LOS DIARIOS PERDIDOS

MARÍA TERESA LEZCANO

Marguerite Duras utilizó para la escritura de 'El dolor' unos diarios que escribió en 1945, en las semanas anteriores y posteriores al regreso de su marido del campo de concentración de Dachau, cuando ya había dejado de amarle y había conocido a otro hombre pero no podía dejar de esperarle porque incluso en el desamor seguía manteniendo una férrea lealtad de compañera de vida. Esos diarios no serían encontrados por la autora hasta muchos años más tarde, de tal manera que ni siquiera los recordaba, «Cómo he podido escribir esa cosa a la que no sé dar un nombre y que me asusta cuando la releo (...) El dolor es una de las cosas más importantes de mi vida. La palabra 'escrito' no resulta adecuada. Me he encontrado ante páginas regularmente llenas de una letra pequeña extraordinariamente regular y serena. Me he encontrado ante un desorden fenomenal de pensamientos y sentimientos que no me he atrevido a tocar y comparado con el cual la literatura me ha avergonzado».

Se compone 'El dolor' de seis textos descarnados que auscultan los bajos fondos del sufrimiento humano: el primero, de título homónimo al conjunto de la obra, recupera los diarios perdidos, páginas de un impacto narrativo tan virulento como necesario - «Fuera de esta espera ya no hay existencia. Pasan más imágenes por nuestra cabeza que las que hay en las carreteras de Alemania. Ráfagas de metralleta a cada minuto en el interior de la cabeza. Y seguimos vivos, estas balas no matan. Fusilado en el camino. Muerto con el vientre vacío. Su hambre da vueltas en la cabeza, semejante a un buitre (...) Decirse: si ha muerto, arderé por entero. Nada puede disminuir la quemadura que causa su hambre» -.

Los cinco textos que siguen a los Diarios son experiencias que la autora ha querido diferenciar entre las historias totalmente reales y las, aun inspiradas en hechos acontecidos, más cerca de la recreación que de la crónica. En el primer caso se incluye «El señor X, aquí llamado Pierre Rabier», memoria de una situación aparentemente burocrática que en realidad imbrica todos los matices imaginables del miedo - «Rabier tenía miedo de sus colegas alemanes. Los alemanes tenían miedo de los alemanes. Rabier no sabía hasta qué extremo los alemanes daban miedo a las poblaciones de los países ocupados por sus ejércitos. Los alemanes daban miedo como los hunos, los lobos, los criminales, pero sobre todo los psicóticos del crimen. Nunca he encontrado el modo de decirlo, el modo de contar a los que no han vivido esa época la clase de miedo que era» -. Entre los textos no reales, al menos no según la plena acepción del adjetivo, se encuentra «Aurélia Paris» - «Es inventado. Es puro amour fou por la niña judía abandonada» -, descarnada cotidianidad de la guerra en su significado tanto más terrible cuanto que es narrada con una sencillez desprovista de todo artificio.

Originaria de Saigón, por esas fechas perteneciente a la Indochina francesa, Marguerite Duras (1914-1996), seudónimo de Marguerite Germaine Marie Donnadieu, exuda en su pensamiento y en la totalidad de su obra un mestizaje cultural siempre presente en la libérrima expresión de su voz narrativa, evolucionando de la influencia narrativa anglosajona de sus primeras novelas hacia las formas de nouveau roman, y siendo la propia vida de la escritora inspiración frecuente de otros narradores y de directores cinematográficos como Alain Resnais, quien dirigió el documental 'Hiroshima mon amour', basado en el libro homónimo de Duras. En cuanto respecta a 'El dolor', es una herida sin cauterizar que transita directamente del sufrimiento emisor al barbecho receptor. Libro apto para lectores de un grado de exigencia de 7,1 en la escala de Valente (del 0 al 9, aquí y en París).