El Museum Jorge Rando devuelve la luz a Pepe España en su casa

El Museum Jorge Rando devuelve la luz a Pepe España en su casa
Félix Palacios

Una exposición reivindica al pintor malagueño, artista expresionista en constante evolución que no dejó de pintar ni cuando la visión le falló

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

Fue un pintor libre, ajeno a las corrientes comerciales, de una producción frenética y un trazo expresionista que contribuiría al desarrollo de las vanguardias artísticas de este país. Pintaba sin bocetos, encerrado en su estudio durante meses para dar forma a aquello que tenía en su cabeza. Por eso siguió cogiendo el pincel cuando la visión le abandonó: tenía el cuadro en su cabeza, no en sus ojos. Pepe España (Málaga, 1930- Biel, Suiza, 2007) vivió a oscuras sus últimos años, unas sombras que también se extendieron sobre su figura, olvidada en los grandes circuitos del arte. Ahora el Museum Jorge Rando devuelve la luz a Pepe España y lo hace en su casa, a pocos metros de donde nació, en la céntrica plaza de San Francisco. Una vuelta a los orígenes, de los que jamás desconectó.

'Expresión y color con la vertical al espacio' inaugura un nuevo ciclo dedicado a 'Pintores malagueños olvidados', artistas condenados al ostracismo por motivos ajenos a su propia creación. Una propuesta que, hasta el 31 de enero, descubre a un excelente dibujante y un pintor expresionista en constante evolución. «Nunca se repetía, cada etapa traía algo nuevo», apuntó Andreas Röthlisberger, presidente de la fundación que lleva su nombre y amigo personal de España. Pero, además, acerca a un hombre singular, que ni «sabía venderse por su modestia» ni le gustaba dejarse ver en multitudinario eventos artístico. Él era feliz en su refugio, en el taller en el que nadie -ni el humo de su puro, cuentan- podía entrar. Los pocos vídeos que existen de España pintando los grabó él mismo.

En Suiza, donde se marchó con una beca en 1972, el malagueño alternaba semanas de retiro concentrado en la creación con meses en los que no hacía «ni un trazo». Pero en ese tiempo de aparente inactividad, «crecía y creaba nuevas formas en su mente para después echar fuera diez o más cuadros».

'Expresión y color con la vertical al espacio' permite hacer un recorrido por sus diferentes etapas. Desde la 'Serie Cuenca' de los 70, trabajos en tinta china y rotulador sobre papel que anticipan su posterior rumbo expresionista, hasta el lienzo 'Personaje-Claro de luna', fechado en 2012 cuando ya solo conservaba el 5% de la visión por una grave degeneración macular. Una impactante obra hecha desde la oscuridad que rompe con los colores vivos y vibrantes que apenas tres años antes inundaban la serie 'Expresión y color con la vertical al espacio', con títulos como 'La Luz!- Luminosidad', 'Color en la tarde' y 'Grieta luminosa'. Es esta etapa un «canto a la posvanguardia del expresionismo abstracto a través del género del paisaje» con un «trazo expresivo y espontáneo que se encuentra con lo rígido y lo matemático, con formas geométricas puras, la fuerza de la luz y el color», detalló la directora del Museum Jorge Rando, Virginia Díez Barriuso. 'Luto en el espacio' (2001), su homenaje al atentado en las Torres Gemelas de Nueva York, marcará el punto de inflexión entre la claridad y las sombras: fue el último cuadro que pintó cuando aún podía ver.

La muestra le revela también como un gran retratista, capaz de captar la «expresión anímica» de la persona que tenía enfrente. Impacta la serie de rostros que ocupan las paredes de la sala -algunos hechos en una de sus visitas a Málaga-, dibujos ejecutados con intensos trazos a pluma, obras de gran realismo social en los que pone cara a la mujer en el campo, al campesino, al abuelo… Detrás de ellos, una reflexión sobre «la tragedia, el dolor, el miedo». Artista de la generación de los 50, se marchó muy joven de Málaga para estudiar en Madrid. Cuenca le dio la alternativa artística en un periodo de gran movimiento cultural en la ciudad manchega con la apertura de Museo de Arte Abstracto Español promovido por Zóbel.

Y Suiza le consagró como creador: allí vivió y trabajó hasta su muerte y allí creó una fundación para conservar su legado. Pero siempre se sintió «muy unido a Málaga», donde mantenía una casa en la Cala del Moral para desconectar del ruido diario. «Volver a Málaga era un momento de felicidad», reconoce su amigo. Hoy, ese tipo de cara afable y poblado bigote mostraría una gran sonrisa.

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