Aquel verano interno en Campillos

Justo Pérez con el libro de su debut editorial, 'Stropeao. Memorias de un niño cualquiera'./Ñito Salas
Justo Pérez con el libro de su debut editorial, 'Stropeao. Memorias de un niño cualquiera'. / Ñito Salas

Justo Pérez debuta en la novela con el relato de joven 'castigado' en el célebre colegio

Francisco Griñán
FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

Se la encontró debajo de un colchón. Era un sitio inusual para una libreta. De esas de clase, con la portada roja y páginas con cuadritos. Lo abrió y encontró una letra pequeña y preciosista que contaba la historia de un adolescente travieso, trasto y precoz al que las malas notas llevaron un verano al célebre internado del colegio San José de Campillos. El joven autor se dejó su biografía allí abandonada y Justo Pérez (Málaga, 1973) las descubrió cuando trabajó hace veintitantos años en el centro educativo. Eso es al menos es lo que cuenta el hoy profesor de Lengua y Literatura del Colegio Salvador Rueda de Vélez-Málaga que, cuando se le pregunta si la historia de aquel manuscrito es parte de la ficción o real, juega al despiste y pone cara de sonrisa maliciosa tras la que no es difícil imaginar al díscolo protagonista de 'Stropeao. Memorias de un niño cualquiera', que retrata desde el humor aquel mito escolar del internado de la Vega de Antequera, a la vez que habla de un pueblo nunca nombrado, pero tras el que se adivina Fuengirola. Una localidad en la que crece el personaje principal –que tampoco revela nunca su nombre– y que, casualmente, también fue el escenario de infancia del propio Pérez.

'Stropeao. Memorias de un niño cualquiera'

Autor
Justo Pérez
Género
Novela
Editorial
Tandaia
Páginas
214 páginas
Precio
16 euros

«Tengo muchos amigos que estudiaron en Campillos y la verdad es que después no aprobaban, pero tengo que decir que las historias que generaba aquel internado daban para mucho», reconoce Justo Pérez, que ha convertido en novela la historia de uno de aquellos chicos castigados no solo a recuperar, sino a enderezar sus vidas. Desde luego, esto último no es el caso del protagonista sin nombre que se sirve del humor ácido, gamberro y sarcástico del que no se libra su familia –especialmente sus tres hermanas–, sus abuelos, los colegios de curas, sus compañeros de clase e, incluso, su primer amor, la Sussy Cineros.

Humor sin mofa

«La verdad es que el niño es un poco insoportable y pese a que va de sobrao por la vida se ve que es un perdedor», confiesa Justo Pérez, que admite que la novela tiene cierta herencia de la literatura picaresca española. «En nuestro ADN cultural tenemos un fondo de picaresca y además yo, por profesión, leo todos los años el 'Lazarillo'», admite el autor que, siguiendo la distinción de Andrés Trapiello, sitúa la novela en el «humor cervantino frente al quevedesco, es decir, el vitalista que nace del dolor y la desesperanza de la vida frente al vidrioso que pasa de la caricatura para entrar en la mofa y la ridiculización».

Fuengirola es otro de los escenarios de esta novela influenciada por Miguel Romero Esteo

Además de esa tradición literaria, 'Stropeao' –transcripción fonética en andaluz que se refiere al estado del protagonista del relato– también rezuma su «fascinación» por el «maestro» Salinger y su 'guardián entre el centeno, reconoce Justo Pérez. Aunque si hablamos de influencia, el autor fundamental –también figura en las dedicatorias– es el dramaturgo y escritor recientemente fallecido Miguel Romero Esteo. «Me contagió la actitud ante la literatura, ya que sostenía que era mejor hacer una obra original aunque fuera fallida frente a algo manido aunque estuviera bien hecho», recuerda Pérez, que ha seguido este postulado, aunque se niega a ponerse delante de su nombre el título de escritor. «Ahora cualquiera escribe y publica, pero para ser escritor necesitas una carrera a largo plazo», considera.

Tal vez por ello y a juzgar por las risas que ha despertado la novela entre los lectores, el todavía novel autor está pensando en ampliar estas memorias y convertirlas en una saga. «Igual encontramos otra libreta por ahí», avanza Justó Pérez, al que no se le puede discutir una habilidad especial para encontrar historias escondidas en colchones donde la mayoría guarda sus ahorros.