La Familia Addams prueba con eso del romanticismo

Una de las representaciones musicales llevadas a escena ayer. /Ñito Salas
Una de las representaciones musicales llevadas a escena ayer. / Ñito Salas

El musical se instala en Málaga hasta el 5 de agosto en una adaptación modernizada al más puro estilo Broadway

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

El telón del Teatro Cervantes se ha teñido de morado. Unos esqueletos tétricos presiden el escenario, que luce telarañas y afiladas luces naranjas. Se apaga la luz, y en la oscuridad empieza a sonar una música demasiado conocida como para que el público pueda resistir las ganas de dar palmas. En un lateral asoma Cosa, la mano con vida propia, que a cinco dedos baila la tonadilla inicial de la Familia Addams. Tras el éxito cosechado en Madrid, la adaptación musical del clásico televisivo de 1964 al estilo Broadway llegó anoche a Málaga para quedarse hasta el domingo 5 de agosto, y se estrenó con el patio de butacas lleno. En esta ocasión, el clan más terrorífico de Nueva York tiene que lidiar con el amor adolescente de Miércoles. A los Addams les toca probar con eso del romanticismo.

Desde el primer acto, la energía de la representación se instala en el escenario. Todos los miembros de la familia (Gómez, Morticia, Miércoles, Pugsley, Abuela, Lurch y tío Fétido) se reúnen en el cementerio para revivir a los ancestros de su árbol genealógico -un equipo de diez bailarines que cobra un gran protagonismo en la narrativa de la historia, haciendo las veces de marionetas del narrador-. A ritmo de salsa rockera y swing, Gómez presenta a sus queridos compañeros de mansión con incontables toques de humor adulto dirigido a los padres de los muchos niños que ocupaban las butacas. «Celebremos el orgullo... Addams; miembras y miembros del público...».

Ese humor arrogante, terrorífico y descarado que caracteriza a los Addams es una constante a lo largo de la adaptación se muestra modernizado en esta propuesta, a base de guiños para todos (o no todos) los públicos. Desde el popular baile adolescente 'swish swish' encarnado por Pugsley a numerosas referencias a la política («como el pelo de Trump o el gobierno nacional, voy mal, como un sueldo español, voy mal»), pasando por el WhatssApp, estos Addams están más actualizados que nunca. Pero a pesar de los chistes de mal gusto y de los trajes negros, la familia tiene que enfrentarse a una situación completamente nueva para todos sus integrantes: el repentino enamoramiento de Miércoles -magistralmente encarnada por Lydia Faires- de Lucas, un chico normal, «de los que ven el musical del Rey León».

Este romance y una visita de los suegros a la Mansión Addams ponen a los personajes (los tétricos y los normales) frente a otra realidad en la que los estereotipos dejan de ser tan fuertes y el amor se convierte en una alternativa más, incluso si hace que Miércoles se emocione «viendo vídeos de gatitos». La adaptación del clásico ha dado como resultado un espectáculo que en su estreno malagueño mantuvo pegados a los asientos a grandes y mayores, pese a que hay varios números musicales encajados de forma algo forzada, por dar espectáculo -tango incluido-.

Un despliegue total

En el plano técnico, la obra tiene una clara esencia Broadway que se ha adaptado al Cervantes de la mejor de las maneras. «Por motivos técnicos, la orquesta de la obra está ubicada debajo del escenario», advierte una voz al principio de la función, para recordar que absolutamente todo es en directo. Las tablas acogen coreografías con todos los actores bailando a la vez, rodeados de una escenografía mastodóntica que trasciende las tablas y mantendrá el Cervantes lleno de telarañas hasta que la función prosiga su camino.

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