'El Nix', la gran novela americana de 2018

Nathan Hill, en una imagen de archivo./WIKIPEDIA
Nathan Hill, en una imagen de archivo. / WIKIPEDIA

Nathan Hill retrata la sociedad de Estados Unidos de los últimos 50 años en su elogiado debut literario

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Una de las sorpresas literarias de 2018 ha sido 'El Nix', publicada en España por la editorial Salamandra, un sorprendente retrato de la sociedad estadounidense del último medio siglo que algunos incluso sitúan como aspirante al honorífico título de 'la gran novela americana'. Pero su autor, Nathan Hill (Iowa, 1979), que se estrena en el género con esta obra, asegura que cuando empezó a escribir 'El Nix' no era esa su intención «porque ninguna novela puede capturar la totalidad y la diversidad de la experiencia americana», así que se siente agradecido, pero no comparte, los elogios y las comparaciones con Theodore Dreiser, Nathaniel Hawthorne o Jonathan Franzen. «Quería hacer una captura de lo que es, para mí, vivir el momento actual. Y lo que yo veo ahora es algo caótico y abrumador», relata.

A través de la historia de un profesor universitario desencantado, Samuel Anderson, de su madre, Faye, una antigua hippie que en un arrebato ataca a un político importante, y de Bethany, una antigua novia cuya presencia Anderson no puede borrar, 'El Nix' encierra una reflexión sobre esos asuntos «del momento actual» que «continuamente aparecen en los teléfonos móviles o en los canales de televisión cuando uno está caminando o en el gimnasio», cuenta el escritor: los abusos sexuales, las guerras, la tecnología, la corrección política... Temas muy grandes que sin el talento literario de Hill podrían haberse desperdiciado, pero que el autor canaliza hasta lograr una unidad con todo el sentido.

La imagen del 68 revolucionario en Estados Unidos, con el amor libre, las drogas y la lucha contra la guerra de Vietnam como iconos principales, sirve a Hill para asegurar que las cosas, en su país, apenas han cambiado en los últimos 50 años. «En 1968, había dos caras de Estados Unidos chocando una contra la otra 'como placas tectónicas', como describió un periodista. Los hippies decían que todos los políticos y todos los policías eran unos fascistas, y ellos decían que los hippies apestaban. Todo se reducía a un estereotipo y todo eso no cambia. Acabo de leer un estudio que dice que en la actualidad, los estudiantes se consideran menos moderados que en 1968».

Nathan Hill sonríe cuando se le pregunta por sus dotes proféticas: uno de sus personajes, el gobernador Parker, es un populista con muchas similitudes con Trump que acaba alcanzando el poder. «Pero es cierto, lo escribí antes de la aparición de Trump», concede. «¿Por qué Trump es presidente? La respuesta es sencilla: es algo complicado. Podríamos decir que ha habido algunos 'fallos del sistema', la crisis económica, la desigualdad, y un sentimiento de que el orden neoliberal favorecía a las élites en lugar de a los ciudadanos normales. También hubo brechas culturales: al llegar el primer presidente negro a la Casa Blanca, algunos blancos se llenaron de resentimiento y percibieron una pérdida de poder cultural. La tecnología también generó un fallo, produciendo más división a través de los canales de televisión por cable o Facebook. Y finalmente, los errores políticos, con Hillary Clinton permitiendo que se le pintara como una candidata del establishment».

La novela, por supuesto, tiene también tintes autobiográficos. En sus momentos más negros, Samuel Anderson cae en una adicción a los videojuegos que en ocasiones genera escenas hilarantes. «En mi primer mes en Nueva York me ocurrieron cosas muy malas. Perdí un ordenador en el que tenía una novela escrita, no tenía dinero... Y acabé jugando unos pocos años a los videojuegos en un nivel de adicto. Aquello comenzó a preocuparme porque yo notaba que me dañaba el cerebro, es lo que tiene estar jugando durante seis horas al día, que ya no puedes funcionar como una persona normal. Leí estudios y descubrí cómo muchas horas con los videojuegos o navegando por internet cambia la morfología del cerebro. Puede que los videojuegos provoquen en mucha gente comportamientos aislados y peligrosos».

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