Las dos voces de un mismo Bisbal en Starlite

Las dos voces de un mismo Bisbal en Starlite
Josele-Lanza -

El almeriense supo aunar en su conciero en Marbella los sonidos electrónicos de su último trabajo con sus baladas más icónicas

ADRIÁN MEDINA

La actuación de David Bisbal en Starlite fue un complejo juego de malabares. Una mezcolanza de sonidos electrónicos y acústicos sin tabiques separándolos, pero que en las manos del almeriense se convirtieron en una única melodía polifacética capaz de hacer bailar a su son a todo el público marbellí. El inicio fue suave, con un artistsa casi clavado al escenario. Tras arrancar con 'Quién me lo iba a decir' a modo de tanteo, llegaron los temas de su último disco, 'Hijos del mar', con temas como 'Furia' o 'Antes que no', en los que coquetea con la música electrónica.

Empezó comedido, impoluto con su traje blanco y una coreografía casi inexistente. A medida que avanzaba la noche fue asomando el Bisbal incontenible, el de los rizos y las patadas voladoras. Por si acaso, lo avisó de antemano: «Hay que mover las caderas». Y de inmediato se lanzó con 'Sí pero no' y 'Lloraré las penas', ambas impregnadas de nuevos ritmos latinos.

A estas alturas del concierto el público, que había hecho amagos de levantarse de sus sillas, se puso definitvamente en pie, y no volvió a sentarse hasta que el almeriense anunció que llegaba «un momento especial del concierto»:el de sus primeras baladas. «Las que nos unieron», puntualizó. Acompañadas de un instrumental acústico, desfilaron por el escenario letras conocidas como «Desnúdate mujer», «Esta ausencia» o «Me derrumbo».

Bisbal es un artista que gana en las distancias cortas, y que sabe crearlas incluso en un entorno con miles de personas. Es ese Bisbal que interrumpe su concierto para cantarle cumpleaños feliz a una de sus fans (a la que conocía por su nombre), o que deja al público cantando «El ruido» por su cuenta mientras él se agacha para darle dos besos a una niña aupada por un vigilante de seguridad. Pero es que además, en esta actuación el almeriense estaba en su casa, su tierra. «Mi Andalucía», como repitió en varias ocasiones.

Durante las casi dos horas que duró el concierto, Bisbal lanzó sobre el público una miríada de sus principales éxitos ( 'El silencio', 'La torre de Babel'), en un crescendo sostenido de energía, solo ocasionalmente interrumpido por canciones íntimas como 'Mi princesa', que dedicó «a todas las princesas» que estaban esa noche en la cantera de Nagüeles.

Tras despedirse con «A partir de hoy», el single que ha lanzado recientemente con Sebastián Yatra, el público seguía pidiendo más. Y el cantante se lo concedió. La noche terminó con un bis de los temas que se habían echado en falta durante todo el concierto, sus éxitos imperecederos: 'Ave María', 'Oye el boom' o 'Bulería', todas ellas pasadas por el filtro de los años y remodeladas con una fuerte impronta electrónica.

El que pasó por Starlite fue una versión remozada del antiguo Bisbal, con un sonido nuevo que se aleja poco a poco de sus inicios latinos, pero con la misma energía arrolladora de siempre.