Wonder Woman: feminista ¿y sumisa?

El personaje ha experimentado una evolución muy diversa a lo largo de siete décadas/
El personaje ha experimentado una evolución muy diversa a lo largo de siete décadas

La editorial malagueña GasMask lanza un controvertido ensayo sobre la superheroína que plantea las contradicciones de un personaje convertido en icono de la cultura popular contemporánea

Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

La ola feminista que sacude los cimientos mentales de buena parte de la sociedad occidental ha encontrado uno de sus iconos populares en un personaje con más de medio siglo de vida: Wonder Woman. La princesa de una comunidad de amazonas que luchan por la emancipación y la paz ha sido asimilada por el movimiento que reivindica la igualdad entre sexos hasta convertirse en uno de sus emblemas planetarios. No en vano, su popularidad ha llegado hasta el gran público a raíz de la reciente adaptación al cine de las aventuras de la guerrera nacida de un cómic norteamericano en la década de los años 40 del siglo pasado. Y sobre Wonder Woman pone el foco un controvertido ensayo recién publicado por la editorial malagueña GasMask: 'Wonder Woman: bondage y feminismo', escrito por Noah Berlatsky y traducido al español por Carlos Pranger.

Porque Berlatsky se detiene en las «contradicciones» de un personaje enarbolado por la causa feminista al que observa lazos –literales y metafóricos– con las prácticas emocionales y sexuales vinculadas a la sumisión. El autor, además, lleva esa reflexión hasta productos culturales de plena actualidad para tensar la cuerda de su argumentación: «Muchos autores han criticado 'Crepúsculo', 'Los juegos del hambre' y 'Cincuenta sombras de Grey' por sus puntos de vista retrógrados y contrarios al feminismo. Sin embargo, las cifras de ventas son una indicación, esas series –con sus temáticas relacionadas con el trauma, el control y el voyerismo– han conectado fuertemente con la vida de niñas y mujeres. A lo mejor, entonces, estos temas son importantes para las mujeres, no porque no entiendan sus propias vidas, sino porque sí lo hacen. Y quizás 'Wonder Woman' sí que importaba a las chicas que leían el cómic (y a los chicos), no sólo porque mostraba la liberación, sino acaso también porque mostraba la sumisión o falta de poder. Un estado de ánimo que las chicas (y los chicos) a menudo entienden demasiado bien».

La actriz Gal Gadot ha dado vida a Wonder Woman en la reciente adaptación cinematográfica
La actriz Gal Gadot ha dado vida a Wonder Woman en la reciente adaptación cinematográfica

Y unas páginas más adelante, en el capítulo titulado 'Castración en el paraíso', Berlatsky sostiene que los creadores de Wonder Woman «desafían el vínculo entre lo bueno y lo poderoso, apelando a una ética de sumisión y amor análoga al pacifismo cristiano. La bondad es renunciar al control, no retenerlo, una ética que desafía las normas de los tebeos de superhéroes y de la sociedad de la que esos cómics siguen formando parte».

Para entender esa aparente paradoja, una superheroína guerrera que se deja amarrar, Berlatsky echa mano de la fascinante biografía del creador del personaje: William Moulton Marston, psicólogo, inventor del polígrafo, autor bajo seudónimo de la primera Wonder Woman y poliamoroso aficionado al 'bondage'.

«Antes de ser un escritor de libros de cómic, Martson fue académico, un poliamoroso, un feminista, un psicólogo, un teórico 'queer' y un utópico. Entendía los cómics como una argucia para lanzar sus ideas radicales, teorías y sueños», sostiene el autor del ensayo, que remata: «Feminismo, teoría 'queer', psicología no son algo que se imponga a Wonder Woman desde fuera. Más bien son algo intrínseco a los compromisos y objetivos del trabajo».

Así, desde las primeras viñetas, Wonder Woman marcó distancias estéticas y conceptuales con sus compañeros varones hasta presentarse «como una bocanada de aire fresco ante un ecosistema plagado de superhéroes masculinos asolados por traumas infantiles», en palabras de Elisa McCausland para el prólogo del ensayo editado por GasMask.

En su esclarecedora introducción, la autora de 'Wonder Woman: feminismo y poder' (Errata Naturae) presenta al personaje como «un tebeo cuyos autores crearon desde un espíritu feminista y 'queer', consciente de la urgencia de una política de los afectos para imaginar un mundo más justo». Así, para McCausland, Wonder Woman surge como «un espejo de nuestras contradicciones», al que conviene «no desdeñar (…) como mito contemporáneo, icono del feminismo de segunda ola y marca de unos grandes estudios».

'Wonder Woman...'

Autor
Noah Berlatsky
Editorial
GasMask
Traducción
Carlos Pranger
Precio
22 euros

Al fin y al cabo, como apunta el propio Berlatsky, Wonder Woman no ha dejado de ser una superheroína de segundo plano, «un ladrillo modesto en el bricolaje de la posmodernidad (…) aparecido en los años cuarenta (…) Wonder Woman pertenece a la segunda fila y, si no fuese por su posición histórica, la de ser el primer cómic con una superheroína, es probable que no hubiera alcanzado ni esa posición», escribe Berlatsky, si bien en el mismo posfacio del libro, Luis Alboreca pone en duda ese papel de Wonder Woman como primera mujer protagonista de una historia de superhéroes.

En cualquier caso, con sus contradicciones, Wonder Woman se mantiene como el baluarte femenino y feminista en el universo de los superhéroes. Lo resume Alboreca en las últimas páginas del ensayo editado por GasMask: «Wonder Woman era representada como una mujer completa por sí misma, sin necesidad de estar supeditada a un hombre para protegerla, desplegaba la idea de reformar a los criminales y no sólo castigarlos y habitaba una isla donde las mujeres eran libres y habían creado una sociedad más justa». Ahí es nada.

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