Escritoras malagueñas olvidadas

No tuvieron grandes retratos oficiales, privilegio reservado a hombres, pero desafiaron las reglas y cuestionaron el orden dominante para levantar obras poderosas aunque ignoradas

Escritoras malagueñas olvidadas
Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

No tuvieron grandes retratos oficiales enmarcados en oro, privilegio reservado a hombres, pero desafiaron las reglas de sus épocas y cuestionaron el orden social dominante. Escribieron sobre amor libre y maternidad, violaciones y sumisión, suicidio y matrimonio. Soportaron desaires y humillaciones, vieron cómo sus libros quedaban reducidos a títulos secundarios, arrugados como anécdotas sin importancia y tirados luego a la basura de la desmemoria. Fueron ignoradas tras su muerte, pero en vida consiguieron abrirse hueco a codazos, publicar y dejar constancia de que tenían una voz propia, algo que decir más allá de los silencios complacientes y las sonrisas decorativas a las que estaban destinadas por su condición de mujeres. La historia, su implacable filtro machista, les ha dado la espalda, pero aún guardan un as póstumo bajo la manga.

Las obras de escritoras malagueñas como María Rosa de Gálvez e Isabel Oyarzábal, y de otras autoras locales de adopción, como Gamel Woolsey, Jane Bowles y Mercedes Formica, iluminadas en el rincón de alguna biblioteca, esperan aún el rescate definitivo. Y la recuperación no es sólo cuestión de tiempo. También de justicia.

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A Oyarzábal le molestaban los corsés, como recogió en sus memorias: «Mi madre pensaba que ya tendría tiempo de apretarme cuando fuese adulta. Las otras niñas se enorgullecían de sus pequeños talles de avispa y me decían que siempre me recordarían como la niña sin cintura. Sus comentarios sólo lograron provocar mi indiferencia». Aquel detalle adquirió carga simbólica con los años. Nacida en 1878, hija de un matrimonio burgués y mestizo, resquebrajó el sistema patriarcal hasta conquistar nuevos espacios de igualdad y libertad. Plantó cara a Primo de Rivera para reclamar el sufragio universal y fue la primera mujer embajadora de España, cargo que ocupó en Suecia y Finlandia entre 1937 y 1939, y la primera inspectora de trabajo, puesto al que accedió mediante oposición. Llenó el Madison Square Garden con un discurso que denunciaba la insolidaridad internacional frente al avance del fascismo en Europa. Tuvieron que pasar más de 70 años, sin embargo, para que su autobiografía fuese editada en España.

Fueron ignoradas tras su muerte, pero en vida lograron abrirse hueco a codazos y publicar

María Rosa de Gálvez nació un siglo antes que Oyarzábal. Fue acogida por los Gálvez, aunque se sospecha que era hija natural de su padre adoptivo. Recibió una instrucción esmerada que completaría con talento y una ambiciosa aspiración dramática. Se separó de su marido, un ludópata que la llevó hasta la bancarrota, y cultivó la poesía y el teatro en una época hostil para las mujeres con vocación literaria. Adoraba el género trágico, aunque históricamente se haya destacado su labor como escritora de comedias. Defendió a las mujeres independientes, lectoras, subversivas y viajeras, con quienes se sentía identificada. A menudo su biografía, ejemplo de libertad, queda resumida en un solo capítulo: su presunta relación con Manuel Godoy, ministro de Carlos IV. Las cosas no cambiaron mucho en los siguientes cien años. También el impulso feminista de Oyarzábal colisionaba con costumbres y leyes, como demuestra el hecho de que su marido, Ceferino Palencia, fuese llamado por el juez en varias ocasiones para dar su consentimiento a los viajes de su mujer, además de manejar los derechos de sus libros por su condición de administrador de su economía. No era una sensación nueva. Isabel ya había padecido los zarpazos machistas en su paso a la adolescencia: «Un amigo le comentó a mi padre que mis piernas constituían una tentación y que debía cubrirlas. Deseé no tener piernas».

A la sombra de sus parejas

En otras ocasiones han quedado relegadas a la sombra de sus parejas. Aunque nació en Estados Unidos, Gamel Woolsey está enterrada en el Cementerio Inglés de Málaga, la provincia donde vivió junto a Gerald Brenan. Nunca fue una mujer convencional. Esquivó imposiciones sociales y religiosas para construir una mirada propia, una perspectiva poética y libérrima desde la que generó una producción literaria breve pero intensa entre la que destaca 'Málaga en llamas' y una colección de poemas aún no traducidos al español. Superó una tuberculosis, coqueteó con el cine durante su juventud, exploró la sexualidad en relaciones tormentosas y por momentos se vio superada por su afición a la bebida, pero sobre todo Woolsey se destapó como una extraordinaria cronista de la Guerra Civil, aunque nada de eso bastó para acabar reducida a «mujer de» Brenan.

