Ciro Tamayo, un bailarín malagueño de altos vuelos

Ciro Tamayo, en uno de sus saltos./Santiago Barreiro
Ciro Tamayo, en uno de sus saltos. / Santiago Barreiro

Julio Bocca le fichó para el Ballet Nacional de Uruguay, que hoy dirige Igor Yebra, donde es primera figura desde hace cuatro años

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

«Mi lugar acá me lo gané con creces». Casi siete años en la compañía, cuatro de ellos como primera figura, dan argumentos a Ciro Tamayo para hablar con esa seguridad. El malagueño atiende al teléfono en su día de descanso, en plena temporada del Ballet Nacional del Sodre de Uruguay que estos días representa 'La viuda alegre'. Con 24 años no es capaz de recordar la cantidad de roles que ha representado con la compañía que ahora dirige Igor Yebra y que en su día comandó Julio Bocca, el bailarín que le echó el ojo tras verle competir en un certamen internacional de danza cuando aún era un adolescente. Ahora Ciro Tamayo es un bailarín que se ha hecho un nombre dentro y fuera de Uruguay: hace unos meses fue invitado por el English National Ballet para actuar en 'La Sylphide', en el London Coliseum.

No cierra la puerta a Europa, pero no tiene «urgencia» por que eso suceda. «Estoy sin esperar nada, sin una aspiración concreta. Todo sucede cuando tiene que suceder. Ahora estoy en un momento lindo en Uruguay», asegura. España, en cualquier caso, no entra en sus planes. «No creo que todavía existan las oportunidades que el ballet se merece en España, con tanto talento desperdigado, y que permitieran a muchos bailarines volver con orgullo», argumenta.

Destaca por sus saltos imposibles y su capacidad actoral, cualidades que han llamado la atención del National Ballet de Londres donde ha bailado como artista invitado

Sin buscarlo, por ejemplo, le llegó la llamada del English National Ballet que ahora dirige la también española Tamara Rojo. Es el primer bailarín del Sodre al que invitan –y dos veces– como primer bailarín en una compañía europea. «Y fue un subidón gigante. Es lo que tiene crecer en una compañía 'chica'. Jamás habría llegado a ser primer bailarín en Londres, y sin embargo me llamaron a mí para que fuera a bailar allí una temporada como invitado. Ese tipo de oportunidades vienen de la nada y cuando llegan es maravilloso», resalta.

El protagonista

Nacimiento
Málaga, 1993.
Formación
En el Ateneo de Música y Danza de Málaga, el Conservatorio Profesional de Danza de Málaga, el Real Conservatorio Profesional Mariemma de Madrid y el Royal Ballet School de Londres.
Trayectoria
En 2011 Julio Bocca le ficha para el Ballet Nacional del Sodre de Uruguay, donde asciende a primer bailarín en 2014. Hasta hoy.

Tanto tiempo al otro lado del charco le han hecho madurar antes de tiempo y le han dado un acento uruguayo que le hace pasar por natural de aquellas tierras. Pero Tamayo es de la zona de Olletas, su primera formación la recibió en el Ateneo de Música y Danza y estudió en las aulas del Cerrado de Calderón, el Lex Flavia Malacitana y el instituto Mayorazgo antes de dar el salto a Madrid. «Si hay algo que extraño es la comida», reconoce entre risas.Por suerte estos días le visita su madre, y eso le hará recordar algunos sabores de casa.

Ciro Tamayo vuela alto en su carrera y también en su propio baile. Sus saltos imposibles se han convertido en su principal seña de identidad. «Se me da bien, es mi fuerte técnico. Muchos me preguntan cómo lo hago. Y no lo sé, es un poco de genética, de técnica, de haberlo estudiado... No tengo una receta secreta», explica. Y elevarse muchos palmos del suelo está bien, pero para Ciro no es lo principal. «Hago mucho hincapié en la actuacion. Los ballets clásicos tienen historia y muchos cuentan tragedias, argumentos muy dramáticos que tienes que transmitir al público y no vale con poner carita de pena. Tienes que estar destrozado. Me encanta estudiar cómo reacciona el público y qué gestos hacer para transmitir, es lo que más me llena», asegura. Para él, la capacidad de emocionar está por encima de la técnica.

Un 'click' tras una lesión

Porque, además, desde que hace casi tres años sufriera la primera lesión de su carrera, algo hizo 'click' en su cabeza y trabaja de manera diferente con el cuerpo. Después de bailar 'Giselle' en 2015 comenzó a dolerle el pie, una molestia que fue creciendo poco a poco hasta derivar en una operación en Buenos Aires (que él mismo tuvo que sufragar). Pero había algo más detrás, un nivel de exigencia que le llevó al límite. «Estaba pasando por un momento duro, una transición, y necesitaba parar. Mi cabeza estaba para cualquier lado. Necesitaba una pausa y eso el cuerpo me lo tomó en serio», explica.

«Todavía no existen las oportunidades que el ballet se merece en España, con tanto talento desperdigado»

Seis meses transcurrieron sin que pudiera bailar, pero cuando estuvo listo, Julio Bocca le volvió a dar su sitio. «Siempre hay gente que quiere llegar a donde estas tú. Lo tienes que pelear y demostrar que lo vales, pero yo estoy seguro de lo que hago y de mi trabajo, y eso el público lo recibe», asegura el malagueño.

Regresó con ganas y con la lección aprendida:«Me di cuenta de que mi trabajo depende de mi cuerpo y mi cuerpo es solo uno. Esa herramienta de trabajo la tengo que cuidar». Reconoce que cuando uno empieza en esto no hay un límite y hasta cuando duele, se repite de nuevo el ejercicio una y otra vez. Ya no se calla y si siente dolor, para. «Porque si te rompes, no hay un reemplazo», sentencia.

 

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