ÉXITO DE LA GALA TCHAIKOVSKY

MANUEL DEL CAMPO

Son pocos los compositores que arrastran un gran público a programas elaborados únicamente con su música y uno de ellos es Piotr Ilich Tchaikovsky (1840-1897), cuyas melodías, rica armonía y viva orquestación atraen. Como se ha escrito, "se evocan y contrastan emociones opuestas, la más oscura tristeza y la afirmación jubilosa". Por ello no debe extrañar -calidad de sus intérpretes aparte- la acogida que el público del Cervantes tuvo para con todo el repertorio: 'Obertura 1812', 'Concierto para violín y orquesta en re mayor' y 'Concierto n.º 2 para piano y orquesta en sol mayor' de la gala Tchaikovsky celebrada al cumplirse el 125.º aniversario del fallecimiento del compositor ruso.

En la escena del Teatro Cervantes, la Orquesta de la Academia Galamian, compuesta por alumnos y profesores de la misma bajo la dirección del maestro Tomás Grau y como solistas Jesús Reina (violín) y Josu de Solaun (piano). Arrancaba la jornada con la 'Obertura 1812', encargo de Nikolay Rubinstein (1835-1881), que conmemoró el 25.º aniversario de la Exposición Industrial y Artística. ¿Pieza ruidosamente patriotera? Coral del ejército ruso, temas de canciones populares, muchos ecos de 'La marsellesa', alusiones guerreras y una apoteosis sonora que concluye con el himno 'Dios salve al zar' (durante el régimen soviético sustituido por el coro final de 'Iván Sussanine' de Glinka (1804-1857). Brillante traducción de esta obertura con un despliegue notable de los vientos, réplica en los momentos más líricos y todo con la firmeza y el impulso dado por Tomás Grau con su dirección.

Siguió el programa con el 'Concierto para violín y orquesta en re mayor', obra de una gran dificultad que a su estreno tuvo rechazo y críticas muy negativas -alguna lo calificó de "música maloliente"- pero con el tiempo fue estimado tanto por los solistas como por el público. Magnífica interpretación del violinista Jesús Reina como virtuoso, espléndida cadencia en la línea del mejor Tchaikovsky, como el 'Allegro vivarissimo' que cierra el 'Concierto', enormemente veloz y enérgico, con evidente aplomo y seguridad. Y en el aspecto más cantabile la bellísima 'Canzonetta' del segundo movimiento, que emocionó por su estilo. Estuvo Reina bien asistido por los integrantes de la Orquesta de la Academia Calamian, en acertado acompañamiento que impulsaba el maestro Grau. Muy aplaudido Jesús Reina por el público como el resto de intérpretes, concedió dos bises de Paganini y J. S. Bach, que cerraron la primera parte de la sesión.

En la segunda escuchamos el 'Concierto n.º 2 para piano y orquesta en sol mayor', del que fue destinatario el citado Nikolay Rubinstein, quien murió antes de poder interpretarlo. Asumió la parte solista de piano Josu de Solaun, quien desarrolló un estimable trabajo, también virtuosista y con expresividad, pero tal vez con demasiado pedal en los pasajes 'forte'. Brillante el primer movimiento, destacó el siguiente 'Andante' (¿la colocación de la orquesta aquí en la segunda parte la motivó un acercamiento de los concertinos de violín y violonchelo para esos pasajes, también con el piano, que sugieren un triple concierto o un trío de cámara?) y con vitalidad el tercero y último movimiento. Excelente línea en los atriles de la orquesta, así como la maestría de Tomás Grau. Entusiasmo general, muchísimos aplausos y un bis de Dvorak para violín y piano con Jesús Reina y Josu de Solaun en perfecta compenetración clausuraron la gala Tchaikovsky.

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