KISS: La agonía del beso eterno

KISS durante su concierto en la Plaza de Toros de Córdoba./Jon Sedano
KISS durante su concierto en la Plaza de Toros de Córdoba. / Jon Sedano

El grupo americano llenó la noche del jueves el aforo de la Plaza de Toros de Córdoba durante uno de los cuatro conciertos que ofrece en España

Jon Sedano
JON SEDANOMálaga

Parecía una invasión extraterrestre. Ocho láseres de color rojo apuntaban de forma aleatoria a un grupo de cientos de personas. Un estruendoso sonido metálico ocultaba los gritos y silbidos de la gente que se había congregado frente al escenario. De repente, una voz grave en inglés, que provenía de todas partes, cesó el ruido con unas palabras: «¿Todo bien, Córdoba? ¿Queréis lo mejor? Tenéis lo mejor. El grupo más caliente del mundo, ¡KISS!». La gigantesca tela negra que cubría el escenario, con el logo de la banda en el centro, se desprendía ante una explosión. Tras ella, entre luces y humo, una plataforma a modo de nave espacial descendía con los cuatro integrantes del grupo tocando al ritmo de 'Deuce'. Paul Stanley, Gene Simmons, Eric Singer y Tommy Thayer desembarcaban en la capital del califato.

The Blackmordia y Mägo de Oz habían ido caldeando el ambiente de la Plaza de Toros, pero lejos estaban de alcanzar la temperatura que consiguió KISS. Poco a poco, la grada y la pista se fueron llenando hasta que no cabía ni un alma en ellas. 7.000 asistentes habían hecho un pacto con los integrantes de KISS durante la hora y cuarenta minutos que duró el concierto.

El grupo americano, formado en 1973 por Stanley y Simmons, no contó en esta ocasión con su guitarrista y batería clásicos. Los roles del Hombre gato y Hombre del espacio fueron interpretados por los dos miembros que se unieron al grupo a finales de la década de 1990.

KISS durante su concierto en Córdoba. / J.S.

Acostumbrados a lo grandes escenarios en los que han tocado en otras ocasiones en España, el de Córdoba se antojaba algo pequeño, pero eso no quitó para que se pudiera disfrutar de un espectáculo visual digno de vivir al menos una vez en la vida. Pero no más. A sus casi setenta años, el líder del grupo, Paul Stanley, ya no es lo que era. Lejos quedaron sus gritos y vitalidad sobre sus altas plataformas. Ahora, reservaba su voz para animar al público entre canción y canción y para la traca final. Ejemplos como el de 'Flaming Youth' o 'Lick It Up' demuestran que ya no tiene fuerza.

Aquellos que acudan por primera vez a ver este espectáculo tal vez no lo noten. Toda la coreografía está milimetrada. Cuando llega el momento de elevar el tono, suena una explosión; cuando es necesario, otros integrantes del grupo suman sus voces, y si se requiere, Singer canta una canción clásica de Stanley, como 'Black Diamond'. Pero el Chico de las estrellas, álter ego por el que se conoce al líder del grupo, sabe ganarse al público: «Córdoba, esta noche es la noche. No hablo en español muy bien pero comprendo tus sentimientos y mi corazón es tuyo. ¿Córdoba, nada más tengo una pregunta? Are you Ready for the rock?», grita poco antes de que empiece a sonar 'War Machine'.

Las pantallas van mostrando imágenes del videoclip mientras que el Demonio, personaje al que da vida Simmons, se prepara para dar su espectáculo en la siguiente canción, 'Firehouse'. Erguido sobre dos gigantescas botas con forma de cabeza de serpiente, saca una antorcha con la apariencia de una espada. Se para en el centro del escenario y sopla, generando una bocanada de fuego mientras luces rojas y sonidos de sirenas lo envuelven.

KISS durante su concierto en Córdoba. / J.S.

Poco después, durante el solo de guitarra, Thayer va disparando cohetes desde su Gibson hacia diferentes puntos del escenario. Es el que más vitalidad de los cuatro tiene. Pero lo más impactante aún estaba por llegar. Poco antes de sonar 'God of Thunder', el centro se llena de humo. Una luz verde ilumina la cara de un maléfico Simmons. Desde su boca, un hilo de sangre, que luego aumenta, empieza a descender hasta cubrir toda su garganta. Sonríe hacia el público mostrando su larga y afilada lengua roja. Extiende sus brazos para exhibir unas alas de murciélago y se eleva en el aire hasta plantarse en una plataforma central. Los gritos de histeria de la gente son acallados cuando escupe la sangre sobre un pañuelo y lo lanza hacia el público. Allí, alguien corre a levantar su mano para alcanzarlo. Un fan acaba de conseguir su grial. En ese momento, el demonio dedica su voz al dios del trueno bajo una luz roja. Simmons ha sido, y continúa siendo, el gran espectáculo de KISS. Tal vez haya hecho algún tipo de pacto con su otro yo para que la edad no pase por él.

El final de la velada se acerca, pero un pequeño escenario situado en la otra parte de la plaza de toros da una pista de que aún queda algo más. Comienza 'Love Gun' y Paul Stanley se sube a una tirolina para atravesar por encima al público. Gritos, silbidos y aplausos son silenciados por las explosiones de fuego que salen del escenario. Tras cambiar de guitarra, el líder de la banda vuelve al plató principal para despedirse. Tras unos segundos sin luz, todo vuelve a iluminarse al ritmo de 'Detroit Rock City' y 'Rock and Roll All Nite'. Máquinas de humo lanzando confeti azuzan a un público que quema sus últimas energías a petición de Stanley, quien destruye su guitarra en el clímax sonoro. Poco después, una traca de fuegos artificiales, que ya la querrían muchas ferias, ilumina el cielo de Córdoba.

Los KISS, con más edad de la que querrían, lo han vuelto a hacer. Han disparado su arma del amor contra un público que no entiende de edad y al que une una afición: el Hard Rock.

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