Gabriela Wiener hace de su vida una crónica

Gabriela Wiener, autora de ‘Llamada perdida’. /
Gabriela Wiener, autora de ‘Llamada perdida’.

La escritora peruana, exponente del periodismo 'gonzo', publica 'Llamada perdida', en la que repasa sus obsesiones cotidianas

ANTONIO PANIAGUAMadrid

Gabriela Wiener es una militante del periodismo narrativo y exponente de esa manera de contar que consiste en hacer una inmersión en la realidad de la que se quiere hablar. Esta limeña que escribe crónicas íntimas sin caer en lo exhibicionista o lo egocéntrico ha firmado un pacto implícito con el lector que pasa por no inventar nada. En Llamada perdida (Malpaso), su último libro, recopila apuntes autobiográficos y dos semblanzas sobre Corín Tellado e Isabel Allende que contrastan con los reportajes gonzos de Sexografías (2008), un libro en que describía sin remilgos las prácticas sexuales más desinhibidas.Al final he tenido que aceptar que mi literatura es otra, la de la no ficción. Ése es mi esfuerzo: contar lo vivido, asegura Wiener.

Como ya hacía Hunter S. Thompson, uno de los fundadores del periodismo gonzo, que contaba lo que acontecía a base de vivir hasta la mímesis con los protagonistas de la noticia, Gabriela Wiener acaba siempre hablando de sí mismo. Si Thompson eligió una pandilla de moteros salvajes de California para convivir con ellos varios meses y relatar la experiencia, Wiener ha escogido su propia persona como asunto narrativo. No es un libro de madurez. Me gustan mucho las historias que no terminan de crecer, lo irresoluble, los conflictos que se mantienen en el tiempo. Busco asuntos cotidianos, de mi vida diaria con la gente y que, de repente, desatan el punto de partida de un relato.

Llamada perdida es un libro impudoroso, por cuanto la autora aborda con valentía sus delirios y flaquezas, sus fobias y complejos, su obsesión por el número 11 o sus veleidades con el esoterismo y la reencarnación. ¿Cómo lo puramente personal puede transcender sus limitaciones y convertirse en un asunto de interés colectivo y de dimensión política? Puede parecer una misión imposible, pero no lo es. Hace años quiso donar óvulos y el médico que la atendió lo descartó por tener rasgos amerindios. Como se ve, lo íntimo también tiene una vertiente política. Como lectora me gusta encontrarme autenticidad, y cuando no la encuentro eso dejo el libro que estoy leyendo.

Wiener, que concibe el periodismo como una forma de creación, ha vencido la pudibundez. En su niñez y primera juventud era apocada y sufrió el acoso de sus compañeras de colegios, hasta que dijo basta. La escritora se rebeló y abrazó la indiscreción e incluso la impertinencia. No sé si es valentía u osadía, pero sí es una manera de quitar el tapón, lo cual resulta muy liberador.

La periodista ha publicado sus crónicas en revistas como Etiqueta negra, Virginia Quarterly Review, Primera Línea, Soho y Paula, entre otras muchas publicaciones. Durante años fue redactora-jefe de la edición española de Marie Claire hasta que se cansó de postular un ideal de mujer que le repugnaba. Abandonó su apartamento en el centro de Madrid, cerca del Congreso de los Diputados, y se fue a vivir a un garaje del barrio madrileño de Carabanchel. Hoy, como tantos, periodistas, es víctima de la precariedad, pero se encuentra más en armonía consigo mismo. Me sentía bastante inmoral escribiendo columnas feministas y trabajando en una revista que propone una mujer normativa, única y muy cruel con las que no alcanzan esos estándares.

Después de renunciar a un puesto cómodo en la redacción, Gabriela Wiener vive ahora de las crónicas y artículos que escribe para Latinoamérica, algo que hace años le hubiera parecido inimaginable. Los precios que se pagan a uno y otro lado del Atlántico se han emparejado. Como toda informadora, su quehacer no escapa a la precariedad. Me han llegado a proponer pagarme en función del tráfico que generase en internet con un artículo, asegura que Wiener, quien se pregunta si el periodismo que viene estará determinado por el número de golpes de clic del ratón.

En la era del selfi, el reality y los egoblogueros, Wiener se siente perteneciente a una generación adscrita a la escritura del yo. No obstante, en Llamada perdida la periodista escribe sendas semblanzas de dos mujeres apartadas del canon literario y que cosecharon por igual el éxito y el desprecio: Corín Tellado e Isabel Allende. En ambos textos hay una reflexión sobre el oficio, sobre la vocación y sobre cómo opera el sistema literario para decir qué es literatura y qué no, argumenta Wiener.

La escritora no hace caso de los profesores de periodismo que prescriben la desaparición de la primera persona. Arguye que hay eminentes ejemplos que contradicen ese axioma. Ahí está Günter Wallraff, que se definía en sus propios libros como un periodista indeseable y que no dudaba de disfrazarse de negro, de turco o de empleado de una cadena de hamburgueserías para denunciar la explotación laboral y el racismo desde dentro. Wallraff decía que más peligrosos que él eran esos otros periodistas que no cuentan quién les manda ni quién les paga. Me gusta ese esfuerzo de transparencia.

Llamada perdida coincide en la librería con su poemario Ejercicios para el endurecimiento del espíritu (La Bella Varsovia).