Málaga 2026, el lado oscuro de la ciudad de los museos

Urbanismo. El proyecto plantea una revisión de las políticas urbanísticas emprendidas en la ciudad. /Málaga 2026
Urbanismo. El proyecto plantea una revisión de las políticas urbanísticas emprendidas en la ciudad. / Málaga 2026

Un proyecto colaborativo plantea una revisión crítica de la estrategia municipal en torno a los equipamientos expositivos. Rogelio López Cuenca y Elo Vega coordinan una iniciativa alumbrada desde La Casa Invisible que cuenta con la colaboración del Museo Reina Sofía

Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

Va para una década de una de las pifias más sonadas en la historia reciente de la ciudad en lo referido a iniciativas vinculadas a la oferta cultural. Con el permiso del fiasco millonario del Museo de las Gemas en Tabacalera, la errática candidatura de Málaga para ser Capital Cultural Europea en 2016 se topó con la expulsión a las primeras de cambio en el proceso de selección. De aquellos polvos apenas han quedado los lodos de la Noche en Blanco, mantenida en el calendario de eventos multitudinarios con una carga cultural cada vez más descafeinada. Y justo aquella 'Málaga 2016' sirve para plantear una aproximación crítica a esta 'Málaga, ciudad de museos' en el proyecto colaborativo bautizado como Málaga 2026.

«Queríamos reflexionar sobre la instrumentalización de la cultura como un dispositivo de encubrimiento, justificación o dulcificación de procesos de transformación social y urbana que de otra manera habrían sido más difícilmente defendibles», ilustra el artista malagueño Rogelio López Cuenca, coordinador junto a Elo Vega de la iniciativa surgida a partir de un taller desarrollado en La Casa Invisible y La Casa Azul de Lagunillas.

Aquellas primeras reuniones germinaron en un nuevo encuentro promovido con la colaboración del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y una «red internacional de investigación universitaria», en palabras de López Cuenca, que añade: «El resultado podría haber sido una exposición, pero decidimos que uno de los formatos adecuados era poner en circulación una pequeña publicación impresa y una página web».

Y así, malaga2026.net despliega una revisión crítica del escenario local desde perspectivas diversas a través de artículos y acciones documentadas en imágenes y vídeos. Del turismo al urbanismo, pasando por el (mal) llamado arte urbano o la lucha feminista. «Una serie de expresiones públicas de disidencia respecto al discurso oficial de la genial 'ciudad de los museos'; de crítica a la utilización de la figura de Picasso para la transformación del territorio y de sus imaginarios; y de propuestas y ejemplos de maneras de recargar el sentido antagonista de unos modos de hacer arte y tejer comunidad, caracterizados por la radicalidad propia de las vanguardias», definen los promotores de Málaga 2026.

Además, la iniciativa abre el foco desde la realidad malagueña para asomarse a ciudades como Barcelona, Valencia o Bilbao «que ya experimentaron procesos de instrumentalización de la cultura como recurso turístico, de iluminadores similitudes y paralelismos a los que Málaga vive en la actualidad».

Lagunillas. Se presenta como ejemplo de arte urbano espontáneo y genuino. / Málaga 2026

Pensar otra ciudad

«En el ámbito local, las instituciones públicas, si realmente lo desean, (...) pueden impedir políticas territoriales depredadoras, superadoras de la lógica del crecimiento ilimitado. Se podría planificar un urbanismo más descentralizado y antiespectacular; antes de seguir actuando prioritariamente en los centros urbanos, mejor pensar una ciudad más policéntrica que diversifique y disperse las actividades», reivindica el artículo 'Turismo y responsabilidad política' de Santiago Eraso, que capitaneó la candidatura de San Sebastián que se hizo con la Capital Europea de la Cultura en 2016.

Una línea similar sigue Kike España en 'El invisible movimiento de la ciudad', donde traza las líneas básicas del movimiento #MálagaNoSeVende: «Ciudad inteligente, verde, creativa, participativa y un sin fin más de apósitos que no hacen más que disimular su profundo trasfondo de 'expropiación por desposesión', de 'destrucción creativa' de nuestras vidas, es decir, al servicio de unos pocos. No se trata tanto de comprender qué es la ciudad, sino de transformarla. El espacio, la ciudad, es una producción social, el escenario de nuestras vidas, el lugar en el que se producen y reproducen nuestros sueños y la posibilidad de transformar la sociedad».

Málaga 2026 también pone el dedo en la llaga de la proliferación en diversos lugares de la capital de manifestaciones artísticas definidas como 'arte urbano'. «Sin filtros, estos artistas pueden -y deben- interceder en nuestras vidas de manera directa. Se han saltado el paso del museo, para presentarse ante nosotros sin invitación. En Málaga hay varios casos interesantes de este tipo de arte espontáneo y libre. La zona de Lagunillas, en pleno centro de la ciudad, ha sido tildada por algunos como el auténtico Barrio de las Artes. Afortunadamente mantiene su nombre de pila, no habiendo sufrido un bautizo tan patético como el (...) Soho malagueño», sostiene Keko Martínez en otro de los textos reunidos en la web.

«El arte urbano -cierra Martínez- debe luchar contra los intentos de ser fagocitado y convertido en una herramienta más del poder. Este arte no ha de ser necesariamente bonito o agradable. No es la función de éste, ni de ningún otro arte serlo». Sí puede -y quizá debe- ser crítico a la hora de dar cuenta de su tiempo. He aquí Málaga 2026.