Los elegidos del Ballet Nacional de Cuba, en Málaga

Viengsay Valdés y Daniel Hernández afrontan los roles principales de 'Cenicienta'. /Ñito Salas
Viengsay Valdés y Daniel Hernández afrontan los roles principales de 'Cenicienta'. / Ñito Salas

Llegan a la primera línea tras ocho años de intensa formación y duros procesos de selección. Los mejores bailarines de la isla vuelven este sábado al Cervantes con la sucesora de la mítica Alicia Alonso, Viengsay Valdés, al frente

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

Alicia Alonso le recomendó que nunca dijera su edad en una entrevista. Una coquetería de los bailarines que Viengsay Valdés, una de sus discípulas más destacadas, mantiene en esta charla. Es solo uno de los muchos consejos que le dio la «heroína de la danza cubana», la fundadora del Ballet Nacional de Cuba, que estos días gira por España con parada en el Teatro Cervantes el 8 de junio. La primera bailarina acaba de recoger el testigo de su maestra asumiendo la subdirección artística de la compañía. A todos los efectos, Viengsay Valdés es la responsable máxima del ballet donde Alicia Alonso, a punto de cumplir los 99 años, permanece como directora a título simbólico. «Mantener el legado histórico de la compañía y todo lo que representa pertenecer a ella es una alta responsabilidad», asegura la artista.

De momento, pese al nuevo cargo, no piensa en bajar del escenario. «Bailaré todo lo posible. No dejaré de hacerlo porque me gusta y porque mi público me dice que siga bailando», apostilla. En Málaga lo hará este sábado en el rol principal de la 'Cenicienta' (20.00 horas), junto a Daniel Hernández, la producción con la que recorrerán el país durante dos meses. Un ballet basado en el cuento universal, apto para todos los públicos, con «muchos momentos de humor que se compaginan con la técnica académica clásica y el virtuosismo».

«Los personajes van creciendo a medida que van desarrollándose en la escena. Está muy bien dibujada toda la secuencia del cuento con una puesta en escena colorida», detalla. Un buen espectáculo, dice, para acercar a los niños y a los no iniciados al ballet a través de la popular historia de la Cenicienta. «Aunque no seas conocedor de la técnica, entiendes la historia y gusta», afirma.

Un total de 47 bailarines participan en este montaje, casi la mitad del más de centenar que componen el Ballet Nacional de Cuba. La otra parte actúa en estos momentos en La Habana. «Tenemos capacidad para que la compañía se divida en dos y ambas partes hagan funciones de gran nivel técnico», se enorgullece Valdés.

Por algo es uno de los grandes ballets internacionales, uno de los principales guardianes de la tradición romántica-clásica del repertorio (con 700 obras en su currículum) y Patrimonio Cultural de la Nación en Cuba. Una garantía de educación y prestigio al que todo padre de la Isla quiere «alistar» a su hijo. «Es tan popular el ballet allí que los padres ni se lo piensan, es algo que no sucede en otros países del mundo», explica Valdés.

Miles de niños ingresan en sus filas a los 9 años en las escuelas públicas de danza repartidas por toda Cuba. Cada curso tendrán que enfrentarse a una prueba de selección y solo continuarán la formación los mejores. Los elegidos pasarán los últimos tres años en la sede principal de La Habana, de donde saldrán los futuros bailarines del Ballet Nacional de Cuba. Para cuando lleguen a sus filas, habrán completado ocho años de intensos estudios.

Sacrificios

«En Cuba hay muchas expectativas sobre el ballet, aparecen bailarines a montones y la competencia es alta. Uno tiene que sacrificar muchas cosas desde la niñez y la adolescencia para tener un entrenamiento adecuado y un rendimiento alto«, reconoce Daniel Hernández, uno de esos niños que superó todas las pruebas hasta ser primer bailarín. Natural de Villa Clara, en la región central de Cuba, él salió de su casa con nueve años para comenzar su carrera artística.

Y, desde entonces, no ha dejado de prepararse para el escenario. «El bailarín de verdad se debe a estar buscando la perfección», añade Viengsay Valdés. El entrenamiento físico para hacer esas piruetas y saltos imposibles no cesa ni estando de gira, en los teatros que visitan o «incluso en la habitación del hotel». «El éxito de la función depende de eso, de practicar», apunta Hernández. Una entrega que no les pesa. «Si te gusta no sientes que renuncias a nada. Pocas personas tienen el privilegio de disfrutar y trabajar a la vez», dice Valdés.

Alicia Alonso marcó ese nivel de exigencia desde la creación de su ballet en 1948 y ahora lo asume Viengsay Valdés con el bagaje de haber aprendido de ella durante años. «Ella me ha dado muchos consejos artísticos sobre la forma de actuar, de interpretar ciertos personajes, de cómo transmitir; y de cómo comportarse, cómo vestir... Son muchos detalles los que ha aportado a mi carrera y que llevo conmigo para poder transmitirlos a otras generaciones», argumenta la nueva subdirectora. «Tener a Alicia Alonso cerca es estar bebiendo de las fuente, es una lección de cultura. Una persona maravillosa», aporta el primer bailarín. Ahora les toca a ellos conservar y ampliar su legado.