Ayax, el indomable niño del recreo

Ayax, en un momento de su actuación./SUR
Ayax, en un momento de su actuación. / SUR

Más de tres mil personas asistieron anoche a la Sala Paris 15, donde saborearon las luces y sombras de Cara y Cruz, primer trabajo en solitario del joven rapero granadino. Rap de hoy con la esencia del de siempre

SEBASTIÁN ARTEAGA

La tormenta se avecinaba claramente horas antes del concierto. Y es que la kilométrica cola procedente de la Sala Paris 15 indicaba que el de anoche no se trataría de un evento cualquiera, sino de uno de los conciertos de rap más esperados e importantes del año: el debut en solitario de Ayax.

Madrid, Tenerife, Granada, Barcelona, Córdoba, Valencia… Oyentes de todas las ciudades vivieron en primera persona esa vertiginosa montaña rusa de emociones que es Cara y Cruz. A pesar de lo que Ayax comentó en un momento, estamos seguros de que jamás lo olvidarán, ya que la guadaña de Cronos solo condena al olvido a quienes no dejan macerar sus sentimientos.

J Dose y Sceno arrancaron motores en una bellísima conexión Salamanca-Málaga. El veterano MC integrante del grupo de culto Los Chicos de la lluvia, mostró su visión del mundo rapeando temas de BackstreetDose, su último disco hasta la fecha, como también de otros trabajos anteriores. 'Lo quiero', 'De niños querían ser Kase' o sus barras en 'Ese cosquilleo' junto al propio Ayax y DJ Blasfem fueron claros ejemplos de su estilo al rapear: 'flow' evocador y versátil, adaptándose como un guante a las perlas instrumentales. Entre el rap, el soul y el jazz, Javi mostró una profesionalidad, humildad y amor al público absolutamente admirable. «Más referentes, menos 'influencers'» decía parafraseando a Bob Pop.

Ayax y DJ Blasfem descorcharon la botella del nihilismo activo, existencialismo, el hedonismo y la nostalgia. Tras un breve juego de claroscuros, 'Desahucio' hizo que toda la sala al completo comenzará a saltar y a mover los brazos. Ataviado con una sudadera blanca, el gemelo del Albayzín mostraba una presencia más que enérgica y poderosa, apoyada por una calidad acústica sobresaliente. Así, cada bombo y caja tronaba por igual en cualquier espacio de la sala.

Asombrosos fueron los matices que Ayax lograba sacar a su voz rasgada, sello de identidad presente también en Prok, o como él dice: «la mitad de mi Yo», a quien no dejaba de mencionar y expresar su amor. Él mismo advirtió sin tapujos que el trabajo en solitario de su hermano era de lo mejor que había escuchado, que nos fuésemos preparando para Rojo y negro.

Felicidad y tristeza. Pulsión y serenidad. 'Egotrip' y mensaje. Subidas y bajadas. Cara y cruz. Anoche Ayax rió a carcajadas como Dioniso, se emocionó como Eco, caminó lentamente como Orfeo, fue veloz como Hermes, se culpabilizó como Sísifo, presumió como Narciso. Es decir, exploró el 'ethos' y el 'pathos' de su propia 'psyche', y la de todos nosotros. Recorrió paso por paso su disco cual Dante atravesando círculos. Pero como Alighieri, no estuvo solo. Foyone sorprendió con su presencia rapeando 'Óxido' y 'Parte cuello', por si aún no quedaba claro de qué iba la noche. Como tiene acostumbrado a su público, el de Carranque rapeaba mirando al frente, mascando y disfrutando de cada sonido que salía por su boca.

SUR

Improvisaciones, rapeos de temas que ya son clásicos ('Taraotarantino', 'Musa', 'Octubre', etc.), un homenaje a Wu-Tang Clan, menciones a El Niño Snake, Hablando en Plata Squad, Foyone… La estructura y el 'setlist' del concierto hicieron las delicias tanto del neófito como del oyente fiel.

Ayax también tuvo tiempo para hablar sobre diferentes cuestiones de nuestra sociedad entre tema y tema. Del abuso policial. De la falsedad. Del esfuerzo de todo rapero en labrarse un nombre. De la responsabilidad que tenemos de mantener el hip-hop real sin que acabe completamente banalizado por la industria. También sobre el amor. De lo importante que es su pareja en el día a día: «Si no fuese por ella, yo no estaría aquí. Yo ahora estaría en un psiquiátrico con una camisa de fuerza, esperando comer pastillas. Eso es así.»

Ironías poéticas de la vida, mientras defendía la importancia de la mujer en la vida de todo hombre, una chica del público sufrió una bajada de tensión. El interés, cuidado y detalle del mismo Ayax fue tal que la sala aplaudió a rabiar. Nadie quería que el concierto terminara. El público venía a por rap, a por su esencia, a la necesidad del grito. Pero volveremos a verle. Gritando. Riendo. Con cara de más adulto, y con nuevos temas. «¡Sí, maldita sea!»

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos