Caballero Bonald: «Me parecía útil una poesía combativa en la dictadura, pero no me salía»

José Manuel Caballero Bonald, fotografiado ayer por su biógrafo, Julio Neira. /
José Manuel Caballero Bonald, fotografiado ayer por su biógrafo, Julio Neira.

El poeta jerezano inaugura las jornadas literarias sobre ‘La Generación del 50’, que organiza la Fundación Manuel Alcántara

FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

Todos eran poetas. Pero lo que les unía no eran tanto los versos, sino más bien que leían los mismos libros antifranquistas y compartían un gusto por la nocturnidad y una tendencia estimable por el consumo de bebidas alcohólicas. Un espíritu opositor que unió durante una época a un grupo heterogéneo en el que militaban Carlos Barral, Ángel González, José Ángel Valente, Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo o el propio José Manuel Caballero Bonald, que ayer inauguró las jornadas La Generación del 50, un ciclo que se desarrolla hasta mañana y organiza la Fundación Manuel Alcántara. Esa voluntad antifranquista creó lo que el poeta jerezano denomino el Grupo del 50 que, en realidad, compartían más «afinidades amistosas que literarias». De hecho, el propio Caballero Bonald confesó que en aquellos años de dictadura le «parecía útil una poesía combativa, pero no me salía».

Aquel movimiento contestatario nació a la sombra de Antonio Machado durante una reunión en 1959 en la localidad francesa en la que estaba enterrado el autor de Campos de Castilla, Colliure. Allí se citaron exiliados interiores y exteriores que compartían ideales más que una misma voz literaria, como explicó Caballero Bonald, que confesó incluso que su libro más influido por aquel Grupo del 50, Pliegos de cordel (1963), «es el que menos me gusta».

Y es que esa poesía social que postulaban tenía difícil rima con las prioridades literarias de la obra del propio Caballero Bonald y su «preocupación por el lenguaje». Por ello, el escritor jerezano desmitificó aquel Grupo del 50 y utilizó esta denominación para diferenciarlo de generación, un término más amplio en la que también incluyó a Luis Feria, a María Victoria Atencia o a Manuel Alcántara, «muchos más queridos» para él que incluso algunos de los que formaban parte del movimiento de Colliure. Unos poetas a los que además les afectó un «espíritu de autodestrucción» que llevó a muchos a final prematuro, desde el suicidio a la cirrosis.

El «superviviente»

El presidente de la Fundación Manuel Alcántara, Antonio Pedraza, aseguró que se esperaba ayer la (re)aparición en este ciclo del propio poeta y articulista de SUR «casi tanto como el regreso de José Tomás», pero excuso su presencia a última hora. Las jornadas llevan por subtítulo El legado poético de Manuel Alcántara y el propio Caballero Bonald no dejó pasar la oportunidad de recordar a «Manolo, a quien veo poco, pero aprecio y respeto mucho». El escritor jerezano, que aseguró sentirse un «superviviente» del Grupo de los 50 porque «casi todos han fallecido», también tiró de ironía y algo de coquetería para autodiagnosticarse: «A mí me flaquea el ánimo y la respiración, pero todavía estoy presentable».

Caballero Bonald, que estuvo acompañado de su biógrafo, Julio Neira, también fue protagonista de la mesa redonda organizada a continuación, en la que intervinieron los poetas José Infante, Aurora Luque y Elena Medel, la profesora Araceli Iravedra y el escritor Guillermo Busutil. La singularidad de Ángel González, el radicalismo de Valente y la reivindicación de las mujeres de la Generación del 50 (Gloria Fuertes, Carmen Conde, Cristina Lacasa, Carmen Martín Gaite o la propia Atencia, entre otras) o del «inclasificable» Rafael Pérez Estrado dieron una visión amplia de la Generación de los 50, más allá del centralismo de Madrid y Barcelona.

Por último, el coordinador del ciclo, Francisco Ruiz Noguera, presentó al poeta Luis García Montero que cerró la jornada con la lectura de versos de Francisco Brines, Ángel González y Caballero Bonald con los que quiso «reivindicar la poesía como un ejercicio de conocimiento y no como divulgación de consignas».