Fallece en Málaga a los 93 años Fosforito, el último genio del cante
El artista, decano de los cantaores e integrante de una estirpe de grandes voces flamencas, aportó modernidad al arte jondo creando escuela
Se apaga la voz de Fosforito. El cantaor de Puente Genil y malagueño de adopción ha fallecido esta mañana en Málaga a los 93 años. ... Se va así el decano de los cantaores, de los últimos de una estirpe de grandes del cante con nombres como Manolo Caracol y Antonio Mairena. Hacía años que Antonio Fernández Díaz no cantaba en público, sobre un escenario. «Sesenta años de cantaor ya son suficientes, ya está bien», decía en una entrevista. Pero siempre, hasta hace nada, se arrancaba por taranto, soleá o seguiriya en las reuniones de amigos. Quien es flamenco, lo es hasta el final. «Eso está en la sangre», como reconocía él mismo.
El artista había sido sometido hace un mes a una intervención quirúrgica de carácter cardíaco que había superado, pero un empeoramiento de su situación a causa de una infección obligó a su hospitalización ayer miércoles. El legado que deja es inmenso y ampliamente reconocido. Dueño de la quinta –y de momento última– Llave de Oro del Cante, la máxima distinción del arte jondo, Fosforito aportó modernidad al flamenco con una forma de cantar única que ha creado escuela. «Con Antonio se subió un escalón en el flamenco», confirma el flamencólogo Gonzalo Rojo.
Su importancia en este arte ha sido «capital». Imprimió al cante una nueva forma de expresar, una metodología que hoy siguen numerosos alumnos. A Fosforito no le define un palo en concreto, «sino todos, remodelados a su manera». «Ha sido genial», concluye su amigo Gonzalo.
«¿Qué deja usted al flamenco?», le preguntaron en una ocasión. «Una forma. El cante está inventado, pero los cantaores que han tenido peso en la historia del flamenco es porque han creado algo respetando el fondo de los cantes. Han aportado una personalidad y una manera de cantar con un sonido propio», reivindicaba en 2017 en este periódico. Su maestría fue reconocida en universidades, incluso fue miembro de la Real Academia de Córdoba. «¡Impensable en un cantaor de flamenco!», exclamaba él con sorpresa.
Es un artista jondo de los de siempre, de los que pasaron muchas 'fatiguitas' para ganarse el pan y labrarse un nombre en los carteles. «En la posguerra tenía 7 u 8 años y con aquella carencia de todo me eché a cantar por las tabernas», contaba. De familia humilde, el niño Antonio actuaba por las ventas y en todos los espectáculos que se hacían por los pueblos. «Hasta hablaba con los dueños de los cines para cantar detrás de las películas... y ¡por nada de dinero!», recordaba. Penurias que forjaron su carácter y su voz.
Con solo 24 años, su carrera despegó al alzarse de forma sorprendente con todos los premios del Primer Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba. Un hito que nunca más se ha repetido. En los 60 viajó por el mundo con su arte cantando para el baile de Manuela Vargas y recorrió América junto a la guitarra de Juan Habichuela. Trabajó con figuras como Juan Valderrama, Pepe Pinto, La Paquera de Jerez, José Menese, Fernanda de Utrera, Porrina de Badajoz y El Cabrero, entre muchos otros.
Su discografía es amplísima (dicen que hay más de 40 discos con su firma), una auténtica enciclopedia sonora del flamenco de todos los estilos. Para la historia quedan ya las grabaciones de Fosforito al cante con Paco de Lucía a la guitarra. En 2005, recibió la última Llave de Oro del Cante otorgada hasta la fecha a un artista por su dominio interpretativo y por su importante labor para preservar los cantes antiguos.
En los últimos años le acompañó siempre el título de leyenda viva. Fue protagonista de numerosos homenajes y distinciones, desde la Medalla de Andalucía hasta la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes 2007. Uno de sus últimos tributos lo recibió, precisamente, en su tierra de acogida. Este pasado febrero fue condecorado con la Medalla de la Ciudad de Málaga y le nombraron Hijo Adoptivo. «Nunca imaginé que este viejo cantaor iba a tener el privilegio de ser adoptado por una madre tan hermosa: Málaga, te amo», concluyó su discurso. Y Málaga también le quiso mucho a él.
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