El Museo Picasso Málaga, visto por sus arquitectos

Un icono urbano entre la tradición y la vanguardia. Cinco siglos contemplan la sede de la pinacoteca, que conjuga el palacio de Buenavista con una docena de inmuebles de su entorno

Rafael Martín Delgado e Isabel Cámara, autores junto a Richard Gluckman del proyecto/MIGUE FERNÁNDEZ
Rafael Martín Delgado e Isabel Cámara, autores junto a Richard Gluckman del proyecto / MIGUE FERNÁNDEZ
Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

Tuvo que venir un especialista desde Texas para colocar la tela náutica de 30 metros de largo que corona los espacios dedicados a las exposiciones temporales. Descubrir este elemento en el techo del edificio representa casi una prueba de agudeza visual, pero su discreta presencia oculta un mecanismo capaz de modularse en un espectro que va desde el paso de la luz natural a raudales hasta la opacidad que suele ofrecer por motivos de conservación de las obras de arte. Y junto a este lucernario, en las cubiertas del Museo Picasso Málaga (MPM) cuesta distinguir las dependencias de la pinacoteca.

«Hay un truco: los edificios históricos conservan los tejados con tejas, mientras que los nuevos espacios tienen la parte superior plana», comparte Rafael Martín Delgado, que junto con Isabel Cámara y Richard Gluckman firmó la rehabilitación y expansión de la institución cultural que ahora cumple quince años.

Rehabilitación y expansión. Porque la sede del Museo Picasso Málaga combina la tradición y la vanguardia en una decisión que tiene poco de circunstancial, sino que hunde sus raíces en la identidad que los artífices del museo quisieron darle al proyecto incluso antes de su nacimiento. «La primera decisión importante fue hacer el museo en un edificio histórico y no en uno de nueva planta. Esa determinación llevaba implícita la idea de hacer un museo dentro de la ciudad», avanza Martín Delgado.

Junto a él, Isabel Cámara recuerda cómo visitaron junto a Christine Ruiz-Picasso otras posibles ubicaciones para el museo que iba a formarse a partir de su donación. Entre los candidatos figuraban el colegio situado junto al Ateneo de Málaga y el antiguo convento de San Agustín; sin embargo, el elegido casi desde el primer envite fue el palacio de Buenavista, por entonces hogar del Museo de Bellas Artes.

El proyecto del museo creó la plaza de la Higuera, que antes ocupaba el patio interior de una casa
El proyecto del museo creó la plaza de la Higuera, que antes ocupaba el patio interior de una casa

«Nos dimos cuenta –rememora Martín Delgado– de que sólo el palacio no era suficiente. Se fueron añadiendo edificios y de forma paralela, tanto Christine como Bernard Ruiz-Picasso fueron ampliando su donación». El resultado fue la conjugación de un palacio del siglo XVI con una docena de inmuebles aledaños, algunos reconvertidos y otros de nueva construcción. Una sede capaz de convertirse en un nuevo icono urbano de la ciudad aunando edificaciones con cinco siglos de diferencia. «Planteamos una mezcla entre la arquitectura que se conservaba y la arquitectura nueva, teniendo siempre en cuenta que no queríamos que lo moderno fuera protagonista», ofrece el arquitecto.

Y otra premisa crucial, compartida por Cámara: «Christine insistió mucho en su deseo de mantener no solo el palacio y los elementos históricos de las casas aledañas, sino también el urbanismo y las alineaciones de los edificios».

Y así, desde la azotea de la institución cultural ambos arquitectos explican cómo la actuación urbana puesta en marcha para la creación del MPM contempló la conservación de la fachada de tres plantas en el inmueble que mira a la plaza de la Higuera, cuando en el interior del edificio los espacios se repartieron en dos niveles. O cómo la propia plaza representa la creación de un nuevo espacio en la ciudad, cuyo pasado recuerdan las dos franjas oscuras en medio del empedrado de esta recoleta plazuela, que dan cuenta de dónde estaban los muros del antiguo inmueble que guardaba en su patio interior el centenario árbol convertido ya en emblema sentimental del museo malagueño.

Los distintos artesonados marcan el paseo por las salas
Los distintos artesonados marcan el paseo por las salas

«La mayor dificultad fue integrar las instalaciones necesarias para dotar a un museo del siglo XXI, dejando las salas de exposiciones y las galerías del patio del palacio limpios de estos elementos», esgrime Cámara. El plan inicial era colocar toda la maquinaria en el subsuelo, pero el hallazgo de restos arqueológicos obligó a modificar el rumbo: las piezas fenicias y romanas se integraron en el proyecto de rehabilitación y los arquitectos ingeniaron varias soluciones que aúnan la funcionalidad y el esmero estético. Basten como ejemplos las rejillas del sistema de ventilación integradas en los artesonados de madera, los cuadros de las instalaciones camuflados en las ventanas del patio interior del palacio o los conductos de ventilación tras las celosías de mármol blanco situadas en varios muros de las salas que exponen la colección del museo.

«El edificio histórico ha mantenido su identidad», sentencia Martín Delgado sobre una actuación que recibió en 2006 el premio del American Institute of Architects. Además, el arquitecto reivindica el proyecto del MPM como «polo de atracción para la restauración de esta zona de la ciudad». Y añade: «Antes de la inauguración del museo esta parte del centro estaba casi en ruinas, era una zona muy deprimida y creo que la apertura del museo ha revitalizado esta zona de la ciudad».

Justo Martín Delgado y Cámara firman la actuación urbanística que más y mejor ha acompañado hasta la fecha ese afán regenerador de la trama urbana planteado con la apertura del MPM: la transformación de la calle Alcazabilla en una vía peatonal con miradores al Teatro Romano y la Alcazaba. Otro cantar llega desde el envés del museo, con calles como Beatas, Granada y Tomás de Cózar pendientes de ese mismo impulso regenerador, si bien los arquitectos son optimistas sobre el futuro de esa parte del centro histórico de la capital.

Y en cuanto al comportamiento durante estos 15 años de los edificios que componen el Museo Picasso Málaga, Cámara y Martín Delgado recuerdan que apenas ha necesitado unas tareas de reparación en el suelo de las salas dedicadas a la colección permanente, que se realizaron con motivo del cambio el año pasado de los fondos de larga estancia de la pinacoteca. «El museo se ha portado muy bien en este tiempo», concluyen satisfechos. Vamos, pues, a por los próximos 15 años.

 

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