Los microrrelatos del domingo 18 de agosto

Los microrrelatos del domingo 18 de agosto

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Iván Cerdán Bermúdez Ahorro

Me queda un regusto amargo en la boca. Es un sabor que atrapa. He intentado no cocinarlo todo igual. Papá mira recetas. Hay trozos que los dejamos más crudos para que tengan más propiedades. He congelado mucho. No creo que mamá se ponga mala ni que su carne aporte colesterol. Brindamos por ella y para que su pensión nos dure siempre. Los gemelos de mamá con queso parecen cachopo. ¿Y la del dinero que nos ahorramos en el mercado? Para papá y para mí simplemente es eutanasia con amor.

Eduardo Calderón Tuyo siempre, Robespierre

Mientras llevaban al cadalso al último reo, la turba celebraba el izado de la cuchilla que rebanaría el pescuezo de otro infeliz. En medio de aquel entusiasmo, observaba de reojo a Danton, y percibía que en su mirada ya no brillaba el fulgor revolucionario de antaño. Ay, qué lejos quedaban aquellos sueños jacobinos que compartieron con tanta pasión. Pero ya no era el mismo, se había vuelto pusilánime y sentimental. De modo que decidió invitarlo a un almuerzo para tratar pormenores y limar discrepancias. En su nota terminaba: «te ruego puntualidad, mon ami, ya sabes que después de comer me gusta echar una cabezadita».

Lola Acosta Mira Mil trescientas calorías

Tengo sobrepeso y la tensión alta. Los análisis no han podido ser peores: colesterol, azúcar, transaminasas… El médico me ha hecho serias advertencias y me ha prescrito un régimen estricto de mil trescientas calorías, que cumplo a rajatabla. Nada de vinos ni cervezas, ni ensaladilla rusa, ni pescadito frito. Mi dieta se limita a verduras y pescado hervido, pavo a la plancha y alguna pieza de fruta. Todo sin sal. Para distraer mi hambre, al llegar la noche, intento contar estrellas, pero al mirar al cielo solo veo un queso de bola.

José María Rubio Por un segundo

Alex había llamado al peluquero para cortarse el pelo. Quedó para el día siguiente a las once. Al llegar a la peluquería observó cómo su peluquero no se encontraba allí. Llamó al timbre y el aprendiz salió a su encuentro y abrió la puerta. Informó a Alex de que, Juan, su peluquero, se había marchado a urgencias porque tenía un ojo inflamado y no lo podía abrir. Tuvo que pedir nueva cita y pensó:

―Cómo cambia la vida en un minuto, ya sea para bien o para mal. A veces, el destino no podemos modelarlo.

Miguel Ángel García Díaz Puto destornillador

–Lo mejor sería ir por el destornillador, teniente.

Inmediatamente, me teletransporté en el almacén de herramientas.

–¿Qué se habrá creído? Sólo porque sea el capitán, no tiene derecho a hablarme así.

Cogí el puto destornillador con uno de mis doscientos cincuenta tentáculos y, tras desconectar la posibilidad de lectura del pensamiento de mi ojo galáctico, volví a la escotilla.

–¿Todo bien, capitán?

–Sí. Páseme el destornillador.

Mientras se perdía, flotando en el negro espacio, su ojo galáctico continuaba, inevitablemente, abierto. Una leve sonrisa en una de mis dos bocas delataba mi satisfacción, a la vez que la otra repetía:

–Misión abortada: hemos perdido al capitán. Vuelvo a casa.

Jmorn Caricias

Fueron dos días de silencio. Conversaciones justas, prácticas y miradas perdidas. Los últimos acontecimientos habían golpeado su relación con más de lo mismo. Él redoblaba su vida a base de mensajes, llamadas y escapadas. Ella callaba esperando una respuesta. Volvieron las conversaciones, los planes juntos, la enésima reconciliación y el eterno proyecto de volver a empezar. Tumbados en la cama, ella acariciaba su espalda. Sus manos suaves, simulando caricias, escribían en su espalda: No te perdono.

Andrea Gutiérrez Romero Dormir la mona

Al llegar el verano, Tarzán organizó una fiesta y, bajo un árbol, se puso a dormir la mona.

M. Eugenia Pereiro Barbero Etapas de la vida

Su primera vida fue variopinta dentro de un popurrí de felicidad, tormento, emociones, triunfos y fracasos hasta que, cansada, decidió morirse.

Al ver la luz en su segundo nacimiento estaba asustada, era un ser extraño con treinta y cinco años y niños a su alrededor. Al llegar a esta nueva vida, lógicamente le faltaba experiencia, poco a poco, palo a palo la fue adquiriendo. Sus ojos vieron la luz. Buceó en su interior, filosofó y volvió a morir.

El tercer alumbramiento fue diferente, nació vestida de buzo. Protegida por el neopreno vivió como un camaleón, de esa forma descubrió mundos nuevos aprendiendo a escuchar el silencio.

Karla Barajas Lugares comunes

De saber que las mariposas monarca conservan en el abdomen una dosis mortal para sus predadores, la abuela habría repensado la respuesta a la pregunta: «¿qué se siente estar enamorada?» Ahora que Rebeca residía internada en un hospital por tragar quince mariposas, meditaba sus comentarios.

—Si así se siente amar, es mierda —lloriqueó Rebeca agarrándose el estómago. La abuela pensó qué así se concebía terminar una relación, no el amar, pero esta vez guardó silencio.

Alejandro Robles Un fantasma

¿Para qué sirve un fantasma?, ¿a dónde va todas las noches, que nunca llega?, ¿qué universo de recuerdos esconde bajo esa manta amarillenta?, ¿quién le hizo tanto daño para que esté lamentándose por los rincones de la casa?, ¿quién lo encerró en aquel armario del que siempre intenta escaparse? Ese fantasma. ¿De qué le sirve perseguir a los que no podemos dormir?, ¿qué tanto hace ahí acurrucado en la bañera?, ¿cuánto paga de renta?, ¿quién le dijo mi nombre para que me llame con tanta insistencia durante la madrugada?, ¿qué libro busca desesperadamente en mis estanterías?, ¿tanto es el hastío en el que permanece sumido, que a cierta hora de la noche tiene que encender la radio?, ¿por qué a su paso deja un halo de fría melancolía?, ¿por qué desordena los retratos de mis abuelos?

Marisol Rodríguez Guzmán Un mundo paralelo

Estaba acariciando a mi perro tuerto, cuando de repente descubrí una grieta en la pared. Me acerqué para verla mejor y observé que algo se movía en el interior. Empecé a retirar el yeso creyendo encontrar una colonia de hormigas, pero al traspasar el muro, un mundo extraordinario se abrió ante mí.

Resulta que aquel habitáculo tan pequeño, disponía de un extraño ecosistema. Me adentré en aquel maravilloso mundo. Bajé por colinas de noventa grados, atravesé un lago de caramelo salado, vi pájaros de jade volando a mi alrededor. Una lluvia tornasolada pintaba sus alas de mil colores y ellos relucían como estelas nacaradas. Volví en busca de mi perro. Allí seríamos felices, allí no importaba que fuera tuerto.

Antonio J. Serrano Fontana El sueño cruel de Chuang Tzu

Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Tzu que había soñado ser una mariposa clavada en un alfiler y exhibida en el despacho de un entomólogo o si era una mariposa y estaba soñando ser Tzu, reo crucificado en un poste en una encrucijada de caminos.