La cita más 'clásica' del verano con Concerto Málaga

Concerto Málaga reunió a los suyos en el Colegio de Médicos para cerrar el ciclo 'Las Cuatro Estaciones'. /Fernando Torres
Concerto Málaga reunió a los suyos en el Colegio de Médicos para cerrar el ciclo 'Las Cuatro Estaciones'. / Fernando Torres

La formación hace un alto en su camino internacional para reunirse con los suyos en la tradicional velada del Colegio de Médicos

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

No hace tanto calor como podría. El entorno del Colegio Oficial de Médicos de Málaga se va llenando, poco a poco, de coches y taxis. La llamada estival de Concerto Málaga, los veteranos de la música de cámara internacional, nunca falla. Concluyendo su ciclo 'Las Cuatro Estaciones', este conjunto hace una parada para reunir a los suyos en este salón de actos, cuya bóveda es además su casa oficial. El programa de la noche de este domingo, dedicado a SUR, venía precedido por el título 'Músicas de Iberia', un repertorio desafiante para estos doce músicos de cámara, protagonistas de una de las citas más clásicas del verano malagueño.

Como es habitual, antes de ocupar sus asientos, los asistentes se saludan en los jardines del recinto. Viejos conocidos y nuevos seguidores comparten impresiones del repertorio y expectativas de la noche que está por venir. La magia de Concerto Málaga reside en que, además de recorrer medio mundo como embajadores del género, son profetas en su tierra. Por eso en cada una de sus citas en la provincia hay público que se estrena, como Ana y Gabriel , dos de los presentes más jóvenes. Ambos son fisioterapeutas, pero él también se dedica a la música (estudió el grado profesional de piano), y por eso conoce a uno de los integrantes de Concerto Málaga, que le invitó a asistir. «Ya llevaba tiempo queriendo venir a verlos en directo», explica. «Además, en algún momento querremos fusionar la fisioterapia y la música clásica, así que también venimos a coger ideas», añade ella.

Un poco más cerca de la puerta, Carmen, Pablo, Asunción y Alejandro apuran los minutos antes de que empiece la función. Carmen y Pablo llevan «años» siguiendo al conjunto –que lleva más de dos décadas sobre el escenario–. «Siempre que están por Málaga vamos a verlos, no se nos escapa una». Asunción y Alejandro, sin embargo, nunca habían podido ir a un directo de Concerto Málaga. «Nos lo habían recomendado varias veces y hoy nos hemos animado», comentan.

Los cuatro amigos se adentran en la sede del colegio, pero se detienen a contemplar la exposición de pinturas de Juan Pinilla, con aproximaciones dibujadas al mundo del toreo. Ya en el interior del auditorio embovedado se ratifican los saludos. Entre apretones de manos y besos apresurados, los asistentes toman asiento para levantarse a los pocos segundos. Los protagonistas de la noche ocupan sus puestos tras recibir en pie los aplausos del respetable, ya entregado desde antes de que sonase una sola nota.

El primer regalo de la noche fue la 'Obertura en Re Mayor' de Manuel Campillos, tres tramos –dos allegros conectados por un grave intermedio–, ejecutados con la sincronía habitual del conjunto (marca de la casa Concerto Málaga). En el grave, el clave cobra una especial importancia en la parte rítmica, llevada con reposo y temple. Al término de la pieza, de nuevo el auditorio se batió en palmas que los músicos recibieron poniéndose en pie.

Otro de los elementos que fraguan la magia de Concerto Málaga sobre el escenario es la dirección del concertino José Manuel Gil de Gálvez. Desde su butaca en el extremo izquierdo del semicírculo, el violinista es capaz de mover a sus compañeros con la respiración. El movimiento de su cuerpo es un indicador de la emoción que lleva en cada momento la pieza que interpretan, llegando a pasar largos ratos con uno de los dos pies flotando a varios centímetros del suelo, como en equilibrio entre su ímpetu y el del resto del conjunto.

La noche continuó con el 'Nocturno de Vistas al Mar, evocaciones poéticas', de Eduard Toldrá. En esta obra, una emocionante subida constante repleta de tensiones, los músicos demostraron una vez más que la música de cámara vive y vivirá mientras estén ellos para defenderla. De Mozart pasaron a Joaquín Turina y a Joaquim Matas, para acabar con uno de los autores fetiche del conjunto, Manuel de Falla, pasando por su incondicional Isaac Albéniz.