Como Woolsey, también Jane Bowles quedó arrinconada por la fama de su marido Paul, aunque muchos editores y algunos colegas como Tennessee Williams y Truman Capote la consideraban una de las mejores escritoras de Estados Unidos, por encima de su marido. Reivindicó la libertad sexual y murió en 1973 en Málaga, donde pasó sus últimos años. Otra autora local de adopción fue la abogada y novelista Mercedes Formica, nacida en Cádiz. Aunque falangista, consiguió reformar 66 artículos del Código Civil que discriminaban a las mujeres. Su legado, como en el caso de muchas de sus colegas, quedó difuminado por el ajuste de cuentas patriarcal de la historia. Ahora, en un feliz renacimiento, todo ese polvo comienza a limpiarse.

Jane Bowles (Nueva York, 1917 - Málaga, 1973). Una escritora genial que rompió tabúes

Tennessee Williams y Truman Capote la consideraban una de las escritoras más talentosas, aunque subestimadas, de Estados Unidos. La novela 'Dos damas muy serias' y la pieza teatral 'En la casa de verano' explican por qué. Reivindicó la libertad sexual, superó una tuberculosis y, como Woolsey, disparó contra su propia salud por su atracción por la bebida. Dueña de una personalidad poderosísima, fue heterodoxa y extravagante... además de mujer de Paul Bowles. Aquel matrimonio ensombreció su obra pese a que sus méritos trascendieron el terreno literario; tumbó los tabúes de la puritana sociedad estadounidense y logró que muchos editores y algunos de sus colegas la consideraran el genio de la pareja, por encima de Paul. Pasó los últimos años de su vida en Málaga, donde murió en 1973.

Gamel Woolsey (Carolina del Sur, 1895 - Málaga, 1968). La gran cronista de la Guerra Civil

Fue poeta y escribió 'Málaga en llamas', una extraordinaria crónica de la Guerra Civil, aunque el golpe machista de la historia la haya relegado a su condición de pareja de Gerald Brenan. La escritora estadounidense, nacida en 1895, relató el aniquilamiento de la vida cotidiana, los efectos de los bombardeos entre sus vecinos de Churriana, arrastrados por una incomprensible espiral de sangre y venganza. Convirtió a gente corriente en protagonistas de aquel espanto. Paradójicamente, no encontró editorial en España hasta después de muerta, en 1998, cuando Temas de Hoy lanzó una versión traducida que, en la portada, apelaba a su matrimonio con Brenan como reclamo comercial. Murió de cáncer en 1968 y está enterrada en el Cementerio Inglés de Málaga.

María Rosa de Gálvez (Málaga, 1768 - Madrid, 1806). Un icono feminista ya en el siglo XVIII

Fue rescatada de un hospicio por una de las familias más poderosas de la Málaga de la segunda mitad del siglo XVIII: los Gálvez de Macharaviaya. Superó prejuicios machistas, intentos de ridiculizar su obra, juicios y conflictos matrimoniales. Dio rienda suelta a su ambición literaria y salió victoriosa de una apuesta dificilísima para cualquier mujer en aquella época. Sus dramas y comedias fueron publicadas y estrenadas con éxito en los principales teatros del Madrid de Carlos IV. Admiraba a las mujeres libres y subversivas, con quienes se sentía identificada, y denunció con inteligencia la opresión machista de aquellos años. Obras como 'Los figurones literarios' o 'Safo' dan muestra de su vocación feminista. Murió en 1806, cuando tenía 38 años. Fue enterrada sin pompa en Madrid.

Isabel Oyarzábal (Málaga, 1878- Ciudad de México, 1974). La pionera más reivindicativa

Nacida en 1878 en calle Peligro, próxima a la Alameda, está considerada una de las madres del feminismo moderno. La educación recibida en casa resulta fundamental para comprender su activismo, basado en un inquebrantable compromiso social. Fue la primera mujer embajadora de España, cargo que ocupó en Suecia y Finlandia entre 1937 y 1939, y también la primera inspectora de trabajo, puesto al que accedió mediante oposición en 1933. Tuvieron que pasar más de setenta años, sin embargo, para que su autobiografía, 'Hambre de libertad. Memorias de una embajadora republicana' (Almed, 2011), fuese editado en España. Oyarzábal había publicado este libro, escrito en inglés, una de sus dos lenguas maternas, en Estados Unidos en 1940 bajo el título original 'I must have liberty'. Tenía 62 años.

Mercedes Formica (Cádiz, 1913 - Málaga, 2002). La abogada que desafió al régimen

Convencida falangista, la abogada gaditana encerraba tantas contrariedades que encarnó como pocas el verso de Walt Whitman: «Yo soy inmenso. Contengo multitudes». Libró una dura batalla hasta conseguir reformar los 66 artículos del Código Civil que convertían a las mujeres en prisioneras de sus maridos. Era seguidora de Primo de Rivera y amiga de Lorca. La Sección Femenina canceló una de sus conferencias por reivindicar la incorporación de las mujeres al mundo laboral. Publicó algunas novelas bajo seudónimo y otras con su nombre. Desafió al franquismo desde dentro y, en plena posguerra, denunció el rasero machista que juzgaba de forma desigual el adulterio en hombres y mujeres. Murió en Málaga en 2002, cuando su memoria ya había sido aniquilada por el alzheimer.