Consejos para vender una casa de uno de los mejores agentes inmobiliarios de España

Jacobo Armero./
Jacobo Armero.

En 'Historias de un agente inmobiliario', Jacobo Armero retrata sus sorprendentes experiencias en el sector de la compra-venta de viviendas y ofrece claves para entender el negocio

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

De la noche a la mañana, el arquitecto Jacobo Armero (Madrid, 1969) se vio atrapado por la Gran Recesión. Se acabaron los proyectos y tuvo que buscarse la vida, así que pasó de hacer casas a venderlas. Ese obligado cambio de vida se convierte ahora en el libro 'Historias de un agente inmobiliario' (Lumen), el relato tierno e irónico de las experiencias que Armero ha recogido en estos años de concertar citas con potenciales clientes y enseñar pisos.

Un trabajo en el que Armero ha conseguido diferenciarse de la competencia y conseguir varios reconocimientos dentro de su empresa. Tiene los premios RE/MAX Club 100% 2013, 2015, 2016 y 2018 y el RE/MAX Platino 2017 por su labor inmobiliaria, así que quien quiera vender un piso, seguro que encuentra útiles sus consejos:

1. La decepción no vende nada. No hagas fotos maravillosas que sean peores que la realidad. Las fotos deben ser neutras.

2. No hacer caso a lo que cuentan los vecinos sobre el valor de las viviendas. Los que compraron dicen que fue por debajo de lo que en realidad compraron y los que vendieron, por encima. Son rumores y no información fiable.

3. La estrategia de poner un precio alto con la idea de negociar después es un error. El precio tiene que ser competitivo desde el principio, porque las mejores ventas se hacen en el primer mes.

4. El descuento medio del precio del piso suele ser del 10% respecto al inicial, pero eso no quiere decir que sea una regla. A veces se podrá regatear un 5%, a veces un 30% y a veces, nada.

5. Solemos desechar los pisos interiores, pero hay que tenerlos en cuenta porque pueden ser muy interesantes.

Una historia compartida por muchos profesionales

«Mi historia es la de muchos pequeños empresarios, autónomos, periodistas o editores, profesionales con una formación alta que sufrimos las secuelas de la crisis, vimos nuestras carreras interrumpidas y descubrimos que teníamos que adaptarnos. Pero también es la historia de otra mucha gente que no ha encontrado la manera de volver a integrarse en el mundo laboral», explica Armero, que como arquitecto recibió el Premio Calidad, Arquitectura y Urbanismo de la Comunidad de Madrid, el Premio Urbanismo, Arquitectura y Obra Pública del Ayuntamiento de Madrid o el Primer Premio Medalla de Oro en la Expo Zaragoza 2008..

Él dio los primeros pasos en el sector en uno de los peores años de la crisis, 2013. «Muchos me decían que estaba loco, que cómo me metía en esto, si no había compradores. Pero yo pensaba que en este mundo había que estar posicionado para cuando las cosas fueran bien», cuenta este agente inmobiliario que, con mente abierta y sin que se le cayeran los anillos, descubrió una profesión apasionante que en ocasiones se parece más a la psicología que a cualquier otra cosa.

«Yo me he encontrado hablando con clientes de asuntos íntimos de los que no hablaba ni con mi mujer ni con mis amigos», dice Armero, que asemeja su trabajo al de un consejero personal: «Tienes que conocer bien al cliente y recomendarle lo que es mejor para él. ¿Conviene bajar 10.000 euros el precio de un piso para poder venderlo rápidamente? Pues muchas veces, conviene. ¿Cuánto valen los dolores de cabeza que te ahorras? Quizá más de 10.000 euros», afirma el autor.

La clave de su oficio, desgrana, no está en vender los pisos a toda costa, sino en ofrecer el mejor servicio a los clientes. «Un asesor no debe pensar en lo que le interesa a él, sino en lo que quiere su cliente. Vivimos de que nos recomienden, este es un negocio a medio-largo plazo y lo que necesitamos es una red de gente que nos recomienda», subraya Armero. «Los agentes inmobiliarios somos los puntos de conexión entre personas que dejan atrás su pasado y otras que miran hacia el futuro. En esos momentos se producen las situaciones más emotivas», señala.

El libro, escrito como autoficción, también es un retrato de su divertida familia y de la ciudad de Madrid, «que no tiene grandes monumentos, pero tiene alma». Por sus páginas de 'Historias de un agente inmobiliario' pasan algunas de las construcciones más reconocidas de Madrid, pero también los personajes que convierten a la capital de España en lugar carismático: un periodista de la CNT que fue su primer cliente, un grupo de lectura femenino cuyas componentes leen a Balzac en francés, 'bien sûr', peluqueros y dueños de bares que tiran las cañas con un estilo muy personal.