MINISERIE DE DEBATES

Juan Francisco Gutiérrez
JUAN FRANCISCO GUTIÉRREZMálaga

Finalizado el culebrón sobre quiénes, cuándo y dónde debatir, hoy Lunes de Pascua la vacacional campaña electoral remontará el vuelo con el primer envite en TVE; mañana en Atresmedia, o sea en Antena 3 y la Sexta, se celebrará el desenlace de la contienda verbal. Se nos brindan casi por azar, ay, dos noches de tele atorrijadas de política en el 'prime-time'. Como si de una miniserie se tratara, pero en canales distintos, con 'showrunners' diferentes y con un final diferido hasta el domingo. Más allá del ejercicio periodístico (esperemos no limitado a la conducción del tráfico reloj en mano), o del atractivo innegable (el reparto, obvio, es estelar), el intríngulis estriba en saber cómo funcionará este experimento inaudito de cara a las audiencias. A Antena 3 no le fue muy bien con las tandas de 'La Voz', aunque a Telecinco le va de perlas estirar sus 'realities' en varias veladas. Quizá triunfe esta extravagancia debatiente, que por otra parte debiera estar ya despojada de todo albedrío o polémica y ser costumbre pautada y obligada.

¿Qué esperar, pues, del debate demediado? Lo mismo una 'sitcom' en redes sociales o un drama para el 40% de los todavía indecisos, quién sabe. Los escépticos quizá busquen entretenerse con dos capítulos largos de peleíllas en broma. Las cadenas televisivas, dar el campanazo en sus cuotas de pantalla. Y los ya decididos lo que ansiarán es que sus aspirantes no defrauden mucho, no sea que deban pensárselo de nuevo, con el trabajito que cuesta.

Barrunto, sin afán de 'spoliers', que ni con esos minutitos ridículos finales (¿dos momentos 'de oro' en dos días? Madre mía...) lograremos conclusiones definitivas. Todo quedará, supongo, en un 'cliffhanger', esto es, en uno de esos finales de capítulo que nos dejan en suspense, asomados al abismo del próximo domingo. Una noche en la que, al borde del precipicio, quizá Telecinco contraponga a los especiales electorales las imágenes de Isabel Pantoja en 'Supervivientes' arrojándose al océano. Otra vez y sin querer, ah, como metáfora viva de la viudez de España.