El heredero del baile perchelero

Adrián Santana posa en el barrio del Perchel, que inspira su nuevo espectáculo. :: MIGUE FERNÁNDEZ/
Adrián Santana posa en el barrio del Perchel, que inspira su nuevo espectáculo. :: MIGUE FERNÁNDEZ

Sobrino nieto de Pepito Vargas, bisnieto de Aniquita y tataranieto de La Bizca, el bailaor representa la esencia malagueña en 'Las cuatro esquinas del Perchel' Adrián Santana vuelve a sus orígenes en el montaje que cierra la Bienal de Flamenco

MÁLAGA.

Tras casi dos décadas fuera de casa zapateando en los tablaos de Madrid y de medio mundo, Adrián Santana se propuso rebuscar en su pasado, volver al origen. Y en ese indagar, este sobrino nieto del gran bailaor Pepito Vargas y bisnieto de la cantaora Aniquita descubrió que sus vínculos con el arte jondo vienen de más atrás, de aquella a la que llamaban La Bizca, su tatarabuela, la que animaba con su cante y su baile las veladas en los corralones del Perchel. Porque todo viene de allí, de ese populoso barrio al otro lado del Guadalmedina cuna de una larga lista de flamencos malagueños. A ellos les rinde ahora homenaje en 'Las cuatro esquinas del Perchel', el espectáculo con el que Adrián Santana clausura el 14 de septiembre en el Teatro Cervantes la VI Bienal de Arte Flamenco de Málaga, que organiza la Diputación.

«Lo que he hecho ha sido encontrarme conmigo mismo», reconoce el bailaor malagueño, que el año pasado se alzó con el segundo premio del Festival de Cante de las Minas. Allí conquistó al jurado con un baile jondo, tradicional y personal, empleando el mantón y los palillos tan poco (o nada) usados por los hombres del flamenco. Dos señas de identidad que estarán también en este montaje, el de «mayor envergadura» de su carrera, donde firma la idea original y la coreografía y en el que baila y dirige a «cuatro bichos» del baile como artistas invitados.

La Lupi, Raquel 'La Repompilla', Carrete y Rafaela 'La Repompa' son sus particulares cuatro esquinas, sus pilares para este viaje en el tiempo hasta uno de los centros neurálgicos del arte jondo. Dos de ellos vivieron de cerca el bullicio de las calles percheleras, Rafaela 'La Repompa' y el veterano Carrete, que interpretará con su baile el tradicional oficio de la fragua. Las otras dos artistas son, como el propio Santana, bailaoras herederas de ese baile racial y con garra que tenía en los corralones de Málaga su principal escenario. La Lupi se meterá en la piel de La Paula, a quien ya revivió en la anterior Bienal de Flamenco de Málaga; mientras que Raquel recordará la repentina y trágica muerte de su tía Enriqueta 'La Repompa'.

Adrián Santana no se olvida de su tío Pepito Vargas, su primer maestro, con quien dio los primeros zapatazos cuando aún era un crío y ni siquiera tenía conciencia de sus orígenes flamencos. «Él me dio unas herramientas adicionales, me enseñó el baile más puro y tradicional al mismo tiempo que me formaba en el Conservatorio Profesional de Danza», recuerda el bailaor, que le hará un guiño en el espectáculo. No faltará un pequeño tributo al famoso circo de Manolita Chen, que se instaló en El Perchel en algunas de sus visitas a Málaga, con una parte cupletista por la que desfilarán figuras como Miguel de los Reyes.

Ambientado en los corralones percheleros, insiste Santana en que 'Las cuatro esquinas del Perchel' es su «visión particular» de aquella época y aquel lugar, una «fantasía» construida a partir de lo que los mayores de su familia le han contado y de todo lo que ha leído sobre los años dorados del flamenco en el barrio. «No pretendo recrearlo tal cual, mis recuerdos no pueden ser los mismos que los de ellos», añade.

Completan el elenco el cantaor Alfredo Tejada, ganador de la preciada Lámpara Minera del festival de La Unión en 2017, con Miguel Ortega y Antonio Campos, acompañados a la percusión por Javier Teruel y al toque por Francisco Vinuesa, también director musical del espectáculo.

En los tablaos

Adrián Santana ha bloqueado su agenda durante tres meses para tener el «tiempo y la libertad» necesarios para montar este espectáculo. Con base en Madrid, donde es un habitual de tablaos como el Villa Rosa y Las Carboneras, el malagueño ha pisado todos los continentes con su baile: desde la Acrópolis de Grecia hasta el City Center de Nueva York, con escala en Asia. Hasta quince veces ha viajado a Taiwán para subirse a un escenario, la última vez esta primavera. China y Japón también saben de su arte. Precisamente en el mítico tablao El Flamenco de Tokio se topó con una foto de Pepito Vargas en la pared del año 1982. Siempre tras sus pasos.

Hace unas semanas volvió de California, donde bailó e impartió talleres, y estos días cierra una actuación en Israel. Hay temporadas que, como admite, pasa más tiempo en el extranjero que en su propio país. Y vaya a donde vaya, Adrián Santana hace valer lo que le hace singular, con números en los adquieren protagonismo el mantón a modo de capote y los palillos. «Y soy de los pocos hombres que a día de hoy lo hacen», cuenta. Asociado siempre al baile femenino, Adrián Santana se libera de prejuicios y los emplea de manera natural desde que tiene uso de razón flamenca. «Cuando he sentido algo, lo he hecho. Tomé conciencia de que no era habitual después de utilizar esos elementos», asegura el bailaor. Un baile con raza y propio que pondrá el cierre a la sexta Bienal de Arte Flamenco de Málaga.