DESPEDIDA DE FERNANDO CUADRI

BARQUERITO

Amitad del desfile empezaron a romper desde los altos del tendido 7 muy sentidas palmas que fueron al fin ovación cerrada. En el foco mismo del fuego desplegaron una pancarta de dimensiones fantásticas. En ella, junto al hierro y los colores de la divisa de Cuadri, un letrero en mayúsculas: «Don Fernando, gracias por todo». Pese a su modestia sin dobleces, el ganadero no tuvo más remedio que ponerse en pie y saludar. El pasado invierno anunció que este año iba a dejar la ganadería en manos de sus sobrinos. Esta de Madrid era, por tanto, la última de su larga carrera como criador de bravo. En su historial en las Ventas figura casi una docena de toros superlativos.

Con 602 kilos de promedio, la de ayer fue la corrida de mayor promedio de toda la feria. Pero solo el escaparate. Detrás, una manera muy agresiva de arrear de salida buscando por debajo de las telas, una tardanza impropia para atender al reclamo del caballo de pica, menos problemas de los habituales en banderillas y, en fin, un apagón general en la muleta con solo dos excepciones: un cuarto que tuvo más recorrido que los tres jugados por delante, y un quinto que tomó engaño por la mano izquierda, descolgó y a su manera correspondió a la entrega de López Chaves en una faena que fue la única de brillante viso de toda la tarde. Además de calma, seguridad y compostura, tuvo la virtud de ir a más. La faena no tuvo remate con la espada: dos estocadas, dos descabellos. El propio Chaves había resuelto sin ahogos los problemas de un segundo que, según término viejo, fue toro muy quedado. Rafaelillo, listo y diligente, ganó por la mano a los dos de su lote y los mató con acierto. Octavio Chacón toreaba su tercera tarde de San Isidro y su cuarta del año en las Ventas.