Héroes y tumbas

MANUEL ALCÁNTARA

La gota fría se ha llevado diez vidas y ha arruinado a centenares y centenares de personas que tienen que seguir viviendo. La llamada Madre Naturaleza es neutral y lo mismo nos manda un tsunami que una piña tropical y a veces lo hace en el mismo territorio. Su historia es independiente de su geografía, pero suele cebarse en algunas regiones, preferidas con insistencia por la mala suerte. Ahora ha vuelto a mostrar esa preferencia por el Sudeste español. Está claro que los dioses no quieren a nadie, aunque favorezcan a algunos. Quizá sea una manera de vengarse de nosotros por haberlos inventado y, no conformes con eso, les hemos atribuido una infinita capacidad para ser crueles o benevolentes cuando seamos un montoncito de ceniza.

Las catástrofes naturales crean héroes y construyen tumbas. Un albañil llamado Juan, que habitaba una pedanía llamada El Esparragal, ha muerto por intentar salvar a una niña de nueve años. Según Nietzsche, para ser héroe hay que olvidarse de uno mismo. Es lo que hizo Juan, que era vinatero y probablemente no supo nunca quién era el tal Nietzsche y por lo tanto no tuvo que olvidarlo. Cuando la odiosa borrasca se olvide tendrá una tumba, pero nadie, salvo en los primeros días, irá a visitarla. Las estatuas no están hechas para este tipo de héroes. La prueba es que casi todas, un 90% de ellas, representan al conmemorado con levita o vestido de militar. Es de suponer que a los pájaros que se posan en el bronce les traiga sin cuidado la profesión de héroe.

«Turbias van las aguas, madre, turbias van, más ellas aclararán», se lee en el Cancionero Anónimo. Tan anónimo como Juan Asensio, de profesión vinatero. Juan Español. Se lo llevó la corriente por querer salvar a una niña. Como otros que quisieron salvar a la madre patria y tienen lujosos túmulos.

(Artículo de Manuel Alcántara publicado en SUR 1 de octubre de 2012)