Lucia Berlin: la turbadora belleza de unos cuentos verdaderos

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Lucia Berlin.

'Una noche en el paraíso' reúne veintidós relatos inéditos que se publican de forma simultánea en Estados Unidos y en España | Con historias de su familia, su alcoholismo o sus tres divorcios, aparecen tres años después de su deslumbrante 'Manual para mujeres de la limpieza'

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

Los cuentos de Lucia Berlin son cargas de profundidad. Esenciales y auténticos. Golpes secos y directos de literatura sin aditivos ni aspavientos. Relatos de turbadora belleza de una gran narradora cuyo talento brilló tras su muerte. Publicado hace dos años, 'Manual para mujeres de la limpieza', supuso su deslumbrante rescate. Un inesperado y sorprendente regalo para el lector que tiene ahora su continuación en 'Una noche en el paraíso' (Alfaguara), que reúne veintidós relatos inéditos que aparecen de forma simultánea en Estados Unidos y en España.

La crítica sitúa Berlin entre Raymond Carver , Alice Munro y otros gigantes del cuento estadounidense como Hemingway o Bukowski. Seduce por su estilo descarnado, no exento de ternura y de un humor sutil, y conectado con el realismo sucio. Con 'Manual para mujeres de la limpieza' el boca oreja funcionó mejor que la promoción editorial. Farrar Strauss and Giroux lo editó en EE UU y situó a Berlin en el lugar que merecía y la convirtió en narradora de culto a la autora de apenas un centenar de cuentos. En España se vendieron más de 100.000 copias de un libro considerado como el mejor del año por varios suplemento literarios y galardonado con el Premio Llibreter.

Dos de los hijos de la escritora son los responsables de esta colección de inéditos. Jeff Berlin se encarga de selección y Mark Berlin firma un prólogo que encadena anécdotas que retratan el indómito carácter de su progenitora. «Era una rebelde y una mujer con un arte extraordinario, y en su día su vida era un baile», escribe. Advierte que su madre escribía «historias verdaderas; no necesariamente autobiográficas, pero por poco».

Portada del libro.
Portada del libro.

Lucia Brown Berlin (Juneau, Alaska, 1936 - Marina del Rey, Los Ángeles, 2004) tuvo una vida azarosa y difícil. Hija de un ingeniero de minas y un ama de casa «fría, racista y alcohólica», vivió una infancia errante por Idaho, Montana, Kentucky y Texas, hasta que la familia se trasladó a Santiago de Chile. En 1968 regresó a la Universidad de Nuevo México, donde sería alumna del escritor español Ramón J. Sender.

Publicó sus primeros relatos a los veinticuatro años en The Atlantic Monthly y en la revista de Saul Bellow y Keith Botsford, The Noble Savage. Sus historias se inspiran en sus recuerdos: su infancia en distintas poblaciones mineras, su feliz y chic adolescencia en Chile, sus estancias en El Paso, Nueva York, México o California. También en sus tres matrimonios fallidos, su batalla contra el alcoholismo, o los trabajos alimenticios que desempeñó para mantener a sus cuatro hijos: enfermera, telefonista, limpiadora, profesora de escritura en varias universidades y en una cárcel. El cáncer de pulmón segó su vida a los 68 años.

Movidas increíbles

«Si intentara contar las peripecias de Lucia, incluso desde mi punto de vista (ya fuera o no objetivo), pasaría por realismo mágico», ironiza su hijo Mark. «Nadie se creería esas movidas», advierte. Relata cómo «recogió a Smokey Robinson en la Avenida Central de Albuquerque, y lo llevó fumando un canuto al concierto que daba en el Tiki-Kai Lounge». O cómo en la familia, «todos aprendimos a bailar en la playa, en los museos, en restaurantes y clubes como si fuéramos los dueños del lugar, en centros de desintoxicación y cárceles y galas de entregas de premios, con yonquis, chulos, príncipes e inocentes». «Nos reíamos del primer precepto budista: la vida es sufrimiento. Y de la actitud mexicana de que la vida no vale mucho, pero desde luego puede ser divertida», recuerda de una vida itinerante, «con un promedio de nueve meses en cada escala».

En los veintidós relatos de 'Una noche en el paraíso' vuelve a brillar el estilo claro de Berlin que «no juzga y exhibe su singular capacidad para representar la belleza y el dolor de las rutinas de la vida», destacan sus editores. También «su extraordinaria honestidad, su magnetismo, la familiaridad de sus personajes y su sutil y abrumadora melancolía».

Con seis libros de cuentos, no logró en vida un reconocimiento que no buscó. Su empeño era escribir y lo hizo mientras cuidaba a sus hijos y encadenaba empleos precarios, borracheras y resacas. «El hogar era siempre ella. Sobrevivió por lo menos a tres maridos y sabe Dios a cuántos amantes... ¡y eso que a los catorce años los médicos le dijeron que nunca podría dar a luz y que no pasaría de los treinta! Trajo cuatro hijos al mundo, de los que soy el mayor y el más problemático, y criarnos le costó horrores. Pero lo hizo. Y bien», agradece su promogénito. «Mucho se han cargado las tintas en su alcoholismo y ella tuvo que luchar contra la vergüenza de ese estigma, pero al final vivió casi dos décadas sobria, en las que produjo lo mejor de su obra, e inspiró a buena parte de la nueva generación con sus clases. Eso no sorprende, porque desde los veinte años enseñaba de manera intermitente», concluye Mark Berlin.

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