El Clarence reabre en Torremolinos como el mayor club de jazz de España

Uno de los rincones del nuevo Clarence Jazz Club./
Uno de los rincones del nuevo Clarence Jazz Club.

Eli Degibri, Miguel Zenón y Madeline Bell inauguran el nuevo refugio del jazz en la provincia, con dos plantas y una sala de conciertos para 500 personas

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

Hay quien ante una crisis sabe ver las oportunidades. Como el Clarence Jazz Club. El pasado septiembre, el último superviviente del jazz en vivo en Málaga anunciaba el cierre en la calle Cañón al no llegar a un acuerdo con el propietario para renovar el alquiler. Dejaba atrás cinco años, más de mil conciertos, casi 400 socios y un escenario por el que ha pasado toda la escena local y grandes nombres del circuito nacional. Ya entonces Javier Salinas, su responsable, mantenía la puerta abierta a continuar con el proyecto, «pero tendría que ser fuera del Centro», avisaba. Ocho meses después Clarence Jazz Club reaparece, esta vez en Torremolinos (calle Danza Invisible, 8) y con un aforo que multiplica por cinco el anterior. «También la inversión y la apuesta», apostilla.

Clarence Jazz Club reabre este mes como el club más grande de España, con 800 metros cuadrados distribuidos en dos plantas que le permiten ampliar la oferta. «Todas las carencias que me encontré en el local de Málaga las estoy supliendo aquí», confirma el gerente, que ha sumado a su proyecto el patrocinio de cervezas 1906.Precisamente, el Ciclo 1906 fue el encargado de inaugurar el local «con llenazo» el pasado viernes con la actuación del afamado pianista Chano Domínguez. Una propuesta musical que subirá a ese mismo escenario al saxofonista Miguel Zenón (7 de junio) y al multiinstrumentalista Diego Amador (15 de junio).

Barra principal del nuevo Clarence.
Barra principal del nuevo Clarence.

Hasta mediados de junio, el Clarence no estará a pleno rendimiento, aún faltan detalles para activar toda la maquinaria, pero ya hay varias citas en la agenda y, sobre todo, un proyecto definido. Tras casi siete meses de reformas para transformar la antigua discoteca en un refugio del jazz, el nuevo local cuenta con dos espacios diferenciados. En la parte de arriba está el 'minijazz club', una zona de acceso libre, abierta de martes a domingo y con amenización de bandas en directo. La planta de abajo se reserva al 'big jazz club', la sala de conciertos principal, con aforo para 500 personas de pie, la mitad si es en formato club con sillas y mesas. «Nos permitirá llegar a las grandes estrellas, algo que antes, con capacidad para menos de cien personas, era impensable», analiza Salinas.Además, les da la posibilidad de tener al mismo tiempo clientes tomando una copa arriba mientras otros disfrutan –previa entrada– de un concierto abajo.

Programación

La idea inicial es programar actuaciones de jueves a sábado, contar con amenización al piano los domingos y con jam sessions los miércoles. Siempre con una especial atención a los músicos locales. «Son nuestra base y nuestro principal apoyo. En septiembre cerramos con una jam session de ellos y con otra inauguramos esta nueva etapa el sábado», afirma. Pero hay más. Este jueves 30 de mayo actuará el saxofonista y compositor israelí Eli Degibri en formato cuarteto, el 22 de junio se escuchará la voz de Madeline Bell y 29 de junio subirá al escenario Juan Corbalán Quartet.

Es la misma filosofía del Clarence original, pero ampliada y en otra ubicación. «Era inevitable. La burbuja que hay en el centro de Málaga hacía imposible que nos quedáramos allí, es una pena», añade. En Torremolinos, en la calle Danza Invisible 8, han encontrado un espacio con un precio «aceptable» y buenas comunicaciones, a escasos metros del Cercanías y de la parada de autobús. Además, consciente de lo complicado que resulta movilizar al público fuera de los circuitos habituales, llegarán a acuerdos con un párking próximo y con una empresa privada de transporte para facilitar los traslados al club.

Sin saberlo, el nuevo Clarence recupera una tradición de jazz en la Costa perdida hace años, una afición por la música de la improvisación que situó a Torremolinos como «uno de los primeros sitios donde se hizo jazz en los años 50». Todo pasa por algo.