Cuando la felicidad está en tocar en la calle

Manuel Torres se presenta este sábado como León Torres en el Velvet./
Manuel Torres se presenta este sábado como León Torres en el Velvet.

Fue mánager de Coti, responsable de la Sala París 15 y promotor de conciertos. Tras una dura etapa personal, Manuel Torres da un giro a su vida y renace con su música

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

Era el mánager de Coti cuando arrasaba con 'Nada de esto fue un error', fue tour mánager de Hevia en giras internacionales, después se colocaría al frente de la Sala París 15 y más adelante produciría discos de bandas malagueñas punteras como La Cena y Jammin'Dose. En la industria de la música lo ha sido «todo»: promotor musical, coordinador de festivales y hasta jefe de producción de un concierto de Bruce Springsteen. Respondía entonces al nombre de Manuel Torres. Varios años y algunos disgustos más tarde, ya no es el mismo tipo. Hoy se hace llamar León Torres y, si antes vivía preocupado por el dinero y el trabajo, ahora le basta con salir a la calle con la guitarra y la armónica para ser feliz. Del éxito profesional, dice, ha pasado al éxito personal. El malagueño presenta su renacer este sábado en el Velvet (21.30 h.), un adelanto de un disco «honesto» que verá la luz en octubre: 'Mi perro negro'.

«Lo grabé por no suicidarme y darle salida a todo lo que sentía», confiesa Torres.Un divorcio y la muerte repentina de su socio en la París 15 le hicieron entrar en una espiral de autodestrucción. «La cagué en lo personal hasta más allá de lo razonable», admite. Siguió un tiempo en la industria, pero algo en él ya no funcionaba. «Estaba quemado, cansado de la vida...», añade. Entró en una profunda depresión y lo dejó todo. En el «peor momento de su vida», con los 40 años ya cumplidos, dio forma a esta colección de canciones sinceras, crudas y dolorosas a modo de catarsis, como un «pañuelo mojadito de lágrimas».

Son temas curtidos en las calles de Madrid, Granada y, sobre todo, Jaén, donde se ganó la vida con la música callejera durante cinco meses. «Lo hice como opción de vida, pasaba de currar para nadie y para nada. Solo quería cantar», asegura. Y allí, actuando para los desconocidos que se cruzan por delante, encontró la libertad y la felicidad. «Me lo he pasado genial, porque no he tenido responsabilidades ni jefes ni novias. He estado viviendo el presente todo el rato», afirma. La experiencia «engancha» hasta el punto de que el 24 de junio tiene previsto volver a irse una temporada a la calle. «Me lo tomo como un ensayo, haciendo músculo para cuando salga el disco».

Estos días ha regresado a la casa familiar, a Coín, para preparar con calma –sin las distracciones de la vida callejera– sus conciertos de presentación. Porque ahora, ya curado de todo y seguro de sí mismo, comienza la aventura de enseñar sus creaciones en una sala. «Me siento bien he vuelto a mi terreno. Aceptaré de nuevo el riesgo», canta en el inicio de 'Me siento bien', el primer tema del disco 'Mi perro negro', título que hace referencia a una expresión que usaba Winston Churchill para referirse a sus depresiones y ansiedades.

Este no es su primer proyecto musical. Debutó con el punk-rock de Los Cardos en Coín y, tras una estancia en Madrid, regresó como El Dueño del Balón en 2008. «Me ponían en los 40 y me reconocían las chicas de las gasolineras», dice entre risas. Pero esta sí es, sin duda, su propuesta más visceral. «Cualquiera me podrá decir que le gusta o que no, pero nadie me puede negar que es un disco muy honesto que sale desde las tripas. Es lo que siempre quise hacer, pero no tenía ni los conocimientos ni la experiencia».

Para hacerlo, se ha rodeado de profesionales y amigos como La Shica, quien le animó a salir del agujero con la música. «Es como mi madrina», asegura. A la batería está Coki Giménez (MClan, Chambao, Danza Invisible, Amaral) y Gerard Mases 'Lere' pone el contrabajo (Muchachito Bombo Infierno, Dry Martina, Red Rombo). Para las guitarras eléctricas buscó un sonido especial, «hiriente» como las letras. Y se lo proporcionó Pedro Peinado fabricando unas especie de 'cigar box' con latas de cinco litros de aceite. «Montamos guitarras de cuatro cuerdas con afinaciones abiertas como en el blues americano y como hacían los negros que no tenían un duro para sus instrumentos», explica León Torres. Él se encargó de las acústicas, las armónicas y la voz de temas compuestos y producidos por él mismo. Siempre ha vivido la vida «muy intensamente» y ahora, aunque con otro ritmo, no iba a ser menos.