MAESTROS DE LA COPIA

Juan Francisco Gutiérrez
JUAN FRANCISCO GUTIÉRREZMálaga

De todos los programas de talentos que hoy pululan por las parrillas de la televisión, hay uno que me inquieta. Ya sé que 'La Voz', incluso con Paulina Rubio y sus 'eses', no se desinfla; también que el renovado 'Got Talent' sigue pellizcando con las historias del personal anónimo que va a hacer de todo a su teatrillo: lo mismo un holandés que imita a Julio Iglesias que un coro de mayores enfermos de Alzheimer que saca la lágrima al más pintado.

Tanto el monárquico 'La Voz' y sus tronos como el republicano 'Got Talent' con sus coros, danzas y juicios sumarios, son copias de éxitos internacionales que triunfan por aquí o por allá, debajo de cualquier bandera. Aquí solo le añadimos la garrafa propia de nuestra pasión gitana o sangre española, de nuestros Orozcos o Ristos, pero hasta las sintonías o los logos son importados.

Vale que tenemos modelos originales patrios: dejando a un lado al folclor de María del Monte, ah, nuestro más exportable artefacto es 'Tu cara me suena', que el viernes coronó su última edición con la victoria de la rondeña María Villalón, al fin con una justa puerta giratoria. Imitó en la final a Pasión Vega de manera magistral y ni Carlos Baute ni Soraya, un poco sorprendidos, pudieron hacer nada. Un programa de copia redondo del que se han hecho cerca de cincuenta versiones mundiales, llegando a confines como Polonia o Vietnam.

De copiar va también, en parte, ese formato que me genera una cierta inquietud: el de 'Maestros de la costura' (TVE). Una idea británica ajustada al cuerpo de la tele española, pero que no despunta en audiencia ni programado tras un clásico del fútbol. Yo, la verdad, con permiso de Caprile, me pierdo en su léxico de bieses, en el también raruno sonido de 'eses' de sus jurados, o con la máquinas de coser tan poco 'chic' que dan como regalo. Tampoco comprendo cómo, queriendo ser tan aristocráticos, dejan las tijeras tan a mano en ese taller donde tan mala baba se intuye o quieren hacernos ver. Será cosa del 'story-telling' y de las narrativas televisivas, que a veces son muy punibles.

 

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