Flamencos en estado puro

Carmen Córdoba y Manolo Santos, en una actuación reciente. /Archivo personal
Carmen Córdoba y Manolo Santos, en una actuación reciente. / Archivo personal

Manuel Santos y Carmen Córdoba son una pareja que forma ya parte de la historia del arte jondo en Málaga y que continúa actuando con la misma pasión de sus comienzos

ALEJANDRO DÍAZ

Solo era un niño de ocho años cuando cogió por primera vez una guitarra. Su padre regentaba un bar en Puente Genil, de donde es natural Manolo Santos, quien comparte su nombre artístico con el de su padre, en cuyo local se reunían los flamencos de la zona a hacer de las suyas cada día y donde paraban las 'troupes' de cante. Fue así como aquel niño fue creciendo entre soleás, seguriyas y demás palos de un arte popular que se ha transmitido de generación en generación y que es algo más que un estilo musical: más bien se parece a una forma de vida, de mirar el mundo y de entender y transmitir las emociones.

Manolo Santos comenzó a dedicarse profesionalmente a la guitarra flamenca bien joven. Eran los años sesenta cuando viajó a Madrid por primera vez con lo puesto a tocar en un tablao llamado Villa Rosa. «Estuve allí una serie de meses actuando y pude tocar con guitarristas de la época como José María Pardo o Pucherete», rememora Santos.

Allí tuvo contacto con un cantaor andaluz histórico: Antonio Ranchal y Álvarez de Sotomayor, 'El aristócrata del cante'. Era ya el año 68 y el diario 'Pueblo' organizó unas fiestas populares en la capital. Ranchal contó con Santos para su actuación. «Allí estaba la 'crème de la crème' de Madrid, en primera fila podía ver desde el escenario a Manolo Caracol y Melchor de Marchena», explica Santos, quien a pesar de aquel primer contacto con los grandes del flamenco de la época, regresó a su tierra natal.

Un amigo de su padre, que tenía mano con el mundo del flamenco y del toreo, le ayudó a ingresar en una compañía con la que estuvo rodando más de tres años. Y nada menos que con el mítico Juan Valderrama, con quien actuó por toda España. «Tocaba con guitarristas de la talla de Juan Habichuela o Manolo Carmona», cuenta Santos, quien formó parte del espectáculo del propio Valderrama y Dolores Abril 'No me quieras tanto', una obra pionera que fusionaba flamenco y teatro y en la que participó también el actor Antonio Martelo 'El Séneca', quien falleció en un accidente de tráfico y fue sustituido por Manuel Andrade.

Se conocieron en Bruselas en los setenta, donde tocaban en tablaos

Aquel espectáculo llevó a Santos por los mejores teatros de la España de la época. «Y también por los no tan buenos», ironiza. Las giras duraban medio año, aproximadamente, dependiendo de la temporada. Aquel espectáculo le devolvió de nuevo a Madrid, para la reinauguración del Teatro Cómico, ubicado en el paseo de Las Delicias. Santos había conseguido consolidarse en la primera línea del flamenco de la época, pero entonces tuvo que regresar a Puente Genil de nuevo para hacer la 'mili'. «Me dejaban tocar de vez en cuando, pero aquello duró un año y medio, salí completamente desconectado del mundillo, me fastidió un poco», dice Santos, quien encontró la oportunidad de tocar en un tablao de Marbella.

Era la época dorada de la Costa del Sol. Los restaurantes montaban tablaos en las propias terrazas. La fascinación del público extranjero por el flamenco estaba en pleno auge. Fue así como le surgió la oportunidad de ir a tocar a Bruselas a un restaurante de unos empresarios italianos y que, casualmente, vieron tocar a Santos en una noche del verano marbellí de la época. Y este no dudó en hacer las maletas y poner rumbo a la capital belga en coche tres días después junto a los italianos. Allí había una calle con locales de ocio cuyos nombres remitían a la costa malagueña:el Nerja, el Torremolinos...

Fue en uno de aquellos tablaos belgas donde Santos conoció a Carmen Córdoba, su mujer y pareja en los escenarios durante décadas. Córdoba llevaba años viviendo allí con sus padres y pronto se hicieron novios, se casaron y se instalaron en Bruselas. «Yo fui allí para tocar tres meses y resulta que me quedé siete años», bromea Santos. Pero la tierra llama y ambos decidieron trasladarse a Málaga. Adquirieron una vivienda en la barriada de El Palo. Y volvieron, una vez más, a empezar desde cero. Durante año y medio tuvieron que tirar de ahorros. Eran tiempos difíciles. Así que Santos volvió a poner rumbo a Bruselas para conseguir ingresos.

Con la llegada de su primer hijo, ya se instalaron ambos definitivamente en Málaga. En el año 1983 montaron su propio tablao, El Jabegote, que primero estaba ubicado en el Camino de Suárez y, posteriormente, en el Paseo de Sancha, justo frente a la discoteca Lemon. El Jabegote atrajo a muchos de los mejores cantaores de Málaga y coincidió con el 'boom' de las sevillanas. Tras quince años, en los que no dejaron de actuar a pesar de mantener un negocio, cerraron el tablao y siguieron con sus recitales. Los veranos eran y siguen siendo buenas épocas para tocar. Peñas, fiestas privadas y ferias les reclaman. Y ellos, encantados. Porque el flamenco es el hilo conductor de sus vidas, una pasión inagotable.

La historia continúa este verano

Manolo Santos y Carmen Córdoba llevan el flamenco en las venas. Juntos, y a veces por separado, continúan actuando. Celebran que los jóvenes tengan la posibilidad de formarse en dicho arte. Mientras tanto, ellos siguen con su canción:Santos estará a la guitarra en la Feria de Málaga en la Caseta de la Copla y de la Peña Juan Breva, mientras que Córdoba acompañará a las palmas en el Festival de El Palo, entre otras actuaciones previstas.