El buen «feeling» del Rockin'Race

Este festival ha rescatado los famosos tupés de antaño. /Migue Fernández
Este festival ha rescatado los famosos tupés de antaño. / Migue Fernández

Los estilos 'fifties', 'western' y 'rocker' dan color a Torremolinos en la 25 edición del festival: «Yo soy así, es innato»

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

Da igual que lleves el último modelo de camiseta comprado en una gran superficie. Aquí no vas a la moda. Porque aunque fuera parezca que la jornada transcurre con normalidad para un 8 de febrero de 2019, de puertas para adentro se vive un verano de los años 50. En un hotel de 234 habitaciones en la costa de Torremolinos, solo ocho huéspedes están al margen de lo que sucede. El resto forma parte de la «gran familia» del Rockin' Race Jamboree que estos días celebra la edición más concurrida de sus 25 años de historia. Bajo los tupés, las chaquetas de cuero, los pañuelos en la cabeza, los sombreros de 'cowboy' y las faldas midi hay músicos, científicos, restauradores, médicos y dependientes llegados de todas partes del mundo para disfrutar de bandas difíciles de ver en los circuitos convencionales, de una temperatura casi 20 grados superior a la de Finlandia y de un ambiente que transmite muy buen «feeling», la palabra más repetida en un festival donde el inglés es lengua oficial.

Bandas difíciles de ver en el circuito convencional, 20 grados de temperatura más que en Finlandia y el ambiente de diversión, alicientes de la cita

Pasado el mediodía, en el Hotel Barracuda ya no quedan entradas para la 'pool party'. Es la previa a los conciertos nocturnos en el Auditorium Príncipe de Asturias, el momento de relajarse al sol con una cerveza y refrescarse –aunque solo sean los pies– en la piscina con el country en directo que canta la 'cowgirl' Sarah Vista. Cuando de niña veía los 'westerns', «soñaba» con ser como aquellos vaqueros que salen vencedores de cualquier revés. Por eso, para esta londinese llevar sombrero y botas camperas es lo natural. «Está dentro de mí», asegura. Como dice Soledad Pastor, de Zaragoza: «Yo soy así, es innato, te nace de dentro. ¡Con un estilo contemporáneo me vería disfrazada!». Con su chaqueta vintage comprada en Nueva York y sus ondas en el pelo, se siente una mujer 'fifties' desde que recuerda por más que a diario lleve puesta la bata del hospital en el que trabaja. Sara Soto, investigadora, tampoco lo disimula cuando acude a reuniones de alto nivel en la Comisión Europea con su pelo rojo y sus tatuajes en el brazo. «Y a quien no le guste, que no mire». Pero gusta, eso es innegable. «Es más bonito que la moda de ahora», asegura Amelle mientras toma el sol apenas unas horas después de dejar atrás el frío de Estrasburgo.

Se saben diferentes. «¡Pero yo prefiero una familia así a una normal! ¡Viajamos un montón!», exclama Elisabeth. Tiene 14 años, pero no es la primera vez de la familia alicantina Pardo Talaya en el Rockin' Race. Junto a su hermano Adam, la joven acompaña a sus padres a festivales desde que era niña. «Aunque ahora yo voy a más que ellos», apostilla Adam, de 18 años, que ha volcado esta pasión por el rock and roll a su faceta de dj. «De comprar vinilos venimos», dice su madre.

La cultura 'rocker' es más que una música y una estética, la mayoría confiesa que le habría gustado vivir aquellos años. «Ahora somos esclavos del sistema y de la tecnología», dice el italiano Vince Deville, con su floreada camisa original de los 60. «Vivían de una manera más sencilla y había más relaciones de tú a tú. Fíjate, aquí hay poca gente mirando el teléfono», apunta Pastor. Cierto, este es el único festival en el que las cámaras de fotos de toda la vida le ganan la partida al 'selfie' del móvil. Una especie de ilusión que se mantendrá hasta mañana domingo.

«Lo que hicimos tuvo que ser algo muy fuerte para que la gente lo rescate así»

«Lo que más echo de menos de mi juventud es mi tupé», dice entre risas el argentino Johnny Tedesco mientras se atusa el pelo para la fotografía. Es la segunda vez que el pionero del rock and roll en Latinoamérica se sube al escenario del Rockin'Race. «Y esto no se ve en cualquier lugar», admite. A finales de los años 50 logró su primer éxito con el 'Rock del Tom Tom', compuesta cuando apenas tenía 14 años y soñaba con seguir los pasos de su «maestro» Elvis Presley. Fueron «buenos tiempos». Recuerda que por entonces ninguna madre le quería para su hija por su imagen de rebelde, «pero las niñas se volvían locas, era fantástico».

Su música evolucionó con los años, con las tendencias del momento, hasta que el público empezó a mirar atrás y a reclamar el rock and roll primigenio. Y ahí estaba él. «Lo que hicimos tuvo que ser algo muy fuerte para que la gente lo rescate hoy así». Él no viste hoy como un rockabilly, esos años que él vivió en su juventud ya pasaron. «Pero es muy grato verlo en el público de ahora». El rock and roll, asegura, «está muy vivo».

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