Lecciones de fotoperiodismo desde la primera línea del frente

Manu Brabo y Emilio Morenatti, ayer en el Rectorado de la UMA/Migue Fernández
Manu Brabo y Emilio Morenatti, ayer en el Rectorado de la UMA / Migue Fernández

Manu Brabo y Emilio Morenatti ofrecen un taller en la Universidad de Málaga

Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

Podrían ser las dos caras de una misma moneda. Uno amable, delgado y reflexivo. El otro alto, impulsivo y recio. Uno parece un profesor universitario y el otro, un motero. Incluso en su trabajo se aprecian notables diferencias; pero, por encima de ellas, prima una necesidad, un impulso: retratar el doloroso rastro de la guerra y el hambre al otro lado de sus cámaras. Una lección de periodismo, fotografía y vida que Emilio Morenatti y Manu Brabo compartieron ayer en el taller que ofrecieron en el Rectorado de la Universidad de Málaga (UMA) al hilo de la exposición 'Fronteras' que comparten en la Sociedad Económica de Amigos del País.

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«El mensaje que se transmite en la exposición es ir un poco más allá de los medios. No muchas veces tenemos el poder de construir este mensaje 100% nuestro y esta es una de las cosas bonitas de exponer», ofrecía ayer Brabo, Premio Pulitzer 2013, sobre el montaje organizado por la Fundación Unicaja y el Consejo Social de la UMA, con la colaboración de la Fundación Tres Culturas, promotora a su vez del II Foro TRESMED que acogió el encuentro con los reporteros.

Los dos reconocidos reporteros comparten sus experiencias relacionadas con las coberturas sobre los migrantes

Brabo y Morenatti coincidieron en la guerra de Libia de 2011 y el trabajo que ambos compartieron ayer sirvió para enfrentar sus puntos en común y sus divergencias. En aquella ocasión, mientras Brabo se empotraba en la primera línea del frente, Morenatti retrataba las oleadas de refugiados que salían del país en busca de un lugar algo más seguro. Las instantáneas de Brabo en blanco y negro, crudas y rudas, testigos de la destrucción y la muerte. Las imágenes en color de Morenatti con la vida peleando por abrirse paso en medio de ninguna parte. Y en unas y otras, las miradas de los migrantes. Sus ojos de incertidumbre, cansancio y terror. «Esta mirada es la mirada común», sentenció Morenatti, premio World Press Photo en dos ocasiones.

«Emilio se fija en perfiles y en miradas... Cuando yo entré a Libia por primera vez buscaba rock and roll, luego hay una evolución. Una búsqueda de una imagen que ayude a entender una totalidad», compartía Brabo antes de lanzar una de las reflexiones de la tarde: «Cuando veo estas imágenes de gente que huye pienso en los visigodos, en gente que salía pintando porque había otros con más mala leche que venían a por ellos. El mundo lleva a sí toda la vida. La cultura es una historia de inmigrantes».

La información y la intimidad

Y como en todo buen taller, la mecha prendió con las preguntas de la concurrencia. Alguien desde el público cuestionó a los reporteros sobre las dudas entre el derecho a la información y el derecho a la intimidad de las personas retratadas. Morenatti respondió primero: «Prevalece el derecho a la información. Esto no es gratuito, no es banal. Hay un sufrimiento colectivo que tiene que ser contando. Todavía no me he encontrado a ninguna persona que me haya dicho que no le haga fotos. Hay una sintonía, una empatía que parte de una idea: 'Yo voy a transmitir tu sufrimiento'».

Y Brabo fue más directo, como muchas de sus fotos: «Lo lamentable es que tenemos aquí hablando del derecho a la intimidad. ¿Qué cojones de intimidad? La intimidad la dejaron en Alepo». Brabo puso el dedo en la llaga del «buenismo» que a veces sobrevuela la cuestión para recordar que a Lesbos, «antes que cualquier ONG, salvaron a los inmigrantes los pescadores griegos, luego los fotógrafos de la zona fueron a la isla y después de ellos todos los demás». Y ellos estaban allí.

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