Aquel verano de Juan Pablo Gordillo: Urbanización Nacosa, 1977

Aquel verano de Juan Pablo Gordillo: Urbanización Nacosa, 1977

Pionero en montar una tienda de cómics en Málaga (En Portada Cómics), fue presidente de la Asociación Provincial de Libreros (2008-2012) y ejerce la abogacía en temas sociales y de violencia de género

MIGUEL ÁNGEL OESTE

Juan Pablo Gordillo recuerda perfectamente el verano de 1977, porque «de un día para otro nos convertimos en propietarios de un pequeño apartamento en la 'conocida' urbanización llamada Nacosa en el Rincón de la Victoria, que era un referente en el modelo de urbanización de apartamentos de la época. Piscina enorme para los cánones de aquellos años, pista de tenis, mesas de ping pong, camas elásticas y la playa solo con cruzar la 'carreterilla chica'. Para este librero, abogado y empresario era como «vivir en un parque de atracciones».

Una vida que consistía en ir a la piscina o playa, saltar en camas elásticas muchas veces al día y por la tarde jugar al poli-ladrón, o al escondite y a otros juegos con los amigos. Incluso tenían un kiosco de helados dentro del recinto, donde el helado estrella era el Drácula.

Poco importaba que se tratara de un cuarto piso sin ascensor, que los cuatro hermanos tuvieran que dormir en un mismo dormitorio en dos literas, o que la cocina fuera minúscula. El piso solo «era el centro de operaciones de la vida que desarrollábamos de puertas para afuera. A mis seis años me bastaba y sobraba para ir a comer tres veces al día, dos a cambiarme de bañador y una a dormir».

Llegar a aquel recinto donde su familia había adquirido un apartamento con piscina, pista de tenis, mesas de ping pong, camas elásticas, la playa a tiro de piedra y un kiosco interno donde el helado estrella era el Drácula hizo que el joven Gordillo sintiera que vivía en «un parque de atracciones»

Y como cuenta Gordillo: «Todo iba como en el mejor de los sueños, cuando el día de San Fermín, saltaba en una cama elástica mojado de la piscina, resbalé y caí de espaldas sobre los muelles, abriéndome una brecha cerca de la nuca». La brecha supuso que le dieran puntos de sutura, «que me dio un amable vecino que era ATS, sin anestesia», pues según le dijo se trataba solo dos puntos y de una zona del cráneo no especialmente sensible. «Aún estaría llorando si no fuera porque esa tarde vino de visita mi tía Trini y me dio como consuelo 25 pesetas, que era como una especie de doblón a mis ojos y un auténtico caudal que me convertía en cliente VIP del kiosco», recuerda.

A causa del incidente estuvo tres semanas sin bañarse y tenía prohibidas las camas elásticas. «Las mañanas que antes volaban ahora se arrastraban con lentitud mientras miraba desde el balcón, que para mayor tortura mía daba a la piscina», rememora.

A Juan Pablo le empezaron a interesar actividades que antes le parecían aborrecibles, como ir a hacer la compra a la tienda de ultramarinos. «Por las tardes y para completar mi lista de desgracias, mis padres consideraron poco prudente que saliera a jugar con los amigos, por aquello de que según no sé qué ley de las probabilidades, cuando uno tiene una herida o lesión cualquier golpe le alcanzará en esa zona», cuenta. Fue también el momento en el que se aficionó a la lectura. En los setenta y en los ochenta los amantes del noveno arte recorrían los quioscos y las tiendas de segunda mano en busca de cómics. No había librerías especializadas ni Internet ni las facilidades que existen ahora para los lectores y coleccionistas. En ese páramo malagueño apareció en la Plaza Mitjana en mayo del año 1997 la librería En Portada Cómics que fundó Juan Pablo Gordillo, un abogado amante de las viñetas y la literatura de género que hizo felices a muchos lectores. Con el tiempo se trasladaron a calle Nosquera e incluso montó una nueva librería dedicada en exclusiva al manga, Kokoro. La filosofía de En Portada Cómics es la del hogar, un lugar de encuentro para lectores, un sitio donde conversar del placer de la lectura del arte secuencial. Ahora esto se ve de lo más normal, pero en los ochenta no era ni por asomo así. Y esa filosofía no es muy distinta del tiempo de reunión de amigos durante el verano.

Pero los puntos no iban a durar siempre. Y llegó el momento de quitarlos. Como Gordillo recuerda «a los pocos día se me autorizó ir al baño». Regresó la rutina estival con sus salidas y baños y juegos. Pero con la advertencia de que se alejara de las camas elásticas. «El tiempo volvió a acelerarse dando una muestra más de la certeza de la teoría de la relatividad y antes de que pudiera darme cuenta estábamos inaugurando septiembre y acudiendo a comprar los libros de texto del próximo curso», dice. De un modo u otro Juan Pablo fue consciente de inaugurar un nuevo sentimiento a pesar de sus seis años: «La melancolía de final de verano». «La intensidad de esta melancolía, que ataca antes de que acabe del todo el verano, pero cuando ya uno le ve las orejas al lobo de la rutina invernal, es proporcional a la intensidad del disfrute y en aquella ocasión me tuvo la segunda semana de septiembre como un alma en pena haciendo cálculos de cuánto faltaba para volver a disfrutar de aquel paraíso que ahora tocaba abandonar. Soñando por primera vez con mi siguiente verano», apostilla.