Masoliver Ródenas: «Todo el mundo está enamorado de España, pero no aguanto tanta patria»

El poeta y novelista Juan Antonio Masoliver Ródenas, que participa en 'Un café cargado de lecturas'. /:: SONIA HERNÁNDEZ
El poeta y novelista Juan Antonio Masoliver Ródenas, que participa en 'Un café cargado de lecturas'. / :: SONIA HERNÁNDEZ

El escritor catalán, que ultima su libro de memorias, participa este martes en el ciclo 'Un café cargado de lecturas', que organizan el Centro del 27 y el Aula de SUR

Francisco Griñán
FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

Había dicho que su último libro había llegado con el poemario 'La negación de la luz', pero Juan Antonio Masoliver Ródenas (Barcelona, 1939) admite que no puede dejar de escribir. Su pasado en la localidad catalana de El Masnou forma parte de buena parte de su obra y ahora está más presente que nunca ya que ultima sus memorias, como descubre en esta entrevista por su intervención este martes 23 de abril en el ciclo 'Un café cargado de lecturas', que organizan el Centro Generación del 27 y el Aula de Cultura SUR. Tras media vida en Gran Bretaña, el autor de 'La inocencia lesionada' y 'La puerta del inglés' regresó a España hace década y media con ese espíritu crítico marca de la casa que también forma parte de su forma de ver el mundo. Unos ojos con los que también observa la situación actual del país.

–Su bibliografía sería imposible de entender sin la memoria.

–Toda mi obra está hecha de memoria. 40 años en Londres hace que uno reconstruya su pasado para enlazarlo con el presente y ver que relación hay entre vivir en Inglaterra y en un pueblo de Cataluña. Pero no distingo entre pasado y presente porque todo es igual. Si recupero la memoria se convierte en presente. Y lo que recuerdo no siempre es fiel a lo que ocurrió ni necesito que lo sea.

–Paradójicamente, su vida en Gran Bretaña no tiene un gran peso literario en sus libros.

–Es que entonces era mi presente y no tenía perspectiva. Ahora, quince años después, empiezo a ver cómo era Inglaterra. Me ha influido en muchas cosas, como el tipo de cultura y la gente que es más civilizada. No es lo mismo tener una situación política tan inquietante y desordenada como la de España que aquella tan estable, con la excepción del Brexit.

Ciclo 'Un café cargado de Lecturas'

Invitado:
El escritor Juan Antonio Masoliver protagoniza el encuentro, que será presentado por los escritores José Antonio Mesa Toré y Pablo Aranda.
Organizan:
Centro del 27 y Aula de SUR, con la colaboración de la Obra Social La Caixa.
Fecha y Lugar:
Martes 23 de abril, a las 20 horas, en el hotel Molina Lario (calle Molina Lario, 20). Asistencia libre.

–La salida de Europa está revelando una Gran Bretaña caótica.

–El Brexit ha sido un engaño brutal. Inglaterra es un país que siempre se ha sentido distinto al resto de Europa por miles de motivos. Hay nostalgia de aquel país. También aquí en Cataluña están pensando que si nos independizamos seremos como en Suiza, pero lo que no saben es que para eso hay que ser educados como ellos. Aquí no hay posibilidad de que tengamos convivencia, entendimiento y tolerancia entre distintas lenguas.

–¿Cómo es la España a la que ha vuelto?

–Han sido quince años de crisis y enorme decepción. Todo el mundo está enamorado de España, pero hay cosas que no aguanto con tanta patria, bandera y orgullo nacional. Todos los nacionalismos me ponen muy nervioso y estando en Cataluña es doble, porque está el nacionalismo central y el catalán. Luego la conducta de la gente y la falta de puntualidad y seriedad me parecen golpes muy bajos. Aunque tenemos cosas originales y ricas, entre ellas la lengua.

–¿Chocan su pasado y su presente?

–No tiene sentido comparar países. Cuando me fui era una persona joven y ahora soy mayor. Ya no estoy para irme de discotecas o tomarme porros. Ahora soy una persona moderada y vivo en mi casa más que en la calle. Mi libro de memorias, que se publicará en octubre se titula 'Desde mi celda', como el libro de Bécquer, porque siento que estoy en una celda y vivo encerrado en un monasterio.

–No suena feliz.

–No creo en la palabra felicidad. Solo se ve en los anuncios, no en la vida real. Existen momentos para estar contento, pero el que cree mucho en la felicidad acaba siendo un desgraciado cuando se da cuenta de que no existe.

«Como Elvis»

–¿Qué descubrirán sus memorias?

–La vida personal no es interesante, ni siquiera la de Messi que es un aburrimiento total, pero ha hecho cosas que no son aburridas. Yo también he hecho cosas que no son aburridas, pero no he hecho nada heroico. No he conquistado América… ni siquiera mi pueblo. En las memorias también hay mucha invención y el lector de mis libros volverá a encontrar cosas que ya conoce, pero más ordenadas.

–Entonces, su pasado es ahora presente más que nunca.

–Y algunos dirán que estoy siendo reiterativo y yo les contestaré que me estoy volviendo un poco chocho.

–Ja, ja, ja, buena salida.

–La memoria es tan difícil de explicar como la felicidad. Si no vas a tu pueblo en veinte años y te lo imaginas, cuando vuelves te decepciona porque los recuerdos te han engañado. En la memoria no solo está lo que ocurrió, sino lo que uno hubiese querido que ocurriese. La memoria es muy peligrosa.

–Dice que no ha conquistado su pueblo, pero su obra no se entendería sin El Masnou…

–La verdad es que sí lo he conquistado porque hace unos días han creado una ruta Masoliver por todos los sitios que cito en mi obra y se ha editado incluso un libro. Y en la casa en la que nací han puesto una placa. Me siento como Elvis Presley. Pero también mucha gente en el pueblo me critica por mi visión corrosiva.

–La España de la dictadura que usted retrata no era idílica.

–Trato de subrayar que hablo de una época en la que había una brutalidad sexual terrible y demasiados prostíbulos. En el colegio todo se aprendía de memoria, no se podía protestar e incluso te pegaban. Y los padres creían en la autoridad. No es que no quisiesen, sino que no sabían querer. Todo eso contado ahora puede parecer de un pesimismo brutal, pero simplemente estoy recuperando las experiencias que pasé. Fue una época dura y, aunque abandoné pronto el franquismo –con 22 o 23 años me fui a Londres–, en aquellas primeras décadas me robaron muchas cosas y tengo que expresarlo.

–Con su anterior libro, 'La negación de la luz', dijo que iba a ser el último, pero se ha arrepentido.

–En esto no soy original. Mira la de cantantes o cineastas que dicen 'esto es lo último que hago', porque sienten que ahí se te va toda su energía. Pero en mi caso siempre vuelve y pienso en poesía. Uno deja de escribir solo cuando la mano ya no se lo permite. Si escuchas a Bob Dylan ves que se repite que da pena, pero su vocación es cantar y por eso sigue.

–Ja, ja, veo que el humor soterrado no le abandona.

–No me gusta la literatura sin humor y la gente sin sentido del humor. Es la vitamina más saludable y nos salva de muchas cosas. Lo relativiza todo. Hay que saber reírse de los demás, pero sobre todo de uno mismo.

 

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