Carlos Álvarez regresará al Cervantes con una ópera más de una década después

Carlos Álvarez tiene ya compromisos cerrados en su agenda hasta 2020. /
Carlos Álvarez tiene ya compromisos cerrados en su agenda hasta 2020.

El barítono y el teatro se comprometen a sacar adelante ‘Otello’ en una producción escenificada para la primavera de 2019

REGINA SOTORRÍO

Para el común de los mortales es imposible adivinar qué estará haciendo en la primavera de 2020. Pero Carlos Álvarez lo sabe. Para entonces estará sobre el escenario del Metropolitan de Nueva York cantando en la ópera Simón Boccanegra. Lo dice su agenda, en la que ya apenas quedan huecos a tres años vista. Uno de ellos lo ha ocupado Málaga. El Teatro Cervantes ha reservado abril y mayo de 2019 (la fecha exacta está por concretar) para el Otello que traerá de vuelta a Carlos Álvarez a su ciudad en una ópera escenificada doce años después. «Ya hemos hecho el compromiso, que aunque parezca lejano, al final siempre llega», asegura el barítono malagueño.

Si bien es cierto que no ha dejado de actuar en la ciudad en recitales e incluso en una ópera en concierto (un Falstaff en 2014 que dejó al público con ganas de más), ahora hace diez años que Carlos Álvarez no representa una producción lírica al completo en Málaga, con escenografía, vestuario, diseño de iluminación... Fue en 2007 con Andrea Chénier de Umberto Giordano. Poco después llegaron los problemas vocales que le mantuvieron un tiempo apartado de la escena y más adelante, ya recuperado, la crisis (y la «falta de voluntades», como suele decir Álvarez) hizo desaparecer las producciones propias de la temporada lírica malagueña.

La nueva gerencia del Cervantes trata de recuperar el nivel perdido apostando por la coproducción. Lo hizo al inicio de esta temporada con un Nabucco junto a Telón Producciones que se llevó el aplauso de la crítica y el público; y lo hará en el próximo curso con un esperado Turandot en coproducción con el Teatro de la Maestranza de Sevilla. Para el Otello de Carlos Álvarez se buscará una fórmula similar. «Es una manera de poder hacer una oferta que cumpla las expectativas sin ser excesivamente onerosa para el teatro», reflexiona. La producción está aún en una fase muy incipiente, pero ya se ha logrado lo más difícil: el sí de ambas partes. Acostumbrado a pisar los teatros más importantes del mundo, Carlos Álvarez reconoce que poder actuar y dormir después en casa le ilusiona «y mucho».

Para el malagueño, que estos días ensaya en Viena Las bodas de Fígaro de Mozart, es una de las citas destacadas para los próximos años, cuando regresará a grandes escenarios y debutará en el último teatro emblemático del mundo que le queda por pisar. La Ópera de Sidney ha contactado con el malagueño para buscar fecha y título para 2020. Será su primera vez en el templo australiano de la lírica, un lugar «especial y de gran tradición» que le motiva enormemente.

Es la excepción en su carrera, donde lo más habitual es levantar el telón de lugares «requetepisados». «Y eso también se convierte en un privilegio. Porque ir una vez podría ser casualidad o fruto de una moda, pero si después de todo este tiempo vuelvo a los sitios será que lo estoy haciendo bien», reflexiona. Así sucederá en el prestigioso MET de Nueva York. Hace siete años tuvo que abandonar a última hora Attila a las órdenes de Riccardo Muti tras una recaída de su afección en las cuerdas vocales. «Esperaremos tu vuelta», le dijeron entonces. Diez años después, en 2020, regresará en abril y mayo con La Boheme y Simón Boccanegra. Esta última la hará también un año antes en el Covent Garden de Londres... siempre que la situación política lo permita.

Cuando el lugar de trabajo es el mundo, cualquier incidencia afecta. «El efecto mariposa en mi caso es inmediato», admite. En el caso de EE UU, Trump ha anunciado su intención de revisar los visados que se conceden a los científicos. «Y nuestro trabajo es muy especial y necesita visado 01. Si le diera por la autarquía absoluta, los artistas europeos no podríamos trabajar allí», lamenta. Y en Reino Unido se desconoce «cómo será la situación tras el Brexit».

De momento, Carlos Álvarez seguirá sin deshacer del todo la maleta e instalando su casa «donde dejo el sombrero». Tras Las bodas de Fígaro, que pone en escena desde el 28 de abril en la Ópera de Viena, Álvarez vuelve en junio por segunda vez en este año al Liceo de Barcelona con un Don Giovanni. Entre uno y otro, grabará en Madrid una canción para un documental sobre Granados junto a la pianista Rosa Torres Pardo. «Me apetece mucho trabajar en España. Significa que las cosas están cambiando», mantiene.

Otras citas

Por delante tiene un Rigoletto en julio en la Arena de Verona, Madama Butterfly en agosto en el Festival de Peralada y tras las vacaciones -«en casa, sin duda»- le esperan antes de que acabe el año en Viena (Las bodas de Fígaro), Turín (Falstaff), Oviedo (Andrea Chénier) y Génova (Rigoletto). Óperas todas que forman parte de su repertorio y en las que ya ha demostrado su valía. «Pero no hay nada como la siguiente función, siempre es un empezar de nuevo», asegura.

Por si acaso sigue haciendo propuestas en voz alta, como hacer más ópera francesa o entrar en el repertorio alemán. Pero no es ninguna queja: a sus 50 años vive «un momento dulce». «Me lo habían dicho siempre: ya verás cuando llegues a la madurez. Y es así. Me lo paso muy bien en mi trabajo», concluye.