Del ejército más pequeño a la revolución más decisiva

El rey Luis XVI. /Museo del Prado
El rey Luis XVI. / Museo del Prado

Tal día como hoy nacía la Guardia Suiza Pontificia y moría Luis XVI

MARÍA TERESA LEZCANO

Tal día como hoy nacía la Guardia Suiza Pontificia, que es en la actualidad el ejército más pequeño del mundo, y moría Luis XVI, literalmente descabezado por la Revolución Francesa.

Guardia Suiza Pontificia 21-1-1506

El veintiuno de enero del año mil quinientos seis nacía, con la finalidad de velar por la seguridad del Papa y de la santa sede, el cuerpo militar de la Guardia Suiza, Custodes Helvetici en su iniciática versión latinizada, y en la actualidad el ejército más pequeño del mundo, con unos cien soldados entrenados, no sólo en procedimientos y manejo de armas modernas como el fusil de asalto SIG 550 que telescópicamente te mata un mosquito que mosqueaba con sus caricias picantes al último vecino de tu calle y las pistolas SIG SAUER P220 y P226 que cogen ese mismo mosquito y lo trocean en filetes finos, sino también en arcaicas tácticas de espadas y movimientos alabarderos a discreción. Si está usted pensando en postularse para la Guardia Suiza, lo primero que tiene que tener en cuenta es que habrá de endosar a modo de uniforme un traje inspirado en los frescos de Rafael, con sus calzas y sus polainas y su brillante bicoloridad rematada por un morrión con gran pluma roja.

Si además es usted varón, tiene entre diecinueve y treinta años y mide más de ciento setenta y cuatro centímetros, ya se puede empezar a plantear su futuro en los Custodes Helvetici. Eso sí, será sistemáticamente rechazado si no aporta irrefutables pruebas de soltería, de ser suizo por oficial ciudadanía y no por volitiva neutralidad, y de que su fe es lo suficientemente católica y arraigada como para, si la ocasión lo requiere o simplemente lo sugiere, dar la vida por el jefe, no el supremo celestial que al parecer no necesita de sus servicios sino su representante terrenal y mortal y por tanto susceptible de ser aéreamente volado por los aires por una bomba que usted tendrá a bien parar en propia y desinteresada evisceración... Quis custodies ipsos custodes?

Luis XVI de Francia 23/8/1754--21/1/1793

Doscientos ochenta y siete años después del nacimiento guardiosuizo, era literalmente descabezado por la Revolución Francesa Luis XVI, cuya real testa fue, primero limpiamente separada del tronco por el practiquísimo invento del ciudadano Guillotin y posteriormente clavada en una pica y paseada como un precioso trofeo por las parisinas calles predecimonónicas. Luis Augusto de Francia se convirtió en Luis XVI cuando su predecesor homónimo el decimoquinto fue vorazmente empustulado por una epidemia de viruela negra que pasaba por Versailles, y entre el momento en que María Antonieta y su cónyuge dinásticamente Capeto fueron coronados y el descabezamiento de ambos con nueve meses de diferencia, Luis XVI se inmiscuyó en la americana Guerra de Independencia parlamentando con Benjamin Franklin.

Intervino en la ídem de Sucesión Bávara en calidad de cuñado del aspirante al trono, y fecundó cuatro óvulos mariantonietescos que devinieron en sendos herederos dinásticos que nunca reinarían. Después al recién proclamado Tercer Estado se le hincharon las narices galas ante los feudales privilegios de la aristocracia y al campesinado los couillons por la subida de los cereales y del pan, y se lanzaron con entusiasmo a tomar la Bastilla, que no era sólo una fortaleza símbolo del absolutismo monárquico sino asimismo un punto estratégico del plan de represión de Luis XVI ya que sus cañones apuntaban a barrios obreros, y allí se lió la marimorena pero en versión original bastillesca y sin subtítulos y, cabeza de aristócrata va, testa de rey viene, los sublevados se sacudieron también la autoridad de la iglesia y de paso le sisaron los bienes anteriormente sisados por ésta y hasta el calendario gregoriano que fue sustituido por su equivalente republicano.

Ya aplebeyado como simple ciudadano Luis Capeto y declarado enemigo del estado, el otrora rey de Francia subió al cadalso en camisa de lino y el verdugo Sanson le cortó, primero la coleta y después la cabeza ya descoletada, mientras los espectadores bailaban alrededor de la guillotina y cantaban La Marsellesa a voz en cuello... Aux armes, citoyens.

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