La crueldad de los escritores con su propia biografía

José Antonio Mesa Toré, Luisa Castro, Pablo Aranda y Javier La Beira, ayer, en el ciclo. /Salvador Salas
José Antonio Mesa Toré, Luisa Castro, Pablo Aranda y Javier La Beira, ayer, en el ciclo. / Salvador Salas

La autora gallega Luisa Castro protagoniza el ciclo Un Café Cargado de Lecturas y reclama «absoluta impunidad» en el uso de la autoficción

Francisco Griñán
FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

Es uno de los debates que más alimentan los corrillos literarios. El uso de la autoficción, los límites de la biografía, el filón inagotable de la memoria, la deformación de la ficción, la confusión entre lo real y lo inventado... La escritora Luisa Castro se sumó ayer a la discusión para (auto)declararse practicante de esta corriente literaria basada en la propia experiencia. Pero para reclamar que cuando lo vivido entra en contacto con la ficción ya pierde cualquier atributo de real. Por eso reclamó libertad para escribir sin cortapisas. «La distancia que yo experimento con respecto a mis propios sucesos me permite ser cruel con absoluta impunidad al escribir», aseguró Castro que participó en una concurrida edición del ciclo Un Café Cargado de Lecturas en el Hotel Molina Lario.

Poeta y novelista a partes iguales, la autora gallega ha mantenido más de una década de silencio editorial –desde la novela 'La segunda mujer', 2006– que rompió el pasado año con el poemario 'Actores vestidos de calle', en la que observa el mundo despojada de su condición de escritora tras tanto tiempo sin publicar y volcada en su faceta de gestora cultural como directora de las sedes del Instituto Cervantes en Nápoles y, actualmente, en Burdeos. Aunque lo más reciente son los versos, en la sesión de ayer de la charla organizada por el Aula de SUR y el Centro de la Generación del 27, con la colaboración de Obra Social La Caixa, se habló más de prosa que de rimas.

Luisa Castro comenzó refiriéndose a su largo silencio literario y a su abandono de la trinchera o el pedestal del escritor tras décadas entregada a la creación. Y aseguró que esa ausencia «no la siento como una falta», sino que su «sistema productivo» se ha adaptado en sentido inverso que la mayoría de sus colegas para crear «cada vez menos en lugar de más». Aunque ayer, en la que volvió a recuperar a la escritora que ahora está agazapada en su interior, confesó revivir sensaciones estimulantes. «Veo caras de amigos y personas que me recuerdan que existe la literatura –estaban entre el público los escritores Antonio Soler y José antonio Garriga Vela, y el poeta Ben Clark– y ese vinculo tan curioso que se establece entre el autor y el lector», comentó la escritora que recordó sus comienzos precoces en la literatura –ganó un premio literario con 12 años, pese a que su casa no había tradición y ni siquiera biblioteca– y no tardó en entrar en el terreno de la autoficción.

«Ir a saco»

«Es que lo de la autobiografía es un tema apasionante», comenzó diciendo la autora, que aseguró que las propias experiencias son inagotables como material literario. «Aunque se haga ciencia ficción, ahí está lo que vivimos», aseguró Luisa Castro, que añadió que disponer de todo ese mundo interior no le limita ni restringe a la hora de escribir. Más bien todo lo contrario. «Para mí hay una disociación inmediata al tratar asuntos que haya podido experimentar porque me distancio de ellos, lo que me permite sonreír ante mis propios sucesos, ser indulgente con otros e, incluso, cruel», sostuvo la autora, a la que le cayeron algunas críticas por usar su propia experiencia marital en su última novela, 'La segunda mujer'.

«Me sentí muy libre utilizando la autobiografía en esa novela, como en 'El Somier', que también bebe de la memoria, pero ambas tienen más porcentaje de ficción», explicó la también autora de la novela 'Viajes con mi padre' y el poemario 'Los versos del eunuco' (Premio Hiperión), que fue tajante al reclamar la libertad del escritor para llevar a la literatura cualquier experiencia: «No hablo de que sea moralmente aceptable, sino que hablo de ir a saco con algo que es de tu patrimonio».

Castro sigue acumulando experiencias, aunque ahora el mundo lo retrata en sus poemas. Su último libro también tiene que ver con su biografía ya que lo escribió durante su estancia en Nápoles. Y la ciudad italiana está muy presente, pero más en lo ambiental que en lo físico. «Por el momento, el Instituto Cervantes me da la excusa para no trabajar como escritora, aunque mi cabeza sigue poblada de novelas que proyecto escribir en el futuro ya que lo voy dejando todo para mañana», reconoció Castro. Tal vez en esa futura novela aparezca el encuentro de una escritora con los lectores. Un encuentro en el que, entre amigos, habló de la crueldad de los autores.