Álvaro García: «Mi doble suerte ha sido ser un poeta prematuro y un novelista tardío»

Álvaro García publica su primera novela, galardonada con el Premio Internacional Ciudad de Barbastro./FRANCIS SILVA
Álvaro García publica su primera novela, galardonada con el Premio Internacional Ciudad de Barbastro. / FRANCIS SILVA

El autor malagueño debuta en la narrativa con 'El tenista argentino', un relato donde la ciencia ficción y el terror no explícito sustentan una compleja historia de amor

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

«El mundo podía esperar», responde cuando se le pregunta por su tardía incursión en la novela. Su exquisito dominio del lenguaje le ha valido a Álvaro García (Málaga, 1965) los más prestigiosos premios de poesía, como el Loewe y el Hiperión, pero para atreverse con la narrativa necesitaba que actuara el paso de los años. «Con los 50 se te quitan todo tipo de vanidades verbales y de impaciencias estilísticas». Y los hechos le han dado la razón. Ahora sí era el momento de contar una historia que trascendiera el 'yo'; un relato que, partiendo de lo personal, se convirtiera en universal. 'El tenista argentino', su debut en la novela, ya está en las librerías de la mano de Pre-Textos tras ser galardonada con el XLIX Premio Internacional Ciudad de Barbastro.

'El tenista argentino'

Autor: Álvaro García. Estilo: Novela. Editorial: Pre-Textos. 196 páginas. España. 2018. Precio: 15 euros.

«Mi doble suerte ha sido ser un poeta prematuro y un novelista tardío», declara. La energía y la pasión de la juventud jugaron a su favor en la poesía, pero la quietud y la experiencia de la madurez le han permitido dar el salto a la novela. «Y quizás ya no se cometan los errores de un primerizo. A partir de los 50, uno tiene más conciencia de lo que pretende y puede retratar la vida en común y no su vida interior», argumenta. En su opinión, si uno escribe solo para expresarse, «está abusando de la literatura, aunque le pueda resultar muy saludable».

'El tenista argentino' nace de una necesidad de «comprender comportamientos incomprensibles» propios y de otros. «No es autoficción ni automemoria», insiste. Se basa en lo que conoce, en lo que le resulta familiar, para ir más allá. Su protagonista es un neurólogo que ha trabajado en Londres en una tesis sobre «algo que en Europa es tabú: la modificación del miedo mediante tratamiento». El científico tampoco es inmune a ese 'mal' y decide volver a la seguridad de su tierra, al sur, «donde hay espontaneidad y donde es posible que surja el amor». Y así sucede: empieza una relación con una joven empresaria, viuda del tenista argentino, que va a estar marcada por la presencia del fallecido y el miedo de ella a avanzar. «El muerto es el más vivo de esta historia, porque la existencia no es solo física. Eso es evidente. Uno tiene que hacerle sitio a los muertos», defiende el autor.

Esa investigación que persigue deslastrar de miedos a los individuos aporta un toque de ciencia ficción a la novela. «Al trastorno obsesivo compulsivo o a la depresión las consideramos enfermedades, pero el miedo no tiene esa consideración y todo el mundo lo padece», analiza Álvaro García, que dedica varias páginas a abordar un asunto para el que se ha asesorado científicamente con neurólogos, como Francisco Errazquin.

Es también un buen recurso literario. «La literatura es el único arte que todavía vive de sus miedos. El miedo es rentable en psiquiatría y en novela», sentencia. En 'El tenista argentino' hay algo terrorífico sin necesidad de monstruos ni fantasmas, basta con la vida cotidiana de una pareja. Él se parece al muerto, tiene la misma talla de ropa que el muerto... y hasta se la prueba. «El muerto reivindica su derecho a estar», apunta el escritor, que habla de una especie de «crimen pasional inverso: del muerto sobre el vivo». Un terror no explícito, que no se sabe bien si está en la realidad o en la mente, que Álvaro García ha aprendido de su admirado Henry James.

«Con los 50 años se te quitan todo tipo de vanidades verbales y de impaciencias estilísticas»

También hay amor y erotismo entre estas 196 páginas. Pero, como en la poesía, Álvaro García huye en la narrativa de los sentimientos primarios, del 'tú me quieres, yo te quiero' sin más. «Lo que me interesan son los sentimientos complejos y entrecruzados», asegura. Y todavía falta un último ingrediente: el humor «desolado», en palabras del poeta. «No lo he buscado, pero me he sorprendido a mí mismo con combinaciones imprevistas con las que me he reído muchísimo», confiesa.

La historia no se ubica en un lugar concreto, pero en su cabeza es Marbella. Conoce bien a sus gentes y ha vivido su ambiente de ciudad costera y cosmopolita, el sustrato apropiado para su novela.

Álvaro García escribió 'El tenista argentino' «de un tirón» en apenas un mes. «Durante un tiempo, he estado levantándome muy temprano por el puro despertador interior, porque quería seguir con esa historia. Ni podía dormir bien», explica. Y era feliz. «Estás desde las siete de la mañana hasta las cuatro de la tarde escribiendo y no te has dado ni cuenta. Hay tanta irrealidad en la vida, tantas amistades virtuales, tantos 'tengo 3000 amigos y ninguno se puede toma una cerveza', que la novela te da una realidad que no encuentras en la propia realidad», reflexiona. Además, en esta aventura narrativa se sentía totalmente libre, sin el prurito que da la profesionalidad, sin la presión de superar un trabajo anterior. «He escrito lo que quería y de la manera que quería», asegura.

Y parece que solo es el principio. Parafraseando a Antonio Muñoz Molina, «la felicidad está en las novelas» «Y no me quiero privar de ese placer en el futuro», añade. Pero el poeta no se ha ido: «Justo hoy estaba pensando en escribir un poema, hacía tres años que no me pasaba».

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