García Gual:«No es que a los alumnos no les gusten las Humanidades, es que se lo han puesto imposible»

Carlos García Gual protagoniza este viernes dos citas culturales en Málaga./ Henar Sastre
Carlos García Gual protagoniza este viernes dos citas culturales en Málaga. / Henar Sastre

El investigador y académico acude este viernes a Málaga para participar en un acto de la UMA y en un encuentro en la Librería Áncora

ANTONIO JAVIER LÓPEZ

De su mano han llegado los mitos clásicos a varias generaciones de lectores en español. Autor de obras referenciales sobre el mundo antiguo y la Edad Media; investigador, catedrático, escritor, académico y traductor, Carlos García Gual (Palma de Mallorca, 1943) emerge como un intelectual cercano a la definición de sabio. Y la agenda cultural malagueña brinda hoy una doble cita con él: a las 12.00 en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Málaga (UMA) y a las 19.00 horas en la Librería Áncora de la capital, a modo de colofón del ciclo 'Tras las letras: Málaga, literatura y traducción'.

–Esta tarde ofrecerá una charla titulada 'De los mitos griegos y su pervivencia literaria'. ¿Cuál es la clave de esa vigencia, a pesar de los siglos que han pasado?

–Para nosotros, la mitología griega ya no forma parte de la religión. Ya no creemos en esos mitos ni en esos dioses como objeto de culto, pero siguen viviendo en la imaginación. Esas historias inmortales de los héroes y de los dioses que sirvieron para toda la literatura griega, desde Homero, pasando por la tragedia hasta la última época... de todos esos mitos se alimenta la literatura. De alguna manera, la literatura occidental ha seguido con estas grandes figuras.

–¿Cree que personajes como Zeus, Afrodita o Sísifo siguen presentes en nuestro imaginario colectivo, ahora plagado de referencias audiovisuales?

–Creo que sí, la menos en una parte importante, quizá la más ligada a esa tradición culta que se manifiesta no sólo en la literatura, sino también en los museos, en la arqueología... Sí, creo que sigue aún viva y es curioso, porque aún tiene reflejos populares en algunas películas y en algunos relatos. En ese sentido, los mitos griegos se mantienen como pequeñas chispas en el panorama intelectual actual.

–Y dada esa actualidad, ¿imagina que una serie de televisión sobre la 'Ilíada' o la 'Odisea' pudiera alcanzar la misma popularidad que 'Juego de Tronos', por poner un ejemplo?

–Puede ser, aunque creo que se trata de cosas distintas. La 'Ilíada' y la 'Odisea' pertenecen al mundo de las lecturas, incluso al mundo de la educación más o menos académica, mientras que 'Juego de Tronos' tiene la enorme ventaja de estar difundido a través de la televisión en una serie muy popular. Aunque no tiene mucho que ver directamente con los mitos griegos, 'Juego de Tronos' sí tiene que ver con ese mundo mítico que está también en la Edad Media y que tiene que ver con los héroes, con las guerras, los monstruos... Ahí sí hay un repertorio, o un 'stock' de grandes temas míticos.

–Ya que habla de la educación, ¿echa de menos otros relatos o aproximaciones para acercar el mundo clásico a los más jóvenes?

–Siempre lamento que en los planes de estudio actuales, de Bachillerato y de las Universidades, el mundo de las Humanidades ha quedado muy reducido. Hoy día está reducido a mínimos en Latín y el Griego prácticamente ha desaparecido. Creo que hay una crisis de las Humanidades, pero que no es tanto interna, que a los alumnos no les guste estudiar eso, sino que se lo han puesto imposible. Es una pena esa pérdida. Vivimos en el mundo de la tecnología, de la ciencia, pero que haya un margen para esas reflexiones y miradas sobre el mundo antiguo me parece muy importante. Es cierto que el conocimiento tecnológico puede ser mucho más importante para la vida corriente; sin embargo, conocer a Platón o la tragedia griega o a Homero puede ser muy útil para la vida personal. Si se pierde ese conocimiento, esa reflexión que está en los antiguos, la vida se empobrece mucho.

–¿Puede el mundo clásico liberarnos, aunque sea durante un momento, de la aparente tiranía actual de la inmediatez?

–Más que de la inmediatez, creo que sería la tiranía de lo audiovisual. Estamos dominados por las pantallas, por la comunicación rápida, ya sea por los ordenadores, los móviles, la televisión... Eso ocupa muchísimo tiempo y el de la lectura se ha reducido mucho y hay que insistir mucho en que para el mundo de las Humanidades, la lectura es el vehículo esencial. La lectura y también el tener profesores un tanto entusiastas que abran el camino.

–De hecho, muchos profesores reiteran la dificultad creciente en mantener la atención de una clase, dado el nuevo patrón de atención que han traído los teléfonos móviles. ¿Comparte ese diagnóstico?

–Sí, sí. Los niños poco acostumbrados a leer y en cambio muy acostumbrados a pasar horas y horas con el móvil tienen una atención a veces muy limitada. Es uno de los grandes problemas: la distracción que supone manejar el móvil durante horas y horas. Realmente, se pierde el hábito de concentración que supone la lectura o una clase.

–Como helenista, profesor y divulgador, ¿qué estrategia plantearía a los padres para librar esa batalla en defensa del libro frente a las pantallas?

–Los niños hasta una cierta edad siguen leyendo, el hábito de la lectura suele perderse más tarde. Ahora hay unos libros muy atractivos para niños, libros ilustrados sobre el mundo mítico y el mundo medieval. Hay muy buenas publicaciones para niños. Luego se nota mucho aquellos niños que en su casa han tenido libros y los que no los han tenido. La cuestión creo que está en llevarles hacia el mundo de los libros, porque el mundo de los libros es también muy importante para la imaginación. Los mitos, no sólo los griegos, son muy importantes para la imaginación personal.

La biblioteca del abuelo

–En su caso, esa importancia nos lleva a la biblioteca de la casa de sus abuelos, donde creció.

–Así es. Tuve esa suerte de, ya de niño, tener a mano una gran biblioteca que manejaba con completa libertad. Eso no me ha pasado sólo a mí, casas con libros han tenido muchos niños, y eso marca mucho. Además, hay que insistir en que estos libros de los que antes hablaba son asequibles. Ahora hay muy buenas traducciones, ediciones de bolsillo... No es una cuestión de precio, como algunas veces se dice, es una cuestión de hábitos que puede crearse desde pequeños y creo que también eso proporciona una cierta felicidad.

–Ya que habla de la felicidad, ha comentado antes que el conocimiento del mundo antiguo puede servir para la vida personal. ¿Cree que también sigue siendo necesario para comprender un poco mejor el mundo actual, marcado por el vértigo de los acontecimientos?

–Sin duda. Los clásicos reflejan a su manera pasiones, temas, que tienen una cierta eternidad. Ahí están el valor, la generosidad, el enfrentarse a la muerte... Sin leer, uno vive en un mundo muy limitado en el tiempo y en el espacio. Conoce uno a los vecinos, puede oír las noticias, pero la literatura, antigua y moderna, aporta algo más. Creo que la imaginación humana es limitada y los grandes temas, las grandes pasiones, están en esta fantasía antigua.