Jim Dine, un artista entre herramientas y Pinochos en el Pompidou

Jim Dine posa con el catálogo de su exposición. /Migue Fernández
Jim Dine posa con el catálogo de su exposición. / Migue Fernández

Se crió en una ferretería y siempre le impactó la historia de la marioneta de madera. Dos fascinaciones que el pintor y escultor volcó en su arte y que ahora centran su exposición retrospectiva y autobiográfica

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

«Nunca he deseado nada más que un martillo», confiesa Jim Dine a sus 84 años. Se crió rodeado de las herramientas de la ferretería de sus abuelos (su madre murió cuando tenía once años) y los útiles de trabajo eran su mayor «objeto de deseo». Una fascinación que Jim Dine canalizó a través del arte convirtiendo en elementos de la obra todo tipo de artilugios de taller. Lo hace como metáfora «pero también como expresión del trabajo real». Así se entiende que en las salas del Centre Pompidou Málaga que le acogen hasta el 6 de octubre proliferen los martillos, las sierras, los destornilladores, los caballetes para serrar…

Las herramientas ocupan la primera parte de 'Jim Dine en la Colección del Centre Pompidou' y sirven de introducción al universo artístico y biográfico del pintor y escultor norteamericano, padre del 'happening' y uno de los nombres vivos imprescindibles del arte contemporáneo. Tras el encuentro informal con la prensa el día anterior, Jim Dine presentó la exposición con la formalidad de las grandes inauguraciones, acompañado por la directora del Centre Pompidou París, Julie Narbey, y el director del Museo d'Arte Moderno del Centre Pompidou París, Bernard Blistène. A esa institución hizo hace unos años la donación de las 30 piezas que se exhiben en Málaga a modo de «expresión autobiográfica» por casi 60 años de trayectoria, como explicó la comisaria Annalisa Rimaudo. 60 años, añadió Blistène, de «libertad». «Siempre se está apresurando para conseguir algo nuevo. El proceso de su trabajo y la coherencia tan sólida de su obra se reflejan en esta muestra», añadió.

El artista, en el centro, junto al alcalde de Málaga, la concejala de Cultura, la directora del Pompidou París, el director del Museo d'Arte Moderno de París, la comisaria y el director de la Agencia Pública que gestiona el museo.
El artista, en el centro, junto al alcalde de Málaga, la concejala de Cultura, la directora del Pompidou París, el director del Museo d'Arte Moderno de París, la comisaria y el director de la Agencia Pública que gestiona el museo. / Migue Fernández

Tras atravesar un poema escrito de su puño y letra en la pared (el que el día anterior no quiso hacer ante los ojos de la prensa), se llega a su visión del jardín de infancia ('A Thin Kindergarten Picture'), una colorida composición de cuadros sobre tijeras, brochas, palas y alicates. Es la entrada a su mundo. Él está siempre presente, como en esa pintura de la que cuelga su esmoquin frente a sus zapatos ('My tuxedo makes an impressive blunt edge to the light'). En el centro del espacio, un 'Hacha roja' se transforma en codiciada obra de arte contemporáneo. Los corazones se convierten en formas en las que albergar todos esos objetos cotidianos y cercanos, «son ubicaciones privilegiadas para el artista». Impacta su 'Nancy and I at Ithaca (Straw heart)', un gran corazón de paja que conduce hacia la siguiente parada en su creación: sus alter ego.

Descubrió el albornoz en las páginas del 'New York Times' en 1964 y desde entonces decidió identificarse con esta imagen, unas veces borrosa y otras fragmentada. 'The farmer' y 'Stephen hands path' lo demuestran. Es su representación masculina que él contrapone a su doble femenino a través de la Venus, a gran escala y decapitada. Muy potente es la imagen de las tres Venus de 'The Wind and Tools' donde se unen dos de sus motivos recurrentes: la diosa y las herramientas que se pegan a modo de brochazos a ellas, como en un violento ejercicio de 'action painting'.

Pero si algo sorprende al visitante por inesperado son sus Pinochos, tallas de madera con distintas expresiones, posturas y composiciones que simbolizan su otro yo. «Conozco su historia desde los 5 años. Son muchos años hasta la actualidad para tratar mis demonios y reflejarlos en esta obra», puntualizó el artista. En 'Pink Wash' concentra las diferentes fases del proceso creativo: la cabeza ya pintada de Pinocho se levanta sobre un pedestal de maderas tratadas en diferentes niveles hasta el tronco que sirve de base.

La tercera y última parte de la exposición resume la actividad de la artista, que llega a su máxima expresión en 'Sawhorse Piece', un gran caballete que se enriquece con los elementos que utiliza en su trabajo desde 1969 hasta ahora. «Hoy día tiene la riqueza de todo el polvo de los objetos que rodean al artista en su vida cotidiana», apuntó la comisaria. A su alrededor, se exhibe su obra más reciente, donde los motivos recurrentes desaparecen en beneficio de la expresión viva del color ('Glade of color', 'A child in winter sings').

Una exposición que supone «un reto, una oportunidad y una satisfacción», en palabras de José María Luna, director de la Agencia Pública para la Gestión de la Casa Natal de Pablo Ruiz Picasso y otros Equipamientos Museísticos y Culturales. Y una muestra que es, además, el resultado de la «magnífica cooperación» que existe entre la filial y la casa matriz en París, como resaltó Bernard Blistène, en presencia del alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, la concejala de Cultura, Noelia Losada, y patrocinadores como Obra Social la Caixa.