico.