Apertura, la escuela que quiere ser centro cultural

Míchelo Toro posa en la nueva sala de exposiciones de la sede que la Escuela Apertura estrenará en septiembre. /Silvia Penco
Míchelo Toro posa en la nueva sala de exposiciones de la sede que la Escuela Apertura estrenará en septiembre. / Silvia Penco

El centro estrena una ambiciosa sede en el Centro Histórico con sala de exposiciones a pie de calle

Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

«Ya no somos una escuela, somos un centro de fotografía y artes visuales». Míchelo Toro habla tan de prisa como piensa . Como se mueve. Y no para. De hablar, de pensar, de moverse. Hace más de dos décadas tomó el local en la calle Méndez Núñez que había acogido la sastrería de su padre y abrió una escuela de fotografía, tiempo después se mudaron a un piso luminoso en un inmueble del siglo XIX en la calle Granada de la capital, la que une la plaza de Uncibay con la de la Merced. Y justo al otro lado de esa plaza, en los primeros compases de la subida de la calle Victoria, la Escuela Apertura da los últimos retoques a la sede que esperan estrenar de manera oficial en septiembre. Y ese espacio desde el que ahora habla Míchelo Toro representa no sólo una mudanza, sino también un ambicioso salto cualitativo.

Más de dos décadas y de 600 alumnos al año contemplan a la Escuela Apertura, que ahora aspira a convertirse en centro cultural y protagonista de la oferta artística, de la mano de la nueva sala de exposiciones situada a pie de calle que sirve de carta de presentación de la nueva sede de Apertura y que recibe a quien cruce la fachada acristalada del centro. Al otro lado esperan autores esenciales en la fotografía española contemporánea. Chema Madoz, Juan Manuel Castro Prieto, Josep María Ribas i Prous, Alberto García-Álix, Carlos Pérez Siquier y otros muchos incluidos en la colección de Apertura, que con este montaje presentará sus credenciales en la nutrida oferta expositiva de la capital.

Con dos décadas de trayectoria y más de 600 alumnos al año, el centro de formación amplía sus instalaciones con la idea de abrirse a nuevas disciplinas artísticas

«Nuestra intención –avanza Toro– es organizar unas cuatro exposiciones al año con el objetivo de exhibir, en principio, sólo fotografía, aunque estaremos atentos a otras manifestaciones como el vídeo y la instalación». Una atención que Apertura presta desde hace tiempo en su faceta académica a disciplinas vinculadas a la fotografía y que en su nueva sede cobrarán más protagonismo. «Queremos ser un centro de artes visuales, no sólo una escuela de fotografía. De hecho, llevamos años siendo ese tipo de centro, pero nos faltaba creérnoslo», apostilla Toro.

Biblioteca y aulas didácticas de las nuevas instalaciones.
Biblioteca y aulas didácticas de las nuevas instalaciones. / Silvia Penco

Porque en esa tarea de autoafirmación juega un papel esencial la nueva sede de Apertura. Un local con más de 500 metros cuadrados distribuidos entre la planta baja, el primer piso y un sótano, frente a la plaza de la Merced. «Sabíamos que la inversión era más fuerte, pero teníamos claro que queríamos seguir en el Centro Histórico. Es la zona con más vida de la ciudad, con una oferta cultural que no deja de ampliarse y ese es el lugar donde queríamos seguir creciendo», aporta el director de la escuela, que en la actualidad desarrolla 23 cursos diferentes y cuatro másters.

La muestra inaugural reunirá obra de Madoz, Castro Prieto y Pérez Siquier, entre otros

Justo la sala dedicada a estos cursos de maestría espera en la planta baja al otro lado del espacio expositivo. El estudio malagueño de arquitectura MLKT ha diseñado espacios polivalentes que permiten diferentes distribuciones en las zonas destinadas a la formación, tanto en el piso bajo como en la primera planta. Allí sigue asciendo la fachada acristalada para dar luz natural a dos aulas modulables, una biblioteca, un plató y un espacio dedicado a exhibir los trabajos de los alumnos.

Diseño con sello malagueño

Para llegar al piso superior puede tomarse el ascensor –accesibilidad obliga–, pero merece la pena asomarse a la escalera roja que comunica el piso bajo con la planta superior. «La escalera es el nuevo icono de la escuela», remacha Toro entre ilusionado y expectante.

Apertura cuenta con más de 600 alumnos al año.
Apertura cuenta con más de 600 alumnos al año. / Ñito Salas

Apertura enfila unas semanas de descanso (relativo) después de casi un año de obras para convertir el local de un antiguo gimnasio en un centro de formación y exposiciones que deja todavía algunas sorpresas para el tramo final del paseo, ya en el sótano. Allí aguarda una sala de revelado analógico con media docena de ampliadoras. «El fotógrafo tiene que tener una formación completa y eso pasa sin lugar a dudas por aprender a trabajar en analógico, a disparar sin mirar después una pantallita para ver el resultado, por entrenar la mirada», reivindica Toro sobre los orígenes de la fotografía.

Y hablando de orígenes, al otro lado de las cortinas negras que impiden el paso de la luz a la sala de revelado, una mesa. La mesa de la vieja sastrería del padre de Míchelo Toro, que les ha acompañado desde el principio de Apertura. Porque, para saber enfocar el presente y el futuro, conviene tener presente todo lo aprendido en el pasado.

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