Carlos Nuñez, un druida en el Teatro Cervantes

Carlos Núñez, y su hermano, anoche en el Cervantes. /FÉLIX PALACIOS
Carlos Núñez, y su hermano, anoche en el Cervantes. / FÉLIX PALACIOS

Contagia el espíritu celta con un didáctico y ameno viaje musical cargado de momentos singulares

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

Sucede poco a poco, sin apenas darte cuenta; pero hora y media después del primer toque de gaita el espíritu de los antiguos bardos te posee sin remedio. Todo un Teatro Cervantes se reconoció ayer celta. Como un druida del siglo XXI, Carlos Núñez hechizó al auditorio con los sonidos de esa cultura ancestral en un viaje musical y emocional que fue desde las melodías de la corte del rey Arturo hasta The Who, pasando por las cantigas de Alfonso X. Porque como anoche demostró el gallego, lo celta está en el ADN de muchas civilizaciones. Y en la nuestra, también.

Quizás por eso el concierto empezó ya con aires épicos, con Carlos Núñez a la gaita, marcando el ritmo con el pie y con la potencia que imprime a la percusión su hermano pequeño, Xurxo Núñez. Y no estaban solos. El gaitero se rodeó en Málaga de amigos llegados de distintas partes del mundo, embajadores cada uno de ellos de las músicas tradicionales de su tierra. Y sorprende ver la conexión que existe entre todas ellas.

Melodías de raíz renovadas y presentadas con un envoltorio contemporáneo. Ahí estaba Jon Pilatzke, una estrella del rock a lo celta, un violinista y bailarín de The Chieftain con gafas de sol y pose de 'rockstar'. Quedaría confirmado poco después cuando se atrevió con 'Baba O'Riley' de los Who con el ritmo folclórico de fondo que imprimía Carlos Núñez y el resto de la banda. Con la joven irlandesa Ciara Taaffe al arpa, retrocedió hasta la música celta en la época del barroco y, algo más atrás, hasta la partitura de los bardos que escuchaban en el medievo los caballeros de la Mesa Redonda. Es la huella sonora más antigua de lo celta y anoche se interpretó con instrumentos medievales que figuran en el Pórtico de la Gloria de Santiago. Aquí se sumaría la jovencísima inglesa Amy Eckersley con una fídula oval, después de haber dejado al teatro mudo con su cristalina voz en un tema anterior. Ambas, Ciara y Amy, forman parte de esa nueva generación que bebe de las tradiciones para hacer algo nuevo. «Como Rosalía, Salvador Sobral y Amaia de OT», recordó.

Itsaso Elizagoien a la trikitixa y Pancho Álvarez a la guitarra atlántica y la fídula completarían la nómina de los siete magníficos sobre el escenario. Siempre con Carlos Núñez en el papel de maestro de ceremonias, de director de orquesta y de virtuoso de la gaita, las flautas y las ocarinas.

Y del Rey Arturo a las cantigas de Alfonso X El Sabio, la música renacentista del 'Cancionero de Palacio'... Todo unido por un vínculo común: lo celta, esa energía mediterránea y atlántica que confluía en la Península Ibérica y que, renovada, volvía a expandirse por el mundo a través del 'corredor atlántico'. Y Málaga «es su puerta de entrada en Andalucía», dijo. Apasionado de los dólmenes de Antequera y del imaginario celta que les rodea, Carlos Núñez hizo subir al escenario a Bartolomé Ruiz, director del Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera, para anunciar que mañana viernes el gaitero ofrecerá un exclusivo concierto en el interior de la cámara funeraria de Menga. Poco más de cien personas podrán disfrutar de ese momento mágico (ya no quedan invitaciones), pero Núñez aseguró que no será el único. Volverá.

El concierto dio para más. Para escuchar el 'Bolero de Ravel' con gaita; para que buena parte del teatro entonara 'A rianxeira' junto a Núñez y para que las gaitas invadieran literalmente el Cervantes cruzando por el patio de butacas con Yoann Le Goff, pipe major de la New York Pipe Band, al frente. Para entonces, el teatro entero estaba imbuido del espíritu celta, acompañando con palmas a los músicos y puestos en pie. Se puede contar, pero esa 'posesión' es para vivirla.

 

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