«Las ciudades son también mitos»

Mario Vargas Llosa regresó a Málaga doce años después de su honoris causa en la UMA. /Salvador Salas
Mario Vargas Llosa regresó a Málaga doce años después de su honoris causa en la UMA. / Salvador Salas

El Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa clausura un curso de la UMA sobre la literatura y las urbes

Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

Sus padres ya estaban separados cuando él vino al mundo. De hecho, durante sus primeros diez años de vida, creyó que su progenitor había muerto. Era la historia que le había contado la familia materna, con la que se criaba entre algodones. Un mal día, su madre le propuso hacer una excursión desde la ciudad de provincias donde vivían y recorrieron 1.200 kilómetros hasta llegar a Lima. Allí le presentaron a un señor y le dijeron que era su padre. La pareja se había reconciliado, el padre ausente quería quitarle al niño aquellas ideas de ser escritor y lo ingresó en el Colegio Militar Leoncio Prado. Allí conoció la soledad, el miedo y la violencia; pero lejos de ahuyentar los demonios de la literatura, allí encontró también el terreno abonado para hacer brotar años más tarde 'La ciudad y los perros', novela capital del siglo XX.

«No sé si esa idea está estropeada de Lima me viene por ese sentimiento hostil», confesaba en la tarde de ayer el Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa durante la clausura del seminario 'La ciudad como arquetipo', organizado por la Universidad de Málaga (UMA). Vargas Llosa emprendía una enjundiosa conversación con el crítico y escritor Juan Manuel Bonet en presencia de la directora de las jornadas, Guadalupe Fernández Ariza, quien recordaba que la primera tesis leída en la UMA versó sobre una novela de Vargas Llosa: 'Pantaleón y las visitadoras'.

Doce años después de ser nombrado doctor honoris causa por la UMA, Vargas Llosa regresaba «conmovido» a la capital malagueña para reflexionar sobre los vínculos entre la literatura y el urbanismo. O mejor, sobre cómo la creación literaria se filtra en la imagen que los lectores se componen de algunas urbes. «La literatura y las ciudades están íntimamente ligadas, porque las ciudades son también mitos. Hay unas imágenes que tienen que ver con la literatura que se superponen a las ciudades y que hacen de ellas mitos y leyendas», sostenía el escritor antes de aludir a París y Buenos Aires como arquetipos de urbes literarias.

«Cuando leí los mosqueteros de niño la idea que me hice de París me acompañó durante mi adolescencia y cuando llegué al París real me siguieron esas imágenes que enriquecían a esa ciudad», recordaba el autor de 'La fiesta del chivo' antes de rematar: «Mientras no existe una literatura sobre ellas, las ciudades son tristes y pasajeras».

Dumas, Balzac y Baudelaire, pero también Benjamín y Cortázar son algunos de los autores que han retratado París desde perspectivas diversas y también desfilaron en la tarde de ayer por la conversación entre Vargas Llosa y Bonet. Este último reivindicaba además las crónicas de tres autores latinoamericanos –César Vallejo, Alejo Carpentier y Miguel Ángel Asturias– como puentes indispensables para entender el trasvase cultural entre ambas orillas del Atlántico durante el siglo pasado.

Anécdotas y confidencias

Pasaban los minutos y la conversación entre ambos autores iba ganando fluidez hasta llegar al territorio de las anécdotas y las confidencias. Una imagen combinada con una vista de Lima y otra de Málaga presidía el escenario del salón de actos del Rectorado y el telón de fondo servía a Vargas Llosa para ofrecer uno de los momentos más divertidos de la cita.

El salón de actos del Rectorado se llenó para la ocasión.
El salón de actos del Rectorado se llenó para la ocasión. / Salvador Salas

Explicaba el escritor que la instantánea de la capital peruana presentaba un detalle de la escultura dedicada al general San Martín. «Fue encargada a un escultor francés que nunca había estado en Perú. Le indicaron que en la mano izquierda debía haber una llama votiva. El escultor se quedó sólo en lo de llama, sin votiva y así San Martín tiene en la mano izquierda una auténtica llama peruana, pero el animal», ofreció Vargas Llosa entre las risas del público que llenaba el salón de actos del Rectorado.

Los minutos finales de la cita fueron para uno de los acontecimientos que marcaron el rumbo de la narrativa del siglo XX: el llamado 'boom' latinoamericano protagonizado por Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Julio Cortázar y otros compañeros de generación y latitud. «Lo que ocurrió fue algo sorprendente», ofreció el autor sobre aquel fenómeno antes de añadir: «Ocurre lejos de América Latina, sobre todo en Barcelona y, a través de España, América Latina descubre que hay una literatura propia y novedosa».

Por eso, para el escritor el 'boom' restableció «la cercanía entre escritores españoles y latinoamericanos», al tiempo que trajo a aquel grupo de autores «una enorme ilusión» que espoleó sus respectivas carreras. «Es imposible no recordar el 'boom' con gran nostalgia», en palabras de Vargas Llosa.

Un 'boom' que estalló en Barcelona, pero también en París y su onda expansiva resonó en Bogotá, Buenos Aires, México D. F., La Habana... Literatura y ciudades. Ya lo dijo Baudelaire, y lo recordó Juan Manuel Bonet: «La forma de una ciudad cambia más rápidamente que el corazón de un mortal». Y esos latidos permanecen en los libros.

 

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