El malagueño del Paleolítico, sibarita del marisco

Cueva de la Victoria, situada en el Cantal. /
Cueva de la Victoria, situada en el Cantal.

Un estudio de la Universidad de Salamanca arroja nuevos detalles sobre el modo de vida de los grupos que vivían en el Rincón de la Victoria

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

Almejas, navajas y berberechos. Los grupos humanos que habitaban la costa malagueña durante el Paleolítico tenían una dieta sibarita basada en los recursos que la mar ponía a su alcance y que podían recolectar gracias a rudimentarias técnicas de pesca. Entre crustáceos y conchas finas, de vez en cuando el Mediterráneo les servía un plato más suculento a base de carne y grasa de ballena varada. Este menú es el resultado de un estudio llevado a cabo por la Universidad de Salamanca, expuesto en París en el marco del XVIII Congreso Mundial de la Unión Internacional de Ciencias Prehistóricas.

Los trabajos del equipo de investigadores, a los que ha tenido acceso SUR, se han centrado en las cuevas situadas en el Cantal, entre la Cala del Moral y Rincón de la Victoria, en el yacimiento conocido como Cueva de la Victoria. Los restos analizados con métodos modernos han permitido a los científicos confirmar la presencia de grupos de cazadores-recolectores-marisqueadores hace entre 15.000 y 13.500 años -fechas que componen en Andalucía el periodo denominado Magdaleniense superior.

Además del marisco, la dieta de los malagueños del Paleolítico estaba compuesta por vegetales y recursos terrestres, fruto de la caza menor, como liebres y conejos. En cuanto a sus técnicas de pesca y recolección de crustáceos, los investigadores han podido documentar el uso de arpones y anzuelos fabricados con hueso y objetos de adorno fabricados con pequeñas conchas de 'Littorina obtusata', una especie de aguas frías que actualmente no se puede encontrar en las costas de la provincia.

Los restos que estaban en Salamanca serán devueltos al Museo de Málaga

La ingesta de carne de ballena puede ser algo anecdótico, aunque los arqueólogos han podido confirmar por lo menos un episodio en el que el cetáceo formó parte de la dieta de los marisqueadores. Entre lo restos hallaron una placa calcinada de balano (crustáceo que se adhiere a la piel de las ballenas), en este caso de la 'Tubicinella major'. El balano es endémico de este cetáceo austral, lo que indica que «los grupos llevaron a la cueva carne y grasa de ballena, posiblemente de un cetáceo varado en una de las dos playas cercanas», tal y como se recoge en el informe. La piel de las ballenas llega a estar cubierta en gran parte por las conchas de esta especie marina, creando un arrecife móvil.

Primera excavación

Esta investigación tiene su origen en el verano de 1972, cuando el profesor de Prehistoria de la Universidad de Salamanca, Javier Fortea (1946-2009), excavó un área de trece metros cuadrado en la conocida como Sala de las conchas de la Cueva de la Victoria. En esa primera intervención pudo documentar varios niveles de sedimentos formados por restos de moluscos, pero también de otros animales marinos (pinzas de cangrejo, vértebras de peces y otras evidencias) y especies terrestres. También encontró herramientas líticas talladas en sílex y algunos arpones de pesca trabajados en hueso. Estos restos están expuestos actualmente en el Museo de Málaga, ya que los más llamativos se almacenaron en la ciudad a la espera de una sede estable. Los no tan 'museizables' quedaron aparcados durante 45 años en el almacén de la universidad salmantina, y son los que han centrado la investigación. «Una vez publiquemos los resultados definitivos a nivel internacional los devolveremos al Museo de Málaga», apunta Esteban Álvarez, profesor de la universidad y director de los trabajos.

Para Álvarez, los resultados son de gran valor, ya que confirman la capacidad de los grupos magdalenienses de explotar los recursos marítimos: «Tenemos constancia de muchas comunidades en el interior de la Península Ibérica de esta época, pero pocos de marisqueadores». Uno de los grupos más conocidos con habilidades para la pesca es el de Nerja, al que se le suma la Cueva de la Victoria gracias a este estudio. En él han participado especialistas de fauna marina, terrestre, arqueología del Paleolítico, en dataciones y arte rupestre, coordinados por la Universidad de Salamanca con la colaboración de la UNED, al Universidad de Valencia y el equipo arqueológico de la Cueva de Ardales.

 

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