Miki Espuma: «Hay un retroceso ideológico en el teatro, hace falta más valentía»

Espuma vuelve a reivindicar «el riesgo» en su nueva propuesta /
Espuma vuelve a reivindicar «el riesgo» en su nueva propuesta

El director de La Fura dels Baus combina crítica social, cante jondo, barroco y electrónica en ‘Free Bach 212’

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

Una cantata de Bach sirve a La Fura dels Bauls como punto de partida para una de las propuestas teatrales más originales de los últimos años. La histórica compañía catalana aterriza hoy y mañana en el Cervantes para representar ‘Free Bach 212’, un espectáculo que combina crítica social, música electrónica, flamenco, danza y escultura con un cuarteto de cuerda y la cerveza como sorpredentes hilos conductores.

¿Qué podremos encontrar en la obra? Con ustedes nunca se sabe…

–Es una propuesta diferente, como las que solemos hacer. Tuve la oportunidad de conocer a un cuarteto de música especializado en Bach, Divina Mysteria, y surgió la idea de adaptar una de sus cantatas, la de los campesinos. Normalmente Bach hacía cantatas religiosas o sobre mitología grecorromana, pero esta cantata es atípica, profana y telúrica.

¿Por qué la eligió?

–Bach tiene tres cantatas profanas: sobre la caza, el café y la cerveza. Y yo, como Miki Espuma, que es un apellido de batalla, he sido siempre un gran amante de la cerveza. Era una forma de entrar en la música clásica de la mano de Bach, que es un compositor que nunca habíamos tratado. Tenía una genialidad fuera de duda y descubrimos que podíamos adaptarlo a la música barroca, la electrónica y el flamenco.

¿Qué hilo conductor ha encontrado entre géneros tan dispares?

–Hay una mezcla casi mágica en el espectáculo. Siempre hemos tenido una relación muy estrecha con el flamenco. Al principio se hablaba de músicas enfrentadas, pero lo que parecía una relación imposible se ha demostrado que era una fusión perfectamente asumible. La electrónica y el flamenco ya formaban parte de nuestras obras; la novedad es introducir un cuarteto de cuerda, una mezzosoprano y un barítono. Hemos sido pioneros a la hora de proponer matrimonios imposibles que luego son totalmente compatibles, y tenemos un carácter internacional que nos libra de cualquier prejuicio musical.

¿Qué lugar ocupa la improvisación en esta obra?

–Un lugar básico. Ninguna representación de este espectáculo ha salido igual. No quiero ser ambicioso, pero diría que el público podría venir los dos días y ver dos obras diferentes. La base matemática de la cantata es la misma, pero las intervenciones y las relaciones entre músicos, como ocurre en el flamenco, siempre son distintas. Bach dejaba el sesenta por ciento a la improvisación.

Es importante que los espectadores vayan libres de prejuicios...

–Es fundamental, pero no solo en esta obra, sino en todas las que hacemos. Cuando en los años ochenta trabajábamos con pintura y agua pedíamos al público que viniera vestida de forma deportiva. Ahora, con este espectáculo, pueden venir vestidos como quieran pero con la mente abierta. El público de La Fura dels Bauls tiene que ser, sobre todo, audaz.

¿Qué es la vida sin cerveza?

–(Risas). Me alegro de que conozca el primer verso de esa canción. La escribió un poeta mexicano, hermano de los músicos de Divina Mysteria. ¿Qué es la vida sin cerveza? No hay pasión, todo es tristeza… Seguramente ese sentimiento está amplificado, pero para nosotros la cerveza tiene un carácter simbólico muy importante. Trataremos de invitar a una caña a todo el público cuando acabe el espectáculo.

El año que viene La Fura celebra cuatro décadas sobre los escenarios. ¿Cómo andan de ilusión?

–Está intacta. Tanto para mí como para mis socios la creación es algo en constante movimiento, en evolución, y creo que hemos cumplido ese requisito con creces. Tenemos cinco o seis espectáculos diferentes en cartel ahora, algunos en la calle y otros en teatros. Al público le gusta esa sensación de no saber qué va a encontrarse. Nuestra filosofía es el experimento: buscar y encontrar.

¿En qué momento considera que se encuentra el teatro en España?

–Creo que las nuevas generaciones tienen una forma muy conservadora de enfocar la creación, sinceramente. Ha habido un retroceso ideológico en el teatro. Falta más valentía. No quiero ser negativo, pero creo que sería necesario un poco más de riesgo por parte de los grupos nuevos y de la familia teatral en general. Hemos vuelto al teatro de texto tal como se hacía en los años cincuenta, pero supongo que todo es cíclico. Adelantamos tres pasos y volvemos cuatro hacia atrás. Espero en que los próximos años vayamos para adelante en el sentido de riesgo y mentalidad.

¿A qué achaca ese retroceso?

–El mundo entero se ha vuelto más conservador. Tenemos miedo a perder lo poco que tenemos en casa.

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