Costa, el Caravaggio del rap

Costa, durante su concierto en La Trinchera/Sebastián Artega
Costa, durante su concierto en La Trinchera / Sebastián Artega

La Trinchera recibió anoche a uno de los raperos más controvertidos y originales del hip-hop nacional, adelantando Halloween a los más sedientos de sangre, y por tanto, de vida

SEBASTIÁN ARTEAGA

«Soy el amor que ya se ha roto. Soy la sombra de un cuadro barroco. Soy metamorfosis, la heroína en sobredosis y el cuchillo de Psicosis.» Así se define Costa en 'Diablo', tema presente en 'Maldito', su último trabajo hasta la fecha. Y es que, lejos de lo que pueda parecer, a veces el propio artista posee la extraordinaria capacidad de conocerse a uno mismo. «Es lo que tiene, hermanos, toda la vida luchando, haciendo cosas raras», comenta descamisado, completamente tatuado y sudoroso, (casi) desnudo ante el público de La Trinchera. Y es que por más que haya sangrado, Hugo nunca muere.

Acompañado por El Alquimista y Lawer Chacal, anoche Costa se rajó las venas para sus seguidores; como Alice Cooper, Ozzy Osbourne, Marilyn Manson o Arthur Rimbaud. Porque la polémica, la provocación y la estética del 'shock' es algo que ambos artistas mantienen en común. Machista, heterosexista, violento o vulgar son solo algunos de los estigmas con los que Costa ha tenido que aprender a cargar, cual Sísifo portando la gran roca sobre sus espaldas. Mas en lugar de poner la otra mejilla, Costa utiliza la música para responder a las críticas como Perseo contra Medusa, es decir, arrancando el problema de raíz.

Expresionismo puro y duro

Como si del mismísimo Nosferatu de Murnau se tratara, Costa sedujo, mordió y envolvió de oscuridad a la audiencia del refugio sonoro, destapando el ataúd de sus grandes éxitos cual caja de Pandora. El escenario, deliciosamente iluminado en tonos rojos y demás colores cálidos, hacían que los verdugos de la noche lucieran a contraluz buena parte del show, creando una atmósfera pictórica, teatral y cinematográfica. Puro realismo mágico.

'Christian Dior', 'Je suis Ali' o el nihilista e infernal 'Periquito' sonaron con la contundencia de un zigurat. ¿El público? En ningún momento dejó de corear todas las letras de las canciones. Por cierto, de entre los asistentes, fue digno de destacar el sector femenino, el cual bailaba y disfrutaba de la velada sin ningún tipo de cortapisas ni prejuicio. Vaya, la bestia parece ser mucho más feminista de lo que muchos piensan.

Hay vampiros en La Habana

Rap, folk, 'hardcore', electrónica. Sí, pero también lambada, cumbia, mambo, salsa. Olvidemos pues por un momento la metrópolis y centremos los sentidos en la propia naturaleza. En los bananeros, en el agua de coco o en la flora y fauna de, por ejemplo, Panamá. En la Pachamama, en La Madre, en la abundancia de 'Mi Yemayá'.

Costa y Chacal no solo fueron oscuridad, sino también luz. De este último, 'Mi historia' sirvió para reflexionar y valorar sobre ese inmenso océano que es el paso del tiempo, cuya guadaña no entiende de clases sociales ni de edad, quedando 'Demonios y bares de viejos' como prueba. Y si hablamos de luz, no hay palabras para describir lo que Costa consiguió con 'Inmortal', una auténtica puñalada al pasado, a los miedos, a la culpa. Catarsis y honestidad pura compartida bajo el escenario con todos los seguidores del madrileño, quienes cantaban con él abrazándolo como koalas, cogiéndole la mano o inmortalizando el momento -nunca mejor dicho- con una fotografía. Sangre, sudor y lágrimas de jóvenes salvajes. Máxima realidad, cero 'Ficción'.

Al finalizar el concierto, el inmortal que vive colgado tuvo el detallazo de dedicarle a cada asistente unos minutos con quienes hablar y guardar un imborrable recuerdo de la noche. Con exquisito trato pero sin ningún truco, Halloween llegó antes de lo previsto, sin avisar. Desde aquí, un brindis para todos los lunáticos que brindan por los muertos. Es decir, por la vida.

